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“Me parece aterrador ver hasta qué punto la extrema derecha está presionando contra el feminismo”

La sudafricana Lauren Beukes presenta su última obra traducida al español, ‘Bridge’, y reivindica la denuncia y la lucha por la igualdad desde la literatura

La escritora sudafricana Lauren Beukes en Los Llanos de Aridane, Tenerife.
La escritora sudafricana Lauren Beukes, en la calle principal de Los Llanos de Aridane, Tenerife, el pasado 21 de enero.Ángeles Jurado
Ángeles Jurado

Lauren Beukes (Johanesburgo, 47 años) presentó su última novela traducida al español, Bridge, en el festival de literatura Aridane Criminal, celebrado en enero en La Palma. La maternidad, el feminismo o la violencia contra las mujeres son temas recurrentes en sus textos, creados desde la visión del mundo sudafricana pero situados, en muchas ocasiones y por puro sentido comercial, en Estados Unidos.

Beukes concede una entrevista sentada en la terraza de un bar en Los Llanos de Aridane, inmersa en una nube de estupor feliz propiciada por el sol. Con el pelo teñido de rosa resplandeciendo bajo los rayos del astro rey, un traje floreado y las gafas de sol caladas, habla de cómo influyen en su obra el ser mujer y sudafricana, de su reciente diagnóstico de trastorno de déficit de atención y de la mudanza hace dos años, desde su Sudáfrica natal (donde se reconocía su obra y era un personaje mediático) a un Londres donde se siente una principiante permanente.

Pregunta. ¿Cómo definiría su obra?

Respuesta. Soy una novelista sudafricana. Crecí en Sudáfrica y vivo en Londres desde hace dos años. Creo que escribo thrillers literarios conceptuales. Me gusta escribir sobre temas sociales, sobre feminismo, racismo, pobreza y violencia, a través de esta lente. Tal vez se trata de un asesino en serie que viaja en el tiempo o de un mundo donde los criminales tienen animales mágicos, o de alguien que está creando monstruos extraños. O de un viaje a través del multiverso para tratar de reparar tu relación con los padres.

P. ¿Cómo se refleja el hecho de ser mujer en su obra?

R. La experiencia femenina es una experiencia vulnerable. Especialmente, cuando has crecido en un país donde la violencia contra las mujeres es muy frecuente. Ahora mismo me parece aterrador ver hasta qué punto la extrema derecha está presionando contra el feminismo y cómo gente como Jordan Peterson, Andrew Tate o Brett Kavanaugh están lavando el cerebro a los jóvenes. También quiero añadir que creo firmemente en los derechos de las mujeres trans. Opino que la lucha deba ser interseccional. No deberíamos decir qué es una mujer y qué no es una mujer. Pero sí cómo crecer siendo mujer, siendo vulnerable y consciente de los problemas sociales, al mismo tiempo que eres consciente de tu propio poder. Y conscinte de cómo a otras personas no les gusta ese poder.

La experiencia femenina es una experiencia vulnerable

P. ¿Cómo influye Sudáfrica en lo que escribe?

R. Crecí bajo el apartheid, en un Estado muy racista, muy violento. Teníamos un programa de armas químicas, como el de Mengele, en el que se intentaba dejar estériles o infértiles a las personas negras, usando veneno. Había unidades de tortura para asesinar a jóvenes activistas de 18, 20 años, y que sus cuerpos desaparecieran. Pienso en lugares como Argentina y España... pero lo de Sudáfrica es muy reciente, muy duro, y yo lo viví. Creo que eso me ha hecho muy consciente de los problemas sociales. Mis padres no eran activistas antiapartheid ni nada por el estilo, pero estaban muy implicados en la justicia social, ayudando en [la ONG] Habitat for Humanity. Tengo un hermano negro. No es mi hermano biológico real, pero creció con nosotros. Así que soy muy consciente de las cuestiones sociales y muy consciente de la raza. Sudáfrica es un lugar con muchos problemas sociales, debido al colonialismo, al apartheid, a un Gobierno corrupto que duró unos 10 años, aunque muchos países también tienen gobiernos corruptos... Así que soy muy consciente de cómo los medios de comunicación pueden ser censurados, los libros pueden ser prohibidos: vi cómo todo eso ocurría en Sudáfrica.

P. También ha mencionado su reciente diagnóstico de trastorno de déficit de atención (TDA) como algo importante en su trabajo.

R. Me gusta hablar de ello. Solo descubrí que lo tenía porque otro amigo mío no paraba de hablar de ello y publicar cosas en Facebook. Yo me decía: “Eso suena como yo, eso suena como yo...” Así que le pedí consejo y luego fui a ver a su médico. La mayoría de las mujeres están infradiagnosticadas porque se presenta de forma diferente.En el caso de las chicas y las mujeres, se trata mucho más de ansiedad y depresión. Es una especie de rueda que gira dentro de tu propia cabeza. . Mi psiquiatra me dijo que muchas mujeres no son diagnosticadas hasta que se produce un cambio importante en su vida: un divorcio, un hijo, perder a un padre. Mudarse de país, como hice yo.

También está relacionado con las hormonas, así que si tienes TDA puede que sea peor durante el periodo. Y si estás en la perimenopausia y tu estrógeno baja, toda tu vida se desmorona. La gente dice: “Nunca pensé que tuvieras TDA porque eres fuerte y escribes muchos libros y haces todas esas cosas”. Y yo digo: “Sí, pero me estaba desmoronando”. Creo que [el TDA] me da esa curiosidad de urraca y mucho interés en un montón de cosas diferentes. Creo que por eso combino distintos géneros. Así es como funciona mi cerebro y lo considero un superpoder.

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Sobre la firma

Ángeles Jurado
Escritora y periodista, parte del equipo de comunicación de Casa África. Coordinadora de 'Doce relatos urbanos', traduce autores africanos (cuentos de Nii Ayikwei Parkes y Edwige Dro y la novela Camarada Papá, de Armand Gauz, con Pedro Suárez) y prologa novelas de autoras africanas (Amanecía, de Fatou Keita, y Nubes de lluvia, de Bessie Head).
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