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Tribuna
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¿Podrá una inversión en la naturaleza salvarnos de nosotros mismos?

La destrucción de los bosques y otros hábitats está provocando el declive más acelerado de la biodiversidad de la historia. Es el momento de financiar la protección del planeta

Un activista de Extinction Rebellion entre las ramas de un árbol en Euston Square Gardens protesta contra el ferrocarril de alta velocidad HS2, en Londres, el 28 de enero de 2021.
Un activista de Extinction Rebellion entre las ramas de un árbol en Euston Square Gardens protesta contra el ferrocarril de alta velocidad HS2, en Londres, el 28 de enero de 2021.TOBY MELVILLE (Reuters)

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La naturaleza es el activo más importante de la humanidad. Nos proporciona recursos para la medicina moderna, el aire que respiramos, la comida que ponemos en nuestras mesas y, en cierta medida, todas las actividades económicas también dependen de ella. Las estimaciones sugieren que unos 44 billones de dólares dependen de la naturaleza, es decir, más de la mitad del PIB de la economía mundial.

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También hemos visto cuándo los seres humanos y la naturaleza pueden entrar en conflicto. Las enfermedades zoonóticas, como el coronavirus, pueden desencadenar costos devastadores para la vida humana, el empleo y nuestras economías. La economía mundial se contrajo aproximadamente un 3,5% en 2020 debido a la covid-19. En América Latina y el Caribe, las estimaciones son del 7,4%, lo que la convierte en la región más afectada del mundo.

A pesar del valor de la naturaleza en todos los aspectos de nuestros medios de vida, cultura y bienestar, la destrucción de los bosques y otros hábitats está provocando el declive más rápido de la biodiversidad que en cualquier otro momento de la historia. No se ha alcanzado ninguno de los 20 objetivos de las metas de Aichi del Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica establecidas en 2010, y alrededor de un millón de especies están bajo amenaza de extinción. Nuestra destrucción de los sistemas naturales y el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero podrían amenazar el objetivo del Acuerdo de París de limitar el calentamiento global a 1,5 grados Celsius.

El pasado 2 de febrero, el profesor Sir Partha Dasgupta, bajo la comisión del gobierno del Reino Unido, presentó un reporte independiente sobre la economía de la biodiversidad. Como primero en su tipo, el informe exige un cambio urgente y transformador en la manera en que pensamos, actuamos y medimos el éxito económico para proteger y mejorar el mundo natural. El informe Dasgupta señala que, hasta ahora, nuestros sistemas y procesos de toma de decisiones no han logrado reflejar cómo la economía global está arraigada en la naturaleza. Así, argumenta que debemos cambiar fundamentalmente la forma en que enfocamos la economía si queremos revertir la pérdida de biodiversidad, proteger y mejorar nuestra prosperidad y, además, prevenir el colapso climático.

América Latina y el Caribe es la superpotencia mundial de la biodiversidad y el informe es un llamado a la acción. La región alberga alrededor del 40% de la biodiversidad mundial y el 50% de sus bosques tropicales. Estos servicios ecosistémicos generan un valor de más de 15 billones de dólares por año a través de la protección costera de las ciudades, el agua potable, los insumos agrícolas, el control de la erosión y la filtración del aire. Los sistemas naturales también sustentan los medios de vida y las culturas de millones de personas, que se ven especialmente afectadas por la pandemia.

Las soluciones basadas en la naturaleza y la biodiversidad, como la restauración de los manglares para proteger las costas, reciben escasos recursos

El Informe Dasgupta deja en claro que el sistema financiero mundial tiene que desempeñar un papel transformador. Necesitamos que los agentes financieros, tanto públicos como privados, desempeñen un papel más importante a la hora de garantizar los flujos financieros hacia la mejora de los activos naturales y el consumo sostenible, en lugar de lo contrario. Esto también involucrará a empresas e instituciones financieras que hagan más para medir y divulgar los impactos de sus actividades en la naturaleza y cuán dependientes son de los servicios ecosistémicos.

