Tribuna
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La intersección entre arte y ciencia en el mundo post-pandémico

En América Latina y el Caribe se ha estudiado el valor de la creatividad. Y si hay algo que muestra el mapeo de iniciativas es que las mejores ideas surgen de la colaboración y el intercambio: cuando las disciplinas se desbordan, las fronteras se borran y se enciende la chispa de la innovación

ActionVance (Unsplash)

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El pasado diciembre, la ciudad de Barcelona anunció la creación de su Hub de Arte, Ciencia y Tecnología (Artech Hub), una iniciativa promovida por una alianza de nueve instituciones públicas y privadas para propiciar la relación transversal de los ámbitos artísticos y científico-técnicos. Este proyecto nace con el objetivo de convertirse en un referente global en el fomento de la colaboración entre agentes que no siempre se sientan en la misma mesa: artistas, tecnólogos y científicos trabajando en conjunto. ¿Cómo se podría beneficiar de esta intersección de disciplinas una región con tanto potencial como América Latina y el Caribe?

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En la región se ha estudiado el valor de la creatividad y la denominada economía naranja y cómo los creadores y emprendedores de América Latina y el Caribe aportan al PIB de sus países. Y si hay algo que muestra el mapeo de iniciativas creativas es que las mejores ideas surgen de la colaboración y el intercambio: cuando las disciplinas se desbordan, las fronteras se borran y se enciende la chispa de la innovación.

Un ejemplo de lo que suponen estas intersecciones es el caso de la carrera de la artista multidisciplinar chilena Nicole L’Huillier. En 2019 viajó al Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) en el marco del programa Arts at CERN, que estimula el diálogo entre físicos y artistas para expandir los límites de la investigación científica. Durante tres semanas, L’Huillier se dejó fascinar por colisionadores, aceleradores de partículas y detectores. Después se trasladó a los observatorios astronómicos ALMA y Paranal, en el desierto de Atacama (Chile). A partir de estas experiencias, creó El Poema de la Fábrica Cósmica, una instalación sonora recientemente reconocida con el premio Harold and Arlene Schnitzer del prestigioso MIT Media Lab de Boston. “Cuando se mezclan el arte y la ciencia, ambos mundos se rompen y, en esa ruptura, encuentran algo nuevo”, afirma L’Huillier. La apuesta es abrir nuevos caminos y promover la curiosidad y la creatividad.

En 2018, un artista mexicano fue el primero en enviar una obra de arte interactiva al espacio exterior, en una misión conjunta de la Agencia Espacial Europea, la NASA y SpaceX. Su creador, el visionario Nahum, combina la práctica artística con formación en ingeniería y dos años de entrenamiento de astronauta. Es también el fundador del instituto Kósmica, una iniciativa que aporta una visión crítica y cultural a la exploración del cosmos. En sus proyectos trabajan científicos, miembros de la industria espacial y artistas, en un proceso que busca introducir nuevas perspectivas. Según sus propias palabras, “en la relación con los científicos, al principio siempre se produce una pequeña disrupción, pues piensan que vamos a ilustrar o crear algo. Pero nuestro papel es provocar, generar preguntas y pensar diferente. En seguida se produce la conexión”.

En 2018, un artista mexicano fue el primero en enviar una obra de arte interactiva al espacio exterior, en una misión conjunta de la Agencia Espacial Europea, la NASA y SpaceX

Nahum o Nicole L’Huillier han logrado transcender la escena artística para poner sus trabajos en diálogo con las voces científicas más respetadas del planeta. Para fomentar esta mirada interdisciplinaria y hacerla extensiva a las nuevas generaciones, resulta fundamental una reinvención de la educación en la que se disipen las fronteras entre la formación científica y el arte. En esta línea se inscriben las metodologías STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, artes y matemáticas, por sus siglas en inglés), que buscan desarrollar las habilidades del siglo XXI.

En el barrio de Barranco de Lima, encontramos otro buen ejemplo. Desde su creación en 2011, la Universidad de Ingeniería y Tecnología (UTEC) incluye de forma obligatoria cursos y talleres de arte y humanidades que alimentan el pensamiento crítico de sus estudiantes de ingeniería y les invitan a desatar su creatividad. Hasta hoy se han egresado 220 ingenieros e ingenieras de esta joven universidad. Todavía es pronto para valorar el impacto a medio plazo de su visión educativa disruptiva, pero los efectos ya comienzan a notarse. “Ya descubres en los estudiantes un pensamiento crítico, influenciado sin duda por el arte ―apunta Giancarlo Marcone, director académico de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de UTEC―. La medición que hacemos entre empleadores es que les gusta este espíritu crítico. El arte obliga a nuestros ingenieros a romper algunos límites. El arte irrumpe y causa un gran efecto”. Un efecto que tiene un gran potencial transformador si se explora en toda su magnitud y que podría resultar clave en la empleabilidad de las futuras generaciones y que estamos dando a conocer a través de Región Naranja. En el último episodio de este podcast del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se desvela cómo la confluencia entre arte y ciencia puede ser una oportunidad para la región latinoamericana y caribeña.

Xavier Ruiz y Manuela Reyes trabajan en la Unidad de Creatividad y Cultura del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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