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editorial

La soledad climática de Estados Unidos

El mundo ignora la retirada de Trump por segunda vez del Acuerdo de París y sigue adelante con la descarbonización

Estados Unidos abandonó oficialmente este martes el Acuerdo de París, el pacto que rige desde 2015 los esfuerzos internacionales contra el cambio climático. Y el mundo siguió girando. Es la segunda vez que Donald Trump ordena sacar a su país de este pacto. Nadie siguió sus pasos en su primer mandato y nadie los ha seguido ahora. La lucha por la descarbonización sigue adelante ignorando a Washington.

El Gobierno federal de EE UU lleva ya un año completamente ausente de la lucha climática. Incluso amenaza a aquellos que quieren aplicar medidas contra el calentamiento en los órganos de la ONU. Que Estados Unidos se ponga de perfil es, sobre todo, una injusticia para los países más pobres, que son los que más sufren los impactos de un cambio climático del que no son responsables. Cuando se miran las emisiones históricas, EE UU es el que más gases ha expulsado y que más ha calentado el planeta. Pero la espantada de Trump es, además, un regalo para China. Deja todavía más espacio a su gran competidor en la transición energética para dejar atrás los combustibles fósiles, principales responsables de la crisis climática.

Trump ha apretado el acelerador en dirección contraria a la reorganización económica del mundo hacia la transición energética. El demócrata Joe Biden intentó pisar el freno e impulsó un enorme plan de incentivos a las renovables, que vendió como una forma de crear cientos de miles de empleos. Era la vía para competir con China, que se ha convertido en el gran suministrador mundial de tecnología solar y eólica, y que también está impulsando el coche eléctrico. Trump, cuya campaña fue financiada entre otros por el sector de los combustibles fósiles, ha revertido esos esfuerzos. La apuesta ha sido inútil: 2025 fue de nuevo un año récord para las renovables en el mundo.

Los últimos pasos, con las amenazas sobre Groenlandia y contra Europa, son otro pisotón en el acelerador. Mientras la UE está cerrando nuevas alianzas comerciales con India y Latinoamérica para diversificar sus mercados, tarde o temprano alguien se acabará preguntando si tiene sentido seguir importando masivamente gas licuado de EE UU. Ante lo imprevisible de una fuente de energía que depende del humor diario del presidente, la mejor respuesta pasa por una mayor independencia energética con una alianza entre las renovables y las baterías.

El arreón fósil de Trump y contra los acuerdos ambientales ha coincidido con una importante noticia verde: la entrada en vigor del tratado para la protección de las aguas internacionales, ratificado por 82 países. Entre ellos no están ni EE UU ni Rusia. Sí la Unión Europea y Brasil. Y China, que no solo lo ha ratificado, sino que ha pedido albergar la sede del nuevo secretariado que se creará para desarrollar este tratado. Otro hueco más que deja libre Trump para que lo ocupe su competidor.

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