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Coordinado por Fernando Casado

Barcelona, nominada centro global de la resiliencia urbana

Además de la capital catalana, Manchester, Helsingborg y Milán han sido las primeras cuatro ciudades europeas clasificadas como ejes mundiales para la reducción de desastres y efectos del cambio climático

Turistas y vecinos de Barcelona acuden a los bunkers de las baterías del Carmelo para presenciar las vistas de Barcelona durante el atardecer.
Turistas y vecinos de Barcelona acuden a los bunkers de las baterías del Carmelo para presenciar las vistas de Barcelona durante el atardecer.MASSIMILIANO MINOCRI

La iniciativa Making Cities Resilient 2030 ha seleccionado a Barcelona como centro de resiliencia global por su trabajo de políticas y promoción para abordar los crecientes riesgos climáticos y de desastres. Conjuntamente con otras tres ciudades europeas, Manchester, Helsingborg y Milán, las cuatro nominadas cumplirán un mandato de tres años trabajando para mejorar la colaboración entre sí e inspirar a otras comunidades a manejar mejor el cambio climático.

Los centros de resiliencia forman parte de la iniciativa Desarrollando Ciudades Resilientes 2030 (MCR2030), que la impulsa localmente a través de la incidencia política, el intercambio de conocimientos y experiencias, y el establecimiento de redes de aprendizaje entre urbes. También aspira a fortalecer las capacidades técnicas, conecta múltiples niveles de gobierno y promueve alianzas estratégicas entre los principales actores de la sociedad para responder a los retos que afectan a la ciudad.

La idea surgió para dar respuesta a los crecientes riesgos de desastres derivados de los efectos del cambio climático u otras situaciones como la pandemia. El enfoque de la reducción de los riesgos que amenazan a las ciudades defiende que ya no se puede responder a las amenazas de forma aislada o delegar la responsabilidad a las entidades de respuesta o prestación de servicios. La participación de los organismos de planificación local, con una representación multisectorial que involucre a todas las partes interesadas es fundamental para lograr soluciones sostenibles a dichos retos.

“Estos espacios ejemplifican el potencial de las metrópolis para liderar la reducción del riesgo de desastres y ayudar a construir un mundo más resiliente”, comenta Mami Mizutori, representante especial del Secretario General para la Reducción del Riesgo de Desastres y jefa de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, el UNDRR. “Las que hemos nominado son ciudades que han demostrado los resultados de integrar sistemas de gestión de resiliencia en su proceso de toma. Son perfectas para que otras repliquen con el ejemplo”.

Barcelona se ha consolidado como centro de cooperación mundial en materia de resiliencia urbana, sirviendo de mentor a los responsables políticos de Túnez, Bogotá y Ciudad de Gaza

Mizutori apremia que Barcelona se haya consolidado como centro de cooperación mundial en materia de adaptación urbana, sirviendo de mentor a los responsables políticos de Túnez, Bogotá y Gaza.

“El proceso ha sido largo, con mucho aprendizaje y aplicando procesos de mejora continua constantemente,” comenta Ares Gabàs Masip, responsable del Departamento de Resiliencia del Ayuntamiento de Barcelona. “Una de las primeras alarmas que estallaron sobre la necesidad de instalar un sistema integral fue la gran sequía que sufrió Barcelona en el 2008, que obligó a traer por primera vez agua a la ciudad en barcos-cisternas”.

Gabàs recuerda como en esa época de escasez de agua, llegó el gran apagón, que dejó a la ciudad tres días sin electricidad sumida en un caos colosal. Y luego se sumaron los problemas ferroviarios y la crisis con los trenes de cercanías.

“Ante todos esos frentes abiertos, el entonces alcalde, Jordi Hereu, propuso gestionarlos desde la raíz”, comenta Gabàs; “y planteó crear un sistema integral ante las diversas complejidades que la amenazaban. Se buscaron ejemplos en otras ciudades, pero al no encontrar nada que pudiera replicarse, se optó por realizar un diagnóstico de procesos y crear un sistema propio de gestión, con mucha participación de todos los actores implicados de la sociedad”.

De hecho, en 2013 ONU-Habitat ya instituyó el Programa Mundial de Resiliencia Urbana y el Urban Resilience Hub en el Recinto Modernista de Sant Pau en Barcelona, convirtiéndose así en la única ciudad del mundo que acoge un programa fuera de su sede central en Nairobi.

“Nos encontramos en un momento crucial en el que la aceleración de las acciones para hacer frente a la emergencia climática y la desigualdad es una urgencia”, comenta Rosa Surinach, coordinadora de alianzas e incidencia política del programa global de Ciudades Resilientes de ONU-Habitat desde Barcelona. “Sabemos que las urbes tienen una gran capacidad transformadora para el desarrollo global, por lo que replicar y escalar prácticas que fortalezcan la capacidad de adaptación urbana es una forma necesaria de aceleración. Este es el caso de Barcelona”.

Surinach recuerda que este aspecto de colaboración entre ciudades es precisamente lo que significa la Década de la Acción de Naciones Unidas: crear alianzas sólidas entre distintos actores para acelerar la acción de transformación. “La ciudad condal ya es reconocida como líder internacional en la construcción de resiliencia y, como tal, pretendemos seguir fomentando las colaboraciones entre otras”, comentó la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.

Colau, que ha sido recientemente nominada vicepresidenta para Europa del C40, organización que agrupa a casi un centenar de grandes urbes aliadas contra el cambio climático, hizo un llamamiento para combatir la emergencia climática. Enfatizó que el reto que asume Barcelona es lograr ciudades innovadoras y valientes, que protejan a los vecinos y conviertan los núcleos urbanos en espacios de vida.

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