Los buitres de Isla Margarita
En pocas horas aparecieron en internet oportunistas buscando hacer negocio inmobiliario con la tragedia de un país donde casi ocho millones de personas han abandonado sus hogares


“Acabo de comprar un palacio de siete dormitorios, 10 baños, en las afueras de Caracas por 115.000 dólares. Todo al contado, sin verlo. Iré en verano. Apuesto por la recuperación. No me llaméis imperialista. Solo soy un inversor”. Este mensaje fue escrito en X el pasado 3 de enero, pocas horas después de que EE UU bombardeara Venezuela para llevarse a Nicolás Maduro. Otro tuit de ese mismo día muestra un fajo de billetes junto al texto “yo, como expatriado americano contando todo el dinero que voy a usar para gentrificar Venezuela y comprar propiedades en Isla Margarita”. Más mensajes de esos primeros momentos: “500 metros cuadrados de casa por 100.000 euros. Venezuela allá voy”; “Alguien que conozca Venezuela a fondo debería comprar tierra barata en una selva tropical o en Isla Margarita y montar un centro de retiros. Si entra un líder tipo Bukele, se va a disparar. Parcelas con vistas al mar por 15.000 dólares. Un acre en primera línea marítima por 230.000”. Junto a las noticias de última hora, circulaban pantallazos de anuncios inmobiliarios de apartamentos en primera línea de playa por el precio de un coche. Ni siquiera se sabía quién iba a hacerse cargo del país cuando decenas de mensajes, vídeos en TikTok, Instagram y YouTube y grupos de Telegram discutían oportunidades de negocio viables en un país que alguien definía, por su riqueza geológica, como una mezcla de “Texas hace 100 años pero con las playas de Florida”. Aún no se había reunido Trump con los representantes de las grandes petroleras y los criptocolonialistas ya fantaseaban con AirBnBs en Caracas.
Las intenciones de estos mensajes oportunistas son variadas. Se mezclan chistes tempranos de mal gusto con la creación de contenido fácilmente monetizable por los algoritmos; el interés especulativo de cierto tipo de inversor (pensemos ese perfil de tecnobro, nómada digital, con negocios basados en inteligencia artificial que opera en bitcoins y se comunica con otros como él en la red de Elon Musk) con estafas en busca de incautos. “No sé si esto es contenido basura o una gran inversión”, respondía un usuario de X a alguien que se había hecho, supuestamente, con un chollo. En cualquier caso, en pocas horas internet se llenó de personas buscando la forma de hacer negocio con la tragedia de un país donde en los últimos años casi ocho millones de personas han tenido que abandonar sus hogares. Es el capitalismo del desastre del que habló Naomi Klein en La doctrina del shock —y cuyos efectos sobre el Puerto Rico posterior al huracán María, que se quiso convertir en una utopía tecnolibertaria, describió en La batalla por el paraíso—, solo que en versión virtual: ni siquiera es necesario lucrarse con los restos del desastre porque el contenido sobre el desastre también es rentable.
Mientras tanto, dentro de las fronteras del país responsable de estas dinámicas globales, Donald Trump intentaba prohibir a los grandes inversores la adquisición de viviendas unifamiliares para frenar la subida interna de precios. “Durante mucho tiempo, comprar y ser propietario de una casa se consideró la máxima expresión del sueño americano”, escribió. “Era la recompensa por el trabajo duro y por hacer lo correcto, pero ahora, debido a la inflación récord provocada por Joe Biden y los demócratas en el Congreso, ese sueño americano está cada vez más fuera del alcance de demasiadas personas, especialmente de los jóvenes estadounidenses”. Los buitres, mejor en Isla Margarita que en casa.
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