Economía Circular
Tribuna
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Por qué no es posible cuidar del planeta sin proteger a las trabajadoras textiles

Contemplar el impacto social que el nuevo modelo de reciclaje textil trae consigo es fundamental para minimizar los daños ambientales de la industria y mejorar la calidad de vida de sus trabajadores

Varios trabajadores clasifican la ropa de segunda mano en una fábrica de reciclaje textil el 15 de julio de 2022 en la ciudad de New Taipei, Taiwán.
Varios trabajadores clasifican la ropa de segunda mano en una fábrica de reciclaje textil el 15 de julio de 2022 en la ciudad de New Taipei, Taiwán.ANNABELLE CHIH (Getty Images)

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra y parece que nos empeñamos en demostrarlo cada vez que podemos.

La industria de la moda, desde la producción del tejido hasta su uso, es la segunda más contaminante del mundo después de la del petróleo. También es la segunda que más empleo proporciona después de la agricultura, con un 9,3% de la población del planeta. Muchas veces no en las mejores condiciones.

Los problemas medioambientales van desde la sobreexplotación de los recursos como el agua, hasta la contaminación del suelo y emisiones de gases de efecto invernadero. Además, el vertido indiscriminado de tintes y otros tóxicos y la liberación de microfibras durante el lavado contaminan el agua. Así, más de un millón de toneladas de desechos llegan cada año de los vertederos textiles, contaminando el suelo y emanando gases a la atmósfera.

En la actualidad, una gran cantidad de recursos y esfuerzos se destinan a desarrollar una industria del reciclaje textil que minimice todos estos daños. Y aunque se han conseguido grandes avances, esta labor ha generado un impacto social negativo en los trabajadores. Entonces, cabe preguntar: si estamos generando una industria prácticamente nueva, ¿no podíamos tomar en cuenta su impacto social?

Si se va a considerar a la economía circular como un modelo a seguir, las empresas y los responsables políticos deben contemplar su impacto social

La ciudad de Panipat, en la India, se ha convertido en el centro para el sector del reciclaje del país. Este emplea actualmente a unas 20.000 personas, y genera más de 62 millones de euros en ingresos anuales. Pero si bien Panipat puede ayudar a gestionar los desechos del planeta, su impacto social deja mucho que desear.

Según el estudio El Impacto social de la economía circular en la cadena de valor textil, la industria del reciclaje de tres países: India, España y Holanda, parece seguir la estructura lineal del sector de la moda en términos de comportamientos y prácticas. En esta se siguen reproduciendo los mismos desequilibrios y desigualdades sociales que vemos en toda la cadena hoy.

A pesar de ser la columna vertebral de la cadena de valor del reciclaje en la India, los trabajadores/recicladores de residuos textiles suelen estar desorganizados, sin derechos, ni voz, y en su mayoría son pobres. Además, desarrollan sus labores con un alto nivel de informalidad y formas de empleo no reguladas. “La mayoría de estas empresas funcionan en condiciones de explotación. Los empleados se ven obligados a subsistir con salarios bajísimos y a desempeñarse en un entorno plagado de graves riesgos laborales. Asimismo, es común el uso de mano de obra infantil”, registra el documento.

Una vez más, la dimensión social se ha definido principalmente por la cantidad de puestos de trabajo creados, sin considerar el tipo de trabajo, su calidad o los potenciales impactos entre diferentes tipos de asalariados.

El estudio aborda el impacto en la sociedad de las diferentes estrategias circulares implementadas en este sector y desarrolla un marco novedoso de evaluación: la flor SIAF-CE⚥, en donde cada capa de pétalos representa una dimensión social y cada uno de ellos representa un indicador.

La Flor SIAF-CE⚥, es herramienta que permite delimitar los impactos sociales de las estrategias de economía circular en la industria de la producción textil.
La Flor SIAF-CE⚥, es herramienta que permite delimitar los impactos sociales de las estrategias de economía circular en la industria de la producción textil.Lis Suárez-Visbal

Este es un primer intento de generar un marco de evaluación del impacto social para la circularidad, incluyendo las perspectivas de los trabajadores desde cuestiones como la desigualdad de género, la inclusión y la transición justa. La herramienta mide 15 indicadores compuestos y trabaja sobre las dimensiones de la calidad del trabajo (naranja), el bienestar y medios de vida (rosa) y la igualdad de género e inclusión (morado).

El objetivo de esta herramienta es documentar y monitorizar el desarrollo de diferentes trabajos circulares e identificar medidas para mejorar la calidad de vida de los trabajadores en este sector. Todo esto se lleva a cabo a través de un proceso de recopilación de datos de los trabajadores desglosados por género.

Con una muestra de más de 100 trabajadores encuestados y 40 gerentes entrevistados en India, se ha determinado el impacto social que cada uno de los eslabones de la cadena de valor del reciclaje tiene sobre estas personas. Entre sus conclusiones destacan que las condiciones laborales de las mujeres trabajadoras de este sector es significativamente peor que las de sus homólogos masculinos para el mismo puesto.

La informalidad es críticamente alta para los trabajadores de reparación y reventa donde el nivel de informalidad y los bajos ingresos son recurrentes, así como el menor acceso a activos financieros. De esta manera, el informe es capaz de identificar a los grupos más vulnerables, siendo las más expuestas las trabajadoras migrantes informales activas en la reventa y el reciclaje.

Estos hallazgos muestran la necesidad de una transición justa e inclusiva hacia la economía circular. Si se va a considerar a este nuevo modelo económico y social como un referente a seguir, las empresas y los responsables políticos deben trabajar de la mano para establecer una definición del impacto social que esto genera.

Aplicar el marco que propone el informe es un primer paso y una oportunidad para no volver a cometer las mismas injusticias que nos llevaron, no hace tanto, al desastre y vergüenza del hundimiento del Rana Plaza.

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