¡Aguanta Ucrania!
Una iniciativa que busca tender puentes entre el país agredido y Latinoamérica ofrece ideas sobre cómo resistir en este tiempo oscuro


Figuras como Trump, Putin, Netanyahu o los líderes del régimen iraní magnetizan, inevitablemente, la atención mediática. Sus abyectas acciones políticas la exigen. No, por supuesto sus responsabilidades no son iguales, pero, sí, son todos matones. Y ante las agresiones de los matones, es esencial prestar atención a la acción de quienes intentan formar la resistencia que puede proteger a las víctimas. De esto último, de aquellos que militan con vigor y coraje en el lado correcto, se ocupará esta columna.
Esta semana se celebró en Madrid a puerta cerrada una jornada sobre la intolerable agresión contra Ucrania y que fue un inspirador ejemplo de lo que la resistencia debe ser: la superación de la indiferencia y de la resignación; la toma de conciencia y disposición activa a actuar para frenar el abuso. El acto, promovido por el centro de estudios CIDOB, con la colaboración del ministerio de Exteriores de España, tenía como objetivo tender puentes entre Ucrania y Latinoamérica, con la esperanza de cultivar en esa inmensa y diversa región la conciencia del abuso que se produce contra los ucranianos y la voluntad de contribuir a frenarlo.
A la cita asistieron varias figuras que se elevan en el horizonte por su disposición a decir que no, y a no permanecer inertes.
Oleksandra Matviichuk, abogada ucraniana inagotable defensora de los derechos humanos -premiada con el Nobel de la Paz concedido a la organización que ella lidera-, que desempeña una labor fundamental para proteger a las víctimas, movilizar almas, y dejar en evidencia a los partidarios de una interpretación infantil o malintencionada del pacifismo que, durante tiempo, desde cierta izquierda, han abogado por no ayudar a Kiev en su defensa.
Sergio Jaramillo, una de las principales figuras de los acuerdos de paz con las FARC y ahora fuerza motriz de la organización cuyo nombre -¡Aguanta Ucrania!- el título de esta columna pretende difundir, y que precisamente busca movilizar a los latinoamericanos en la conciencia de lo que en Ucrania está en juego.
Héctor Abad Faciolince, gran escritor que no quiso permanecer indiferente y que también sostiene ¡Aguanta Ucrania! Tanto él como Jaramillo sobrevivieron al impacto de un misil de Putin en un restaurante de Kramatorsk en el que se hallaban mientras trataban de comprender con sus ojos los abusos a los que están sometidos los ucranianos. No tuvo la misma suerte la escritora Victoria Amelina, que se encontraba con ellos y falleció por el bombardeo.
O Josep Borrell, ahora presidente de CIDOB, que en ningún momento dejó de denunciar desde su puesto de Alto Representante de Exteriores de la UE verdades incómodas sobre Gaza cuando la corriente europea mayoritaria empujaba fuerte para otro lado.
Por supuesto, la iniciativa impulsada con el encuentro de Madrid no tiene el poder de influir directamente en el devenir del conflicto. Pero el punto no es ese. El punto es prender la mecha de la resistencia. Espolear la salida de la resignación y la indiferencia, alumbrar la conciencia, prender el fuego del ánimo de combate contra ciertos abusos. Eso sí puede cambiar los balances. Y eso solo se consigue prendiendo mechas aquí y allá.
La guerra en Ucrania se halla ahora en una coyuntura complicada. Las últimas semanas han mostrado una notable eficacia en la defensa de Kiev pese al desvanecimiento de la ayuda estadounidense. Los rusos prácticamente no avanzan. Pero la guerra lanzada contra Irán ha alterado el panorama, porque ha disparado los precios energéticos, lo que favorece a las arcas del Kremlin. EEUU retira restricciones contra Rusia, autoriza la compra de su crudo, y agota misiles interceptores que habrían sido de enorme utilidad para repeler la ofensiva activa de Putin que se ceba con la población civil sumiéndola en el hielo, mientras ahora van a sostener las defensas en una zona que no estaba bajo ataque, y lo está por iniciativa propia. Iniciando una guerra ilegal se facilita el éxito de otra guerra ilegal. Esto es lo que hay.
En el encuentro, Héctor Abad Faciolince mencionó a Calicles y Sócrates. El encuentro se celebró bajo la norma Chatham House, que impide publicar, atribuyéndolas, las intervenciones, pero el escritor aceptó que esta columna relatara esa referencia. Calicles fue un filósofo que es protagonista de un célebre pasaje del Gorgias de Platón. En él, el pensador se presenta como un defensor de lo que hoy llamaríamos realpolitik, de la idea según la cual es parte del derecho natural que los fuertes dominen a los débiles, que es normal, aceptable y hasta justo que sea así. En ese pasaje, Calicles dialoga con Sócrates, que defiende ideas antitéticas. Sócrates, es notorio, acabó sentenciado a muerte y tragó la cicuta. A primera vista, perdió. El escritor colombiano planteó ahí una pregunta que fue como una ventana abierta sobre un mar: ¿quién se acuerda hoy de Calicles? Sócrates perdió a primera vista, pero sus ideas -a las que no renunció- y ejemplo -entre otras cosas, de respeto a la ley- siguen vibrando.
Hoy, es esencial generar vibración emocional que movilice. Sin reclamar a nadie sacrificios extremos, es sin embargo el momento de comprender que este tiempo requiere más que otros claridad moral y resistencia. Muchos intentos fracasarán, pero a veces el mero ejemplo de un intento fracasado marca la estela de lo posible, animando a otros, contribuyendo a esa vibración emocional que es parte fundamental de la construcción de la resistencia frente al abuso.
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