Calidad del aire

La contaminación está matando (literalmente) a los indios

La polución, tercera causa de muerte en el gigante asiático, preocupa ahora con la covid-19 más que nunca. Numerosos estudios vinculan la peor calidad del aire con la reducción de las defensas inmunitarias y los daños en las vías respiratorias

Víctimas de la contaminación en Asia.
Víctimas de la contaminación en Asia.sayantanphotography / EL PAÍS

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A medida que se acerca el invierno en la India, una bruma de niebla tóxica envuelve vastas franjas del norte del país, incluida la capital, Nueva Delhi, obligando a las autoridades a cerrar las escuelas y restringir el uso de vehículos privados. Es la misma historia casi cada año.

La situación con el paso de los meses empeora, provocando, además de una nube gris de polución, una sensación de picazón o ardor en los ojos y la garganta casi todo el tiempo. Desafortunadamente, los expertos están anticipando que este invierno las cosas serán mucho más complicadas, porque la contaminación del aire conduce a una mayor vulnerabilidad y menos resistencia al coronavirus.

El primer día de 2021 la calidad del aire se mantuvo “muy pobre” con predicción de volverse “severa” los días siguientes debido a las condiciones meteorológicas: 346 sobre una escala de 500, según SAFAR, una agencia del Gobierno encargada de su monitoreo. Este índice mide los niveles de PM2.5 en el aire, unas partículas diminutas que pueden inhalarse hacia los pulmones y causar enfermedades mortales, como cáncer y problemas cardíacos.

Numerosos estudios han demostrado que la contaminación nos hace más vulnerables a las infecciones respiratorias, tanto en términos de transmisión como de gravedad de ella. Investigaciones conjuntas publicadas en 2008, 2014 y 2020 la han relacionado con la reducción de las defensas inmunitarias y los daños en las vías respiratorias.

La llegada del coronavirus ha aumentado las alertas y de hecho, como explica Avinash Kumar Chanchal, activista por el clima en la ONG Greenpeace India, hay estudios que subrayan la importancia de continuar cumpliendo con las regulaciones existentes sobre contaminación para proteger la salud humana tanto durante como después de la crisis sanitaria. “Durante el encierro de la cuarentena (de marzo a mayo) se redujo la polución, pero lamentablemente, desde que se ha levantado el bloqueo, está regresando a niveles pre-covid en las ciudades indias y ya lo estamos presenciando en muchas partes del país”, lamenta Kumar.

La calidad del aire comienza a deteriorarse a finales de octubre, cuando llegar las temperaturas más bajas. La humedad más alta y una caída en la velocidad del viento tienden a atrapar los contaminantes en la atmósfera por más tiempo. Cuando se acaba la temporada de monzones en septiembre, la dirección del viento también cambia y como consecuencia, el polvo, las emisiones industriales y los gases que emiten los vehículos provocan un fuerte aumento en los niveles.

Los indios llevan años organizándose para hacer presión a las autoridades y revertir esta situación. Uno de los grupos más activos es la campaña Help Delhi Breathe (Ayuda a Delhi a Respirar), formada por un grupo de ciudadanos, empresas y organizaciones preocupados que trabajan desde 2015 para combatir el peligro. Como explica una de sus activistas, Megha Chadha, el exceso de vehículos es uno de los principales problemas. Solo en Delhi, asegura, hay más de 10 millones (más que las otras tres ciudades principales del país: Bombay, Chennai y Calcuta, juntas), contribuyendo en una media de un 60% a la contaminación total del aire durante todo el año.

Solo en Delhi hay más de 10 millones de vehículos (más que las otras tres ciudades principales del país: Bombay, Chennai y Calcuta, juntas), contribuyendo a una media del 60% de la contaminación total del aire durante todo el año

La situación se ha agravado aún más debido a la generación de energía con carbón y la quema de residuos en algunos estados indios, como Punjab y Haryana, que forman parte del cinturón agrícola que limita con Nueva Delhi. Los agricultores de estos territorios han comenzado a utilizar cosechadoras mecanizadas para recoger el arroz. En parte, para poder sobrellevar el aumento de los costes laborales. Este método de trabajo deja restos de paja y rastrojos en el campo y su eliminación requiere mucho tiempo.