Hasta la fecha, las soluciones basadas en la naturaleza y la biodiversidad, como la restauración de los manglares para proteger las costas, reciben escasos recursos. Las estimaciones sugieren que el financiamiento para la conservación y restauración de la biodiversidad global deberá aumentar sustancialmente de alrededor de 120.000 millones de dólares por año actualmente gastados a entre 722.000 y 967.000 millones de dólares por año durante los próximos diez años.

Para alcanzar estos objetivos de financiación, necesitamos incorporar soluciones basadas en la naturaleza en todos los procesos gubernamentales. Los ministerios de finanzas pueden encabezar este esfuerzo de integración trabajando de manera coordinada con los otros ministerios. Es inminente determinar, en la fase inicial del proceso de toma de decisiones y de presupuesto, dónde las soluciones basadas en la naturaleza pueden brindar oportunidades para cumplir con las prioridades nacionales de crecimiento, recuperación y los objetivos climáticos y de biodiversidad. Esto requiere desarrollar propuestas de valor que resuenen con los ministerios sectoriales para que los recursos presupuestarios que normalmente no se destinan a la naturaleza puedan alinearse adecuadamente. Asimismo, requiere desarrollar herramientas concretas para facilitar esta integración. La toma de decisiones creíble requiere datos creíbles.

Pero en un período de considerables restricciones fiscales, los fondos públicos por sí solos no podrán asumir los costos. Por lo tanto, existe una necesidad crítica de apalancar la financiación privada y atraer al creciente número de inversores privados que están ansiosos por ingresar a este espacio. El interés privado es alto, tal como lo demuestra el reciente lanzamiento del fondo de inversión de HSBC y las acciones consistentes de actores como Credit Suisse, Mirova y otros que buscan generar un impacto positivo en la naturaleza y un rendimiento financiero.

Para involucrar de manera efectiva a estos actores privados, los Ministerios de Finanzas deben ser más proactivos y trabajar con los Ministerios de Medio Ambiente para identificar carteras de inversión que estén alineadas con la recuperación sostenible y los intereses ambientales, que luego se puedan ofertar a posibles inversores.

Los innovadores y emprendedores deben recibir apoyo para crear nuevas empresas y experimentar con nuevos instrumentos que puedan mejorar los activos naturales

No obstante, existe un papel aún más importante para otros actores en el ecosistema financiero. Los innovadores y emprendedores deben recibir apoyo para crear nuevas empresas y experimentar con nuevos instrumentos que puedan mejorar los activos naturales, como los bonos de especies o los mercados de capitales. Al mismo tiempo, los actores tradicionales, como los bancos nacionales de desarrollo, las aseguradoras y las instituciones financieras locales, deben tener espacio para asumir nuevos roles y desarrollar nuevos productos financieros.

Actualmente se están dando otros pasos importantes. El Directorio del Banco Interamericano de Desarrollo aprobó recientemente el desarrollo de un Plan de Acción para incorporar la biodiversidad y el capital natural dentro de nuestra organización, y para orientar nuestro apoyo a los países de América Latina y el Caribe en su búsqueda de incorporar la naturaleza. El Reino Unido, que será el anfitrión de la Cumbre del Clima de la ONU en noviembre y ha incluido la naturaleza entre sus principales prioridades, también anunció planes para comprometer 4.000 millones de dólares a la naturaleza para 2026.

Durante este año crítico para la naturaleza y el clima, y para asegurar una recuperación sostenible de la pandemia, el Informe Dasgupta proporciona un mapa para ayudarnos a crear un futuro más sostenible y equitativo para todos. Como dice David Attenborough, podemos ayudar a salvar la naturaleza y, al hacerlo, salvarnos a nosotros mismos.

Juan Pablo Bonilla es gerente del sector de cambio climático y desarrollo sostenible del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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