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Michelle Bolsonaro
Columna
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El nuevo grito de la extrema derecha bolsonarista a las mujeres: “¡Sean femeninas, no feministas!”

El exmandatario brasileño está usando a su esposa Michelle Bolsonaro, conocida por su ultraconservadurismo religioso, en la conquista del voto femenino

Michelle Bolsonaro, esposa de Jair Bolsonaro, en un acto político
Michelle Bolsonaro habla a la multitud en la playa de Copacabana, en Río, el 21 de abril.Buda Mendes (Getty Images)
Juan Arias

Si no fuera irreverente diría que la extrema derecha del expresidente Jair Bolsonaro ha abierto la caza en busca del voto de las mujeres evangélicas, sobre todo tras los sondeos que revelan que hoy, al revés del pasado, las mujeres, especialmente las más jóvenes, votan más a la extrema derecha bolsonarista que al progresista Lula da Silva.

Mientras hoy el catolicismo pierde uno de cada cinco de sus fieles en detrimento del aumento de los evangélicos y es fundamentalmente masculino, en el evangelismo predomina la presencia femenina y negra. Y lo que es curioso es que, justamente, el ultrancista y machista Bolsonaro y sus huestes se han distinguido siempre por un cierto desprecio por la mujer y por su idiosincrasia de violencia y amor por las armas, además del cultivo del machismo.

Es conocida la frase del expresidente brasileño cuando nació su cuarta hija, Laura, del actual tercer matrimonio con Michelle Bolsonaro, de 42 años, y tras haber tenido tres hijos varones. En aquel momento, al nacer su hija confesó que hubiese preferido otro varón y que fue culpa suya de que naciera mujer porque “tuvo una distracción”. Hoy, la jovencita es una sombra. No aparece nunca en público ni en los medios, ni se sabe nada de ella.

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A pesar del evidente rechazo de Bolsonaro por las mujeres, que quedó de manifiesto en sus encuentros como mandatario en los contactos con las periodistas a las que llegó a ofender con bromas de mal gusto relacionadas al sexo, el ultraderechista está usando a su esposa conocida por su ultra conservadurismo religioso en la conquista del voto femenino.

Ha sido así que su partido, el Partido Liberal (PL), la ha colocado como presidenta femenina para recorrer el país en clara campaña electoral en vistas a las elecciones municipales del próximo octubre, que son consideradas como un nuevo duelo entre Lula y Bolsonaro que, a pesar de estar inhabilitado por ocho años para disputar elecciones, sigue siendo la figura clave de la extrema derecha como lo han demostrado los dos mítines pasados en São Paulo y en Río de Janeiro, donde él ha sido el líder indiscutible de la extrema derecha.

Pero quizá la mayor novedad sea el protagonismo que su esposa está tomando en el bolsonarismo. No acaso en los dos últimos mítines junto con Bolsonaro, el verdadero protagonismo lo revelaron los discursos enfervorizados de Michelle, buena oradora, con fama de evangélica, con dones al parecer espirituales y especiales, como el de don de hablar lenguas extrañas en éxtasis religiosos.

En el mitin del pasado domingo en Río de Janeiro, en la playa de Copacabana, el momento más simbólico fue el nuevo lema lanzado a las mujeres evangélicas, la mayoría negras, en un porcentaje del 58% de todos los fieles. Les dijo con un grito que sonó al nuevo lema del bolsonarismo: “Sean femeninas, no feministas”. Y explicó a las mujeres que hoy son el 58% de los evangélicos, que su verdadera misión, incluso religiosa, es la de “ayudar a nuestros esposos a la construcción de un mundo mejor”.

Dejó, sin embargo, muy claro, que esa ayuda de las mujeres a los maridos para la construcción de un mundo mejor solo será posible si aceptan ser simplemente mujeres. Lo más femeninas posibles, nunca feministas. Y ante los miles de seguidores en Río, acabado su discurso antifeminista, Michelle le dio en el palco, bien visible, un beso acalorado a su marido.

Michelle Bolsonaro besa a su esposo, el 21 de abril en Río de Janeiro.
Michelle Bolsonaro besa a su esposo, el 21 de abril en Río de Janeiro.Pilar Olivares (Reuters)

Toda esa liturgia evangélica femenina, cada vez más fuerte y que ha encontrado a su nuevo líder femenino en la joven Michelle es en la que Lula está encontrando una fuerte resistencia a pesar de los esfuerzos que está haciendo para robustecer la fuerza de la mujer en el trabajo, con una ley que obliga un mismo salario a las mujeres que a los varones, en igualdad de funciones y que justamente está encontrando resistencia en un Congreso dominado aún por el bolsonarismo.

Quizá no sea ajeno el aterrizaje de Michelle Bolsonaro en el mundo de la política con aspiraciones no disimuladas a disputar un día, incluso la presidencia. El protagonismo que, al mismo tiempo está dando Lula a su nueva esposa Janja, declaradamente feminista, a las antípodas de Michelle, y que ya ha dejado claro en discursos y en la práctica que ella no será la clásica “primera dama” del presidente sino una figura política, sin cargo oficial en el Gobierno, pero con evidente poder personal de persuasión ante Lula como bien sabe ya el Gobierno.

Curiosamente, el futuro político de Brasil esté entrelazado con la llegada de estas dos mujeres, la femenina y la feminista, diametralmente opuestas políticamente, y llamadas a condicionar el futuro político de este país.

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