Ester Muñoz y los patriotas de corchopán
No se puede servir a dos señores, y entre España e Israel nuestra derecha lo tiene claro desde hace tiempo


Ester Muñoz es una patriota. Ester Muñoz fue “la única portavoz del Congreso que estuvo en el izado de la Bandera Nacional el pasado 6 de diciembre”. Ester Muñoz escribe Bandera y Nacional con mayúsculas, para dejar constancia de su patriotismo. Ester Muñoz está “con España, por España y para España siempre”, lo puso en su Instagram.
Ester Muñoz salió el pasado jueves, tan patriota como siempre, a comparecer como portavoz del PP. Ester Muñoz fue preguntada por el soldado español que esta misma semana ha sido retenido por el ejército israelí, un casco azul que iba en un convoy lleno de alimentos. Aunque retener, que es el que mayoritariamente hemos usado los medios, quizá no sea el término más preciso. Igual es más adecuado hablar de secuestro, pues como recordaba estos días Zaida Cantera, el soldado español fue capturado en territorio libanés, donde Israel no tiene potestad para detener a nadie, mucho menos a un miembro de Unifil, la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano, protegida por el Consejo de Seguridad de la ONU, quien exige a las partes en conflicto en esta zona garantizar el respeto a la seguridad y la libertad de movimientos de estos soldados.
Así que vamos a reformularlo: Ester Muñoz fue preguntada por el soldado español que esta misma semana ha sido secuestrado por el ejército israelí, un casco azul que iba en un convoy lleno de alimentos. Y, tras responder que ella no iba a hacer comentarios porque no se conocía la razón por la cual el soldado español había sido secuestrado —aunque sí se conoce que sufrió violencia—, incidió en que lo único que sabíamos es que el secuestro había durado una hora —y aquí alzó la voz y las cejas—. Con una media sonrisa patriótica, Ester Muñoz añadió que ella “había estado en controles de tráfico que la han tenido bastante más tiempo retenida”. Ester Muñoz es tan patriota que prefiere criticar a la policía española por sus controles que al ejército israelí por sus secuestros.
No se puede servir a dos señores, y nuestra derecha lo tiene claro desde hace tiempo: entre España e Israel, entre la defensa de los valores católicos que arraigan en nuestra cosmovisión y la de los paradigmas talmúdicos, entre el perdón y el ojo por ojo (o los cien, los mil ojos por ojo), entre lo que diga el Papa y lo que diga la Alianza Epstein, nuestra derecha siempre elige lo segundo. A diferencia de otros gobiernos europeos de su signo, como el de Giorgia Meloni, cuyo ministro de Exteriores convocaba esta misma semana y por un hecho similar al embajador de Israel y le advertía que “a los soldados italianos no se les toca”.
La relación de la derecha española con el sionismo viene de lejos: recordemos la asociación de Bardají, faro geopolítico de Vox, y el expresidente Jose María Aznar, Friends of Israel Initiative —organización que aparece, por cierto, en los correos de Epstein—. Recordemos las paguitas millonarias de los gobiernos regionales del PP en Murcia, Madrid y Andalucía a la organización prosionista Zakut, la primera de ellas llevada a los tribunales por sospecha de irregularidades. Recordemos que en 2023 Almeida le concedió la Medalla de Honor de Madrid a Israel, o que el pasado marzo Isabel Díaz Ayuso aprovechó un viaje a Nueva York sufragado por todos los madrileños para recoger un premio del diario sionista Algemeiner Journal. Nada de esto es de ayer, pero les acabará pasando factura mañana. Porque cada vez queda más claro que, como decía Anguita, su patria, reducida a un himno y una bandera, cabe en una caja de zapatos.
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