Valencia se pelea con sus propias obras

Se reaviva la polémica por la remodelación de los bulevares de Valencia La obra, con fondos del Plan E, ha costado más de 4 millones de euros

Una de las fuentes remodeladas criticadas por los vecinos en la gran vía de Fernando El Católico de Valencia, ayer a mediodía.
Una de las fuentes remodeladas criticadas por los vecinos en la gran vía de Fernando El Católico de Valencia, ayer a mediodía.CARLES FRANCESC

La remodelación de las grandes vías de Valencia, concluida hace apenas un mes, ha resultado ser uno de los proyectos más polémicos del Ayuntamiento en los últimos años. Desde que se presentaron las obras, asociaciones vecinales y entidades en apoyo al ciclismo urbano han criticado la obra por “innecesaria” o “insuficiente”. Ahora, la asociación de vecinos de Botànic abunda en el reproche al Gobierno local y denuncia que parte de los árboles que se han plantado sufren una plaga, que las fuentes “de diseño” que se han instalado sirven de pila a los toxicómanos y que hay un bar que ha montado sus mesas en el paso al jardín.

“Nuestro tramo está bien, no lo voy a negar”, explicaba ayer Manuel Carles, vicepresidente de la asociación del barrio de Botànic. “Lo que no tiene sentido son las fuentes esas que han puesto entre el colegio Jesús y María y la calle de Calixto III, que solo sirven para que los los grafiteros hagan sus pintadas ahí, los otros se laven su ropa... Es que no sirven para nada, ¿para qué sirven?”. A Botànic no le disgusta la remodelación en sí, sino algunas consecuencias concretas como el asunto de las fuentes. Expertos y demás entidades critican sin embargo todo el concepto.

Desde que empezaran las obras de remodelación, a principios de año, se han celebrado varias bicifestaciones en las grandes vías, un vial con forma de cuña que bordea la cara oeste del centro. Cientos de ciclistas, de manera pacífica, han reclamado la conversión de estas vías rápidas en calles amables para ellos y los viandantes. Pero no les han hecho demasiado caso. La remodelación era cosa del servicio de jardines y la Concejalía de Tráfico se desmarcó enseguida aduciendo que un carril bici en las grandes vías resultaba “inviable”: ni en el jardín central (por los continuos cruces); ni a los lados (por los peligros que entrañaría el tráfico para el ciclista). El colectivo Valencia en Bici y gran cantidad de expertos en urbanismo señalan que estas dificultades técnicas son salvables, pero que requieren un cambio de modelo. Joan Olmos, especialista en Urbanismo y profesor de la Universitat de València, explicaba por ejemplo que “tal como están planteadas, las grandes vías son de dudosa utilidad para el ciudadano”. “Sus bulevares centrales tendrían sentido si el tráfico fuese calmado, amable, así podrían funcionar como el antiguo cauce del río Turia o el paseo marítimo”, matizaba. Manuel Carles, de Botànic, apuntaba ayer algo parecido: “Un carril bici no cabe según están configuradas las grandes vías”.

Además del carril bici, la polémica ha rodeado estos meses las obras por otros motivos. Asociaciones de vecinos como la de Russafa no veían pertinente la remodelación. No entendían para qué gastarse más de cuatro millones de euros (dinero del Plan E) en poner bancos nuevos, cambiar los bordillos o adoquinar los lugares de paso de viandantes. También hubo contestación vecinal a la intención municipal de pavimentar todo el bulevar, históricamente de tierra prensada.

Los oposición política, por su parte, ha criticado la remodelación por insuficiente. La concejal socialista Isabel Dolz declaró hace unas semanas que las obras suponían una “oportunidad perdida” por el asunto del carril bici y que además solo había creado 125 puestos de trabajo. EUPV y Compromís, que no estaban en el Ayuntamiento representados cuando empezaron las obras, expresaron su rechazo al proyecto sobre todo por lo mismo: el carril bici y el coste.

Manuel Carles, de Botànic, se siente algo decepcionado. “Nosotros nunca hemos pedido ninguna estupidez, jamás. Solo cosas necesarias”. Explica que la asociación tiene la sensación de que “la sensibilidad del Ayuntamiento ha desaparecido”. “Hemos hablado con Ramón Isidro (concejal delegado de Jardines) pero nada”. Están disgustados. No les gusta la plaga de las moreras entre Calixto III y Ángel Guimerá —“los bichos se comen las hojas de tantos que hay”— ni que un bar haya instalado su terraza en el jardín. “No queremos que empiecen a aparecer y no se pueda pasar”, dijo.

Lo que más afecta es lo que sucede más cerca. Para no perderte nada, suscríbete.
Suscríbete

Sobre la firma

Pablo Ferri

Reportero en la oficina de Ciudad de México desde 2015. Cubre el área de interior, con atención a temas de violencia, seguridad, derechos humanos y justicia. También escribe de arqueología, antropología e historia. Ferri es autor de Narcoamérica (Tusquets, 2015) y La Tropa (Aguilar, 2019).

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS