¡OTAN no, bases fuera! o cómo Trump recupera un lema trasnochado
El presidente de EE UU puede estar tocando fondo y esta es la única buena noticia de estos tiempos


Hubo un tiempo en que el lema “¡OTAN no, bases fuera!” era un icono de izquierdas, cuando muchos españoles querían romper con el pasado sin saltar por ello en brazos de un EE UU que había apoyado a la dictadura. La imagen de Eisenhower con Franco en 1959 ponía el broche al acuerdo para abrir bases en España y terminaba con el aislamiento ganado por la amistad con Hitler.
Pero la izquierda acabó tragando y la permanencia en la OTAN —en la que entramos en 1982— acabó sellada en un referéndum convocado por el PSOE en 1986. Y el viejo lema quedó como un grito trasnochado en la lista de esas cosas imposibles de barbudos con chaqueta de pana que hoy solo la izquierda minoritaria sigue enarbolando. Nostalgia de la buena.
Quién iba a decir que iba a ser un presidente estadounidense, Donald Trump, quien resucitara hoy aquel espíritu antiamericano y enarbolara la bandera de ese viejo lema: “OTAN no”, puesto que se plantea salir; “bases fuera”, puesto que se plantea “castigarnos” levantando el campamento de alguno de los países más díscolos. Y estamos en primera fila.
Más allá de que actúa contra sí mismo; más allá de la nula credibilidad que suscita el TACO (Trump Always Chickens Out, como le llaman en EE UU y que se traduce como “siempre se raja”); más allá de que un día envía a Irán a la Edad de Piedra y otro a la Edad de Oro; y más allá de lo que están tardando en incapacitarlo por sus desvaríos, las amenazas de genocidio y el caos en que ha sumido a la economía global, lo cierto es que se abre ya la gran pregunta: ¿Está Trump tocando fondo? Y la respuesta, sin que nos nuble demasiado la ilusión, es: tal vez.
El presidente ha fracasado en todos los objetivos de esta guerra: no ha acabado con el régimen de los ayatolás sino que lo ha fortalecido; no ha pacificado la región sino que la ha puesto en llamas; no ha logrado reabrir el estrecho de Ormuz sino que implora que se reabra y admite a cambio un peaje para Irán; y no consigue doblegar a Israel, que arrastra a EE UU al crimen masivo. Y, sobre todo: ha hecho el ridículo. Lo hace todos los días. Lo hace afirmando una cosa y la contraria, lo hace amenazando y lo hace fracasando.
Hubo un tiempo en que Irán aceptó una gran desnuclearización bajo los auspicios de la ONU. Trump lo reventó. Como hubo en tiempo en que “OTAN no, bases fuera” era de izquierdas. En fin.
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