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Coordinado por Fernando Casado

La ciudad como puente hacia una sociedad digital

Teletrabajo, venta ‘online’, comunicación y entretenimiento virtual... La manera en la que vivimos está cambiando y las urbes tienen que transformarse para encajar en este nuevo paradigma

Una mujer asiática recibe unas botas que compró por Internet.
Una mujer asiática recibe unas botas que compró por Internet.Oscar Wong (Getty Images)

Los cambios en las ciudades casi siempre se han producido a consecuencia de las revoluciones sociales. Así ha sucedido en muchos casos, como en la medieval o (más actual) en la urbe surgida de la Revolución Industrial. Esto parece lógico, dadas las dificultades de hacer ensayos en urbanismo y a las naturales resistencias a cambiar hábitos y sistemas de vida muy condicionados por una organización determinada del espacio físico en el que vivimos. El momento actual es particularmente interesante porque todos los indicios nos llevan a pensar que se está produciendo otra mudanza más importante todavía que la industrial: la sociedad digital.

Algunos urbanistas, más o menos visionarios, como Peter Hall, ya lo plantearon hace algunos decenios en lo que se refiere, por ejemplo, al teletrabajo. Sin embargo, ha sido precisamente a raíz de la actual pandemia, cuando estas tendencias se han intensificado. De forma que se están produciendo cambios muy relevantes en este ámbito (sobre todo en los países más avanzados) que, de momento, no han tenido prácticamente ninguna repercusión en la forma en la que se construyen y organizan nuestras ciudades. Pero esta transformación en una disciplina tan conservadora como es el urbanismo siempre empieza por hacer preguntas e intentar responderlas.

Una parte importante de la organización de las metrópolis actuales se basa en la consideración de los desplazamientos residencia-trabajo. Desde la pandemia, el teletrabajo no solo se ha visto como una propuesta viable, sino deseable e, incluso, sostenible. Hasta tal punto que se ha aprobado en España el Real Decreto-ley 28/2020 del trabajo a distancia. Cabría preguntarse sobre las repercusiones que este cambio tiene sobre la forma de planificación. Son evidentes sobre la movilidad, pero también sobre otros elementos relacionados con las propuestas que se han hecho en otros lugares acerca de la ciudad de proximidad, también conocida como de “los 15 minutos”.

Se están produciendo cambios muy importantes que no han tenido prácticamente ninguna repercusión en la forma en la que se construyen y organizan nuestras ciudades

El comercio también se vería afectado. Ya se había producido un cierto desplazamiento de las pautas comerciales del negocio de proximidad a los grandes hipermercados. Pero, ahora mismo, se empieza a imponer el de distancia, mediante la venta por Internet. Esto cambia de manera radical muchas cosas. Se necesitan espacios que atiendan a una logística diferente a la de distribución a los grandes centros comerciales y al pequeño comercio y también se modifica la accesibilidad domiciliaria. Por tanto, el cibercomercio no solo afecta a la movilidad sino a otros elementos del proyecto y la planificación urbana.

Claro que las compras a distancia no se refieren tan solo a los productos electrónicos o alimentos no perecederos, sino que se están ampliando al sistema tradicional de hacer la compra, incluso se extienden a la actividad de hacer la comida. De forma que empiezan a proliferar las llamadas cocinas fantasma, que han cogido desprevenidas a las ordenanzas urbanísticas, creando problemas a los residentes próximos. Los retos son muchos y el tiempo para plantear modificaciones en la organización urbana (y mucho menos en su estructura física) apremia. Ahora mismo los propios comerciantes se empiezan a poner de acuerdo juntándose en plataformas de venta a distancia intentando emular a grandes firmas como Amazon, Alibaba o Zalando.

Ya hace muchos años que en España existe la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), encargada de abrir brecha en el sector educativo. Pero ahora mismo ya no existen exclusivamente universidades públicas y privadas con educación a distancia, sino también Formación Profesional y otros tipos de cursos no reglados.

Incluso algunas universidades se empiezan a plantear, exista o no pandemia, la posibilidad de una formación mixta: presencial y virtual. Los actos académicos también están dando un giro de 180 grados. Jornadas, congresos, simposios, lectura de tesis doctorales… Ya se empiezan a llevar a cabo habitualmente de forma no presencial o semipresencial. El caso de la educación es particularmente importante porque la planificación urbana en muchos casos ha partido precisamente del ámbito educativo para ordenar la estructura física. Así, la escuela se ha considerado casi siempre el centro de toda unidad vecinal, aunque la llamada libertad de elección de centro haya distorsionado el modelo.

Por otro lado, el entretenimiento se ha desplazado al hogar y la pantalla de televisión se ha convertido en su centro. Ya no solo la televisión tradicional, sino los contenidos en streaming, tanto películas como obras de teatro o conciertos, están sustituyendo en parte a este tipo de acontecimientos. Así, el declive en las salas de proyección cinematográficas se acompaña de un descenso considerable en los espectadores de ocio en directo que ya casi únicamente pueden subsistir en grandes capitales. Pero es que hasta las relaciones sociales han cambiado de forma muy importante: WhatsApp, Telegram, Facebook, Twitter, Instagram… Ya se empieza a hablar de etnografía virtual frente a antropológica.

Hitos tan importantes deberían ya de estar empezando a suscitar preguntas acerca de cómo repercuten en la organización y construcción física de la ciudad y el territorio. Porque también afectan al ámbito rural. En relación con muchos de los elementos mencionados, vivir en una urbe ha dejado de ser imprescindible. Aunque, de vez en cuando, será necesario acudir a la capital, particularmente para temas de salud (pero también empiezan a proliferar las consultas a distancia) y de educación. En muchos casos, además, será necesario evaluar la sostenibilidad de los nuevos hábitos: ¿qué es más ecológico, ir a comprar o que venga la compra a tu domicilio? De cualquier forma, probablemente estemos en vísperas de ver un modelo distinto al actual, que es todavía el resultado de la Revolución Industrial. La sociedad digital necesita una metrópolis adaptada al nuevo contexto.

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