Presas mejor adaptadas
El reto del cambio climático exige una revisión general de las infraestructuras hídricas para garantizar la seguridad a largo plazo


Las cerca de 2.400 presas hidráulicas de España suponen una red de construcciones clave en la gestión de riesgos del país, por eso el Gobierno ha iniciado una revisión sobre su seguridad, que ha sido puesta en entredicho por entidades como la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Esta revisión es necesaria sobre todo en un escenario de preparación para un cambio climático cuyos efectos extremos se empiezan acumular en España y se espera que vayan a peor. Estas son las infraestructuras que más tensión van a soportar por las lluvias torrenciales.
La política de agua va mucho más allá que las presas. En el pasado se ha abusado de la mitificación simplista acerca de su impacto en la gestión hídrica. Pero también resulta evidente que estas construcciones juegan un papel determinante en el territorio. De hecho, en los últimos años se ha podido comprobar de forma práctica su relevancia para reducir tanto el impacto de sequías extraordinarias como el de crecidas catastróficas. Está demostrado que pueden salvar vidas, al igual que también existen antecedentes históricos de graves accidentes con un alto coste humano.
España es uno de los países con más presas del mundo y este es un patrimonio ya construido que debe aprovecharse para reducir riesgos en un clima cada vez más extremo. Sin embargo, este parque de infraestructuras cuenta con una media de edad de entre 55 y 60 años. En algunos casos, superan el siglo de antigüedad. Además, se diseñaron con unas previsiones de lluvias que el cambio climático está dejando obsoletas. Estas presas son seguras, mientras se invierta en su mantenimiento y actualización, como sucede con cualquier infraestructura crítica.
Según advierte la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, muchas de estas construcciones hoy no cumplen los coeficientes de seguridad que deberían tener. La mejor forma de disipar las dudas es con información transparente y tomando medidas que garanticen el futuro de estas instalaciones. Es necesario dar seguridad de que van a responder en situaciones más extremas que aquellas para las que fueron diseñadas. El trabajo de revisión que está realizando el Gobierno contempla distintos escenarios de cambio climático, de menos a más gravedad.
Este es un terreno sensible en el que la falta de fiabilidad está asociada a riesgos reales para la población, por lo que no puede haber puntos ciegos. Sin embargo, si bien se hace seguimiento y se tiene un buen control de las presas de titularidad estatal, se sabe mucho menos sobre la seguridad de las construcciones privadas. No hay tantas dudas de las que gestionan empresas, pero sí de las que dependen de ayuntamientos, pues el mantenimiento de estas construcciones es costoso. Hay que acabar con esta asignatura pendiente.
La defensa de la red de presas del país, por seguridad y como medida de adaptación al cambio climático, no tiene nada que ver con las falsas denuncias de eliminación de estas construcciones utilizadas políticamente por la extrema derecha que niega el calentamiento del planeta. La revisión y actualización de estas construcciones para garantizar su continuidad no quita que sea también necesario retirar muchas pequeñas barreras (azudes) ya obsoletas o sin ninguna utilidad, de las que están plagadas los ríos europeos. La estrategia de país con las presas debe ignorar los discursos alarmistas y oportunistas. Esta revisión general es una oportunidad para dar seguridad a largo plazo con argumentos técnicos y datos fiables, en unas condiciones climáticas que no podemos evitar.


























































