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COLUMNA

Quién es hombre más peligroso de Estados Unidos

¿Qué dicen las estrellas del romance entre Trump, el visionario, y Stephen Miller, el ejecutor?

En su primera campaña política, cuando se presentó como candidato al consejo estudiantil de su instituto, Santa Monica High, Stephen Miller ya reivindicaba el derecho a tirar basura al suelo y a tener Estados Unidos para los “solo estadounidenses al 100%”. Salvo por la mata de pelo, claramente el mismo Miller ha sustituido a Steve Bannon, Elon Musk, Jared Kushner y hasta a los propios hijos en el corazón de Donald Trump. “El presidente adora a Steven”, ha dicho la secretaria de prensa y segunda favorita, Karoline Leavitt. ¿Qué será lo que le da?

Es evidente que comparten aficiones. Los dos son apasionados de las fronteras, especialmente de amurallar las propias e invadir las de otros. Ambos creen que todos los Clinton deberían ir a la cárcel y que el Partido Demócrata es una asociación de extrema izquierda cuya única ambición es corromper Estados Unidos con sus perreos latinos, sus asados veganos, sus manifestaciones antifascistas y sus conciertos masivos de Taylor Swift. Los dos odian la inmigración irregular, regular y a todo aquel que no sea un jeque árabe, una modelo checa, un ingeniero coreano, o un afrikaan rubio como las rubias praderas de Kansas en agosto. Los dos consideran una afrenta personal que Bad Bunny cante en el halftime de la Superbowl.

Miller, cuyos primeros éxitos incluyen el muslim ban de la era pandémica y la idea de separar a los niños de sus padres en los centros de detención, se subió a la caravana Trump 2016 como asesor principal de políticas, y acabó redactando discursos y haciendo de telonero en los eventos de campaña. Son muy complementarios: donde Trump es puro instinto, un improvisador nato que habla desde las tripas directamente a la Fox, sin pasar por la corteza cerebral, a Miller le gusta aprenderse de memoria argumentos circulares con cierto tono jurídico, que después declama en las entrevistas, para delirio del entrevistador.

Durante la administración Biden, la era que Steve Bannon describió como el exilio en Elba, Miller demostró una lealtad sin límites, algo que Trump aprecia y recompensa típicamente con masajes en Mar-a-Lago, agencias gubernamentales e indultos preventivos. Miller regresó en la segunda temporada como subjefe de personal de política y asesor de Seguridad Nacional, consolidándose como personaje principal y arquitecto jefe de una nueva América. Y el nuevo hombre más peligroso de EE UU. Este papel no es baladí.

El narcisista tiene cinco clases de relaciones. Por un lado están los trofeos y mecenas, que son gente que le aporta acceso, estatus, brillo y oportunidades. Por otro están las herramientas; conspiradores con los que jugar al golf y a la guerra, y tontos útiles que le hacen el trabajo sucio y contribuyen a sostener su frágil ego y acolchar su ansiedad social. Antes o después, todos son descartados y reemplazados. Por ejemplo, cuando la modelo deja de ser bella y complaciente, o el magnate financiero es condenado por traficar con menores, son demonizados y reemplazados por nuevos trofeos y herramientas. Más importante todavía, todos son susceptibles de convertirse en cabezas de turco, que es la quinta categoría crucial. Alguien tiene que aceptar el deshonor y el destierro. Por ejemplo, después de liderar un falso departamento de Estado para saquear los datos sensibles o crear un grupo paramilitar que asesina civiles pacíficos en plena luz del día. Obviamente, no puede ser él.

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