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Coordinado por Fernando Casado

El Hospital de la Amistad y la celebración de la belleza arquitectónica bangladesí

Un centro sanitario construido por el estudio Kashef Chowdhury Urbana recibe el premio internacional RIBA 2021 por su mimetización con el medio ambiente y por ser un proyecto de la periferia rural

El 'Friendship Hospital', en Satkhira (Shyamnagar, Bangladés).
El 'Friendship Hospital', en Satkhira (Shyamnagar, Bangladés).Urbana

El Friendship Hospital (Hospital de la Amistad), construido por el estudio de arquitectura Kashef Chowdhury / Urbana en 2018, ha sido galardonado con el RIBA International Prize 2021. Seleccionado entre 16 proyectos finalistas, este edificio fue uno de los tres preseleccionados para el premio junto con otros dos proyectos: el James-Simon-Galerie, una galería de arte en la Isla de los Museos de Berlín, y Lille Langebro, un puente peatonal de 160 metros de largo en la capital danesa, Copenhague.

Lo relevante del Friendship Hospital es que este complejo se emplaza en una zona predominantemente rural, rodeado por grandes pesquerías de camarones. Está situado en el zila o distrito de Satkhira, en el sureste de Bangladés; un área que fue gravemente afectada por el ciclón Amphan hace poco más de dos años. La donación por parte de un filántropo local a la ONG Friendship permitió la creación de un predio hospitalario de 80 camas que, a día de hoy, se ha convertido en la mejor construcción de obra nueva del mundo.

Este hospital se inspira en la poderosa abstracción del paisaje ribereño de Bengala, y está completamente mimetizada con el entorno; es de bajo coste y se diseñó íntegramente para trabajar con los efectos palpables del cambio climático y la subida del agua del mar. En este caso, para resistir que el nivel del agua de las pesquerías no sobrepasase.

La arquitectura de Heringer trató de demostrar que se pueden construir estructuras grandes, altamente funcionales y bien diseñadas con materiales tradicionales y autóctonos

En este sentido, un canal en forma de zigzag atraviesa el emplazamiento recogiendo el agua de lluvia –ya que las aguas subterráneas siguen siendo inutilizables para la mayoría de los fines–, y a la vez, separa las alas de pacientes hospitalizados y los ambulatorios. De este modo, el agua no solo adquiere un atributo funcional, ya que ayuda al enfriamiento micro-climático, sino que añade un componente estético, proporcionando un alivio visual para paliar la ansiedad y la infelicidad relacionadas con la enfermedad. En cada extremo del canal hay dos tanques que retienen el agua cosechada para ser reutilizada. Particularmente en esta zona, este es un recurso muy valioso, puesto que no puede usarse para la mayoría de los propósitos prácticos.

Además, el hospital está construido con ladrillos de fabricación local donde distintos volúmenes se encuentran alrededor de un conjunto de patios que son los encargados de facilitar la ventilación y luz natural de todas las estancias. Es la continuidad visual lo que realza la belleza de este edificio.

El Friendship Hospital nos recuerda, en cierta manera, a la arquitectura promovida por Anna Heringer, quien fue reconocida por el diseño de la METI school en 2008, galardonada posteriormente con el Curry Stone Design Prize en 2009. Esta escuela fue construida en tan solo seis meses, en la aldea norteña de Rudrapur (Bangladés), y se levantó con mano de obra, en su mayoría, de residentes locales. El uso de arena, paja, arcilla, ladrillos procedentes de artesanos lugareños y bambú creó un precedente en la arquitectura occidental para entender que los materiales sostenibles y de baja tecnología son métodos alternativos a la construcción donde predominan el cemento y el acero. La arquitectura de Heringer trató de demostrar que se pueden crear estructuras grandes, altamente funcionales y bien diseñadas con materiales tradicionales y autóctonos, creando espacios llenos de significado donde el sentimiento de comunidad está arraigado con el diseño.

Y, de manera similar, el arquitecto Kashef Chowdhury ha logrado crear un edificio con las mismas bases. Fue el mismo arquitecto quien describió la decisión del jurado de honrar un proyecto de la “periferia global” en un momento tan crítico.

Tal y como Chowdhury mencionó en un comunicado de prensa al recibir el premio: “Me alienta que esto pueda inspirar a comprometernos más, no a pesar de, sino debido a las limitaciones de recursos y medios, con una arquitectura de cuidado tanto para la humanidad como para la naturaleza, para estar a la altura colectivamente de las urgencias que enfrentamos hoy a escala planetaria”.

Entre los retos de esta obra está buscar soluciones para paliar los principales retos mundiales críticos, como el acceso desigual a la asistencia sanitaria y el impacto aplastante de la degradación del clima, especialmente en las comunidades más vulnerables. Es una clara demostración de cómo puede lograrse una arquitectura sencilla, amable, sensible y elegante cuando se trabaja con un presupuesto relativamente modesto y con difíciles limitaciones contextuales. Este hospital es una celebración de una arquitectura dedicada a la gente.

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