Emiratos apunta al fin de la OPEP
La decadencia del cártel de productores de petróleo es una señal del camino irreversible de la transición ecológica


La salida de Emiratos Árabes Unidos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la semana pasada, es una señal de la situación imposible en la que el doble bloqueo del estrecho de Ormuz ha colocado a los países del Golfo. Necesitada de divisas —es el primer país de la región que ha pedido ayuda a Estados Unidos—, la monarquía árabe da una señal a los compradores: cuando el petróleo vuelva a fluir, venderá cuanto pueda exportar al precio que sea, sin coordinarse con el resto del cártel. Pero las implicaciones de la espantada van más allá de un problema comercial.
Primero, es un episodio más de la confrontación entre Emiratos y Arabia Saudí, que es el socio principal de la OPEP desde su fundación. La rivalidad política y económica entre ambos, aun siendo ideológicamente similares, se ha reflejado en su proyección geopolítica (apoyando a bandos rivales en las guerras civiles en Yemen y Sudán) y en sus relaciones con el resto de la región.
La segunda implicación es más importante. A finales de los años setenta, la OPEP era una de las organizaciones internacionales más poderosas del mundo. Como dueña de alrededor de la mitad de la producción global de petróleo, su palabra era ley para marcar el precio del crudo. Pero en ese poder estaba también la clave de su caída. Escarmentados por las dos crisis en el Golfo (1973 y 1979) los países consumidores buscaron alternativas de suministro. Hoy la OPEP es importante pero no imprescindible. De los 10 mayores productores de petróleo del mundo, ya solo cuatro son miembros de pleno derecho de la organización. Indonesia se fue en 2016, Qatar en 2019 y Angola, en 2024. El mayor productor, Estados Unidos, nunca ha sido parte.
El hueco en el suministro global de hidrocarburos que está dejando el cierre de Ormuz sin duda va a producir un frenazo económico a corto y medio plazo. Sin embargo, a la vez ya está acelerando el proceso de electrificación y la reducción de la dependencia del petróleo. A pesar de la lamentable regresión de la agenda verde en Estados Unidos, el resto de grandes países se están terminando de convencer de que la transición fósil compensa no solo desde el punto de vista medioambiental, sino también del económico y del geoestratégico. Así ha quedado en evidencia en la cumbre de Santa Marta (Colombia), con la participación de medio centenar de países.
En ese sentido, el movimiento de Emiratos puede verse como un cambio de marcha ante una realidad innegable: la era pospetróleo va a ocurrir más temprano que tarde, y los países que basan su economía en este producto ya no pueden fiarse del control sobre la economía global que tuvieron antaño. La OPEP no ha muerto con la salida de Emiratos, pero este episodio acelera su camino hacia la pérdida de relevancia como actor global.


























