No todos los agricultores del país utilizan estos recursos. Muchos de ellos apenas tienen maquinaria porque son pequeños y marginales. De hecho, llevan en ebullición de protestas desde hace años y estas estallaron de nuevo en septiembre de 2020, cuando el primer ministro Narendra Modi presentó tres leyes para reformar el sistema agrario del país, eliminando varias reglas que protegían a los campesinos del libre mercado sin restricciones. Los protestantes no confían en que las grandes empresas decidan los precios y temen que les perjudique a sus negocios.

Cuando cosechan arroz, los agricultores tienen poco margen para plantar los cultivos del invierno, como el trigo y la colza, y si lo hacen tarde, consiguen menos rendimientos, con lo cual, si se lo pueden permitir, les resulta más barato quemar los residuos.

Según algunas estimaciones, los agricultores quemaron alrededor de 11 millones de toneladas de rastrojo en estos dos estados el año pasado. El Gobierno ha estado castigando económicamente a los agricultores, pero las alternativas son impopulares porque imponen menos productividad y gastos que muchas veces deben correr de su bolsillo.

Cuando cosechan arroz, los agricultores tienen poco margen para plantar los cultivos del invierno, como el trigo y la colza, y si lo hacen tarde, consiguen menos rendimientos, con lo cual les resulta más barato quemar los residuos. Según las estimaciones, en 2020 se quemaron 11 millones de toneladas en ambos estados

Solo en 2017 la contaminación del aire fue una de las principales causas de muerte para más de un millón de personas en la India, según el informe State of Global Air 2019 producido por la corporación independiente Health Effects Institute radicada en Boston (EE. UU.). La investigación agregó que en la India, es la tercera causa de muerte entre todos los riesgos para la salud y se ubica justo por encima del tabaquismo. En noviembre de 2019 la capital superó casi 19 veces los niveles óptimos recomendados y obligó al Gobierno a reconocer este problema como una emergencia de salud pública.

Chadha argumenta que el Gobierno está respondiendo, pero en realidad no se han tomado las medidas agresivas que se necesitan. Se han elaborado políticas y planes de acción a favor de la reducción de la contaminación del aire, como la Política Solar de Delhi, el Plan de Acción de Respuesta Graduada (GRAP), el Programa Nacional de Aire Limpio (NCAP), pero una implementación sólida sigue siendo complicada, asegura.

En 2016 el Gobierno implementó por primera vez un esquema de racionamiento de tráfico que sacó a la mitad de los vehículos de la carretera en un día determinado según sus números de matrícula (par en los días pares del mes y los impares en las jornadas impares). Se desplegaron aproximadamente 200 equipos de policía de tránsito para hacer cumplir las reglas, pero Chadha explica que el plan no pudo hacer mucho para reducir la cantidad de contaminación.

“Actualmente no se está implementando. El Gobierno generalmente anuncia esta regla extraña todos los años después de Diwali (un festival hindú que dura unos cinco días), alrededor de los meses de octubre a diciembre, cuando la contaminación del aire empeora mucho”, argumenta.

Debido a la presión pública, el actual Gobierno de Delhi ha lanzado una nueva campaña contra la contaminación en la que se anima a las personas a apagar los motores de sus vehículos mientras esperan en los semáforos. También se han prohibido los grupos electrógenos de todas las capacidades (diésel, gasolina y queroseno) y se ha emitido un conjunto de restricciones anticontaminación que incluyen medidas preventivas para evitar que la calidad del aire se deteriore a niveles de emergencia.

El problema para llevar a cabo muchas de las acciones que se proponen es que Delhi es una ciudad además de un territorio gobernado por el gobierno federal y como Chadha dice “a menudo, queda atrapado entre ejecutivos nacionales, estatales y locales, todos con diferentes intereses electorales a los que servir”. Los de Delhi y los estados vecinos siguen echándose la culpa los unos a otros, en lugar de pensar realmente en resolver el problema. Con lo cual, las juntas estatales de control de la contaminación languidecen por la falta de fondos y personal.

Las soluciones están ahí, pero requieren de voluntad y esfuerzo. Como expresa Kumar Chanchal, de Greenpeace, para reducir la contaminación en India, no queda otro remedio que “limitar el crecimiento de vehículos personales, hacer que nuestras ciudades estén más equipadas con redes de transporte público y cambiar nuestro comportamiento de consumo”.

Desafortunadamente, incluso con la llegada de los meses cálidos, la situación no mejora. La suciedad del aire es un problema durante todo el año en Delhi y otras zonas cercanas. Casi no hay respiro durante otras temporadas, y aunque los niveles de calidad mejoran, siguen siendo insalubres.

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