Antes y después de Minneapolis
El asesinato a tiros de dos manifestantes hace despertar la resistencia ciudadana que exige el actual desafío de Trump a la democracia


La multitudinaria manifestación este viernes en las calles de Minneapolis, con réplicas en otras ciudades de Estados Unidos, ha sido la expresión más visible hasta ahora del hartazgo ciudadano con la violencia policial ejercida por el Gobierno federal, una indignación que empieza a concretarse. Tras un año de desconcierto y temor ante una Casa Blanca que ha arrollado cualquier oposición con la estrategia de lanzar todas las batallas a la vez y todas con la máxima virulencia, una parte de EE UU está diciendo basta. Hasta las elecciones de noviembre no se podrá saber si esto es suficiente para frenar la espiral autoritaria de Donald Trump, que intenta cambiar para siempre el sistema de equilibrio de poderes en Estados Unidos.
Entre todos los atropellos de este primer año de trumpismo sin freno en EE UU (amenazas a universidades, medios y abogados para eliminar focos de oposición, el despliegue teatral de tropas en las calles, la involución en diversidad o transición verde) ha sido la salvaje represión de la inmigración irregular lo que ha provocado el encontronazo físico con la ciudadanía. Los “criminales” que busca Trump son al menos 11 millones de personas incorporadas a la vida diaria y la economía estadounidenses desde hace años. Son vecinos, empleados, incluso empresarios. Por eso, lanzar a miles de policías del ICE (un policía judicial de inmigración reconvertida en fuerza de invasión interior) a las calles a cazar como animales a estas personas supone llevar un escenario de guerra a las ciudades. Eso es justamente lo que buscaba la Casa Blanca y eso es lo que ha encontrado en Minneapolis.
El punto de inflexión ha llegado cuando dos personas han sido asesinadas por agentes del ICE mientras protestaban contra ellos en esta ciudad de Minnesota. Renee Good y Alex Pretti, ciudadanos norteamericanos y blancos, son ya símbolos de algo que ha dejado de ser oposición para empezar a ser resistencia. Pretti, además, iba armado. Al intentar criminalizarlo, Trump ha irritado incluso a los defensores de la posesión de armas. La protesta del Partido Republicano, visiblemente inquieto por la suerte de sus candidatos en noviembre, empieza a escucharse. El candidato republicano a gobernador de Minnesota abandonó esta semana, criticando al ICE, al ver imposible su candidatura. Los demócratas amenazan con dejar sin fondos la Seguridad Nacional en la negociación presupuestaria, donde sus votos son imprescindibles. La Casa Blanca ha pasado de declarar “absoluta inmunidad” para los agentes a suspenderlos de actividad, ha retirado al mando más conspicuo del ICE de Minneapolis y ha abierto una investigación en la Fiscalía General. Como se ve en otros ámbitos, Trump avanza como un búfalo, hasta que se le dice “no”.
No conviene llevarse a engaño. El gabinete de fanáticos que gobierna la Casa Blanca no ha renunciado a imponer su agenda racista y a intentar que los norteamericanos se acostumbren a la insólita presencia paramilitar en las calles a las órdenes del presidente. Los republicanos que hoy critican a la secretaria de Seguridad Nacional, Kirsti Noem son los mismos que confirmaron su nombramiento. Los jueces no frenan la violencia del ICE, que no es muy diferente de la que ejercen los cuerpos de policía locales en otros momentos. El poder federal de los demócratas es muy pequeño. El poder local y estatal no ha encontrado aún la fórmula para oponerse a una invasión federal de las ciudades desconocida en tiempos recientes.
Por eso hay que fijarse sobre todo en la movilización ciudadana. En la primera presidencia de Trump, fueron las redes de complicidad tejidas en la oposición cívica las que en último término dieron a los demócratas una victoria inapelable en las elecciones de 2018 y maniataron a la Casa Blanca. En los próximos meses se verá si más candidatos republicanos llegan a la conclusión de que no pueden ganar sus escaños, alcaldías y gobernaturas en medio de esta pesadilla. Será entonces cuando se pueda apreciar si realmente hay un antes y después de Minneapolis.
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