Ucrania, preocupación española
El Congreso y el Senado no pueden seguir ajenos a una crisis internacional que marcará el futuro de Europa

Mientras Europa vive un momento crucial para su futuro, España sigue siendo el escenario de una polarización política asimétrica que socava la cohesión con la que un país de su peso en la UE debería abordar los temas de seguridad y defensa. La invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 quebrantó radicalmente el derecho internacional. Tres años después, la cercanía de EE UU a Rusia para buscar un alto el fuego bajo la presidencia de Donald Trump ha alterado por completo el equilibrio geopolítico. Este giro radical supone un reto no solo para la supervivencia de Ucrania como estado soberano, sino para Europa, obligada a considerar la posibilidad de apoyar a Kiev al margen de su antiguo aliado.
Conscientes de lo inédito del trance (la ruptura del lazo transatlántico) y de su dramatismo (una guerra aún abierta), los principales líderes de la UE, independientemente de su color político, se esfuerzan por fortalecer la unidad. Entre ellos ha estado desde el primer momento el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que visitó Kiev este lunes con motivo del tercer aniversario de la invasión rusa mientras los ministros de Exteriores de los Veintisiete se reunían en Bruselas. Ante la gravedad del nuevo escenario, ha llegado el momento de que el Ejecutivo refuerce la posición española informando al Parlamento. Porque semana tras semana, vemos al Congreso y al Senado hablando de todo menos de Ucrania o de la seguridad europea. Ni el Gobierno convoca ni la oposición le pregunta en las cámaras.
Dado que la política exterior es de su competencia exclusiva, al Ejecutivo corresponde tomar la iniciativa por más que el tono habitual de la oposición convierta cualquier asunto en un barrizal de partidismo interesado. Hasta ahora, se concentra en un ataque constante a la figura de Sánchez sin aportar propuestas claras sobre el papel de España en el tablero sacudido por Trump. El PP critica la falta de información por parte del presidente, pero no ofrece una postura clara con respecto a la política exterior y, lo más grave, parece incapaz de alinearse nítidamente con sus colegas europeos sobre esta materia. Su claridad es aún más necesaria en un tiempo en el que Vox —tercera fuerza política del Parlamento, sostén de algunos de los gobiernos autonómicos del PP y con el que gobierna en numerosos ayuntamientos— ha expresado un apoyo explícito a Trump y a su agenda prorrusa. A otra escala, otro tanto cabría decir de algunos de los partidos que sostienen al Gobierno de coalición, cuyas demandas de paz no se sustancian en una propuesta que garantice la seguridad europea frente a Rusia.
En este tiempo crucial, es imperativo que España, bajo el liderazgo de su Gobierno, busque la máxima unidad en una política exterior que refleje los intereses comunes del país y de Europa. Sánchez ha sido claro en sus intervenciones en Europa: la UE se juega su futuro en paz. Mientras en Bruselas se discuten las estrategias para enfrentar la crisis de seguridad, en España no ha habido lugar para un debate profundo y constructivo.
El Gobierno tiene la obligación de informar cuanto antes a los grupos parlamentarios una vez celebrada la cumbre europea extraordinaria del próximo jueves 6 de marzo. Y los grupos deben estar a la altura. Las incertidumbres globales inquietan a los ciudadanos y sería peligroso erosionar la posición de España pensando que erosionan al Gobierno. Estamos en un contexto internacional marcado por desafíos que determinarán por décadas el futuro de Europa, es decir, el de España.
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