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Coordinado por Fernando Casado

La alimentación industrializada pasa factura en África

La occidentalización de la dieta está enfermando a la población residente en ciudades del continente a golpe de azúcar refinado y productos procesados en detrimento de un menú africano tradicional

Dos mujeres compran en un mercado de Lagos, Nigeria, a mediados de 2020.
Dos mujeres compran en un mercado de Lagos, Nigeria, a mediados de 2020.TEMILADE ADELAJA (Reuters)

La seguridad alimentaria es un tema clave cuando tratamos los principales desafíos que vive el África contemporánea. También lo es la urbanización acelerada que vive el continente, ya que ha pasado de ser el menos urbanizado a vivir la expansión más acelerada del mundo. Sin embargo, hay pocos estudios e insuficiente abordaje de cómo la transformación socioeconómica que ha venido sufriendo en las últimas décadas está enfermando a parte del gigante africano. Y hay evidencias científicas que confirman como la transición nutricional y la occidentalización de las dietas están causando un incremento de la obesidad, la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares o ciertos tipos de cáncer, convirtiéndose en un problema de salud pública desafiante, especialmente para las áreas urbanas de África.

Uno de los principales retos al abordar la salud urbana africana tiene que ver con el incremento de supermercados y la disponibilidad y abastecimiento de productos procesados en sus estanterías. Si bien los alimentos agrícolas de pequeños agricultores habían supuesto hasta hace relativamente poco la principal fuente de nutrientes para la mayoría de africanos, hoy los envasados, industrializados, ultraprocesados o las bebidas azucaradas ya constituyen una proporción creciente.

Los residentes urbanos de la región subsahariana han pasado de una tradicional y saludable dieta de herencia africana con una base repleta de verduras de hoja verde, vegetales con diversidad de colores y hierbas aromáticas, a adoptar la clásica pirámide alimenticia occidental cuyos pilares son los carbohidratos refinados derivados del trigo, la soja o el maíz. En pocas décadas, las empresas multinacionales han desarrollado formas de procesar los alimentos muy rentables, y con precios muy asequibles. Así, sus productos –cargados de grasas saturadas, sal, azúcar y productos químicos– han pasado a formar parte de la dieta cotidiana. De esta manera, el impacto negativo ya palpable.

Dado que la urbanización del continente africano es imparable, la alimentación que se da en sus ciudades debería ser un debate en todas las agendas de desarrollo

Un estudio reciente llevado a cabo por el Centro de Investigación de la Clínica Kilimanjaro de Tanzania ha hallado que los tanzanos urbanos sufren un debilitamiento del sistema inmunológico. La investigación, de la que participan la universidad de Radboud en los Países Bajos y el Instituto LIMES de la Universidad de Bonn en Alemania, ha comprobado como los habitantes de áreas rurales muestran niveles más altos de flavonoides –un grupo de fitonutrientes esenciales que están presentes en frutas, verduras y especies– y otras sustancias antiinflamatorias en la sangre. En cambio, han encontrado que los residentes urbanos tienen niveles elevados de metabolitos, sustancias involucradas en el metabolismo de enfermedades como el colesterol.

Uno de los principales retos al abordar la salud urbana africana tiene que ver con el incremento de supermercados y la disponibilidad y abastecimiento de productos procesados en sus estanterías

La dieta rural tradicional de Tanzania es rica en cereales integrales, fibra, frutas y verduras, con altas cantidades de flavonoides, y según los investigadores este tipo de alimentación guarda una relación directa con un sistema inmunitario fuerte. Lamentablemente, los hábitos alimenticios más extendidos entre la población residente en áreas urbanas de este país de África del Este, se basan en un mayor consumo de grasas saturadas y procesados como puede ser la carne, aceite de palma o lácteos. Es decir, en una dieta pobre en fitonutrientes. Ese es el causante, según el estudio, de que las células inmunitarias de los habitantes de la ciudad de Moshi –donde se ha desarrollado el estudio– produzcan más proteínas inflamatorias, contribuyendo a un rápido aumento de enfermedades no transmisibles.

Dado que la urbanización del continente africano es imparable, la alimentación que se da en sus ciudades debería ser un debate en todas las agendas de desarrollo. Sin embargo, prácticamente no existen reglamentos que regulen la venta de productos poco saludables. Y si bien las cadenas deberían incluir una mayor información sobre los ingredientes de los que se componen sus productos en sus etiquetados, actualmente los problemas dietéticos tienen más que ver con la pobreza estructural que hace que la población pueda acceder solo a la comida más barata. La cuestión quizás estaría más en comprender por qué a un habitante de una ciudad africana le puede salir más barato comprar una salchicha en un puesto callejero que una ración de verdura en el mercado.

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