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Columna
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No es solo una macronada

La UE debe hacer todo lo que esté en su mano para que Putin fracase. Debe ser clara su determinación

El presidente francés, Emmanuel Macron, durante la conferencia de apoyo a Ucrania, este lunes en París.
El presidente francés, Emmanuel Macron, durante la conferencia de apoyo a Ucrania, este lunes en París.GONZALO FUENTES (REUTERS)
Lluís Bassets

Macron se ha salido con la suya. El debate está abierto. Hay una mayoría abrumadora que no piensa mandar tropas. No está en sus planes, dicen. Siendo tajante el rechazo, hay que cuidar los matices. Los hay. Cabe la posibilidad, reconocida por varios socios europeos, de mandar asesores, instructores, o tropas para trabajos auxiliares. Así se empieza, como ha sucedido en tantas ocasiones anteriores, de forma masiva y escandalosa en Vietnam.

La sustancia es una traducción macroniana del whatever it takes bancario y monetario de Mario Draghi en agosto de 2012 a la seguridad y la defensa europeas. La UE debe hacer todo lo que esté en su mano para que Putin fracase. Los europeos no están cansados. Debe ser clara su determinación, a fin de cuentas, el factor fundamental para la victoria en cualquier guerra. Es más fácil vencer con determinación y pocos medios que con muchos medios y escasa determinación.

Este es el mensaje que Macron quería transmitir. El problema es su credibilidad. La reacción sin matices de los socios, concentrados en desmentir la peligrosa e impopular idea de mandar tropas, ha exhibido la división imperante y el temor a la escalada. Solo los hechos pueden validar tan arriesgadas palabras. Ucrania no tiene la munición que necesita para frenar la contraofensiva rusa que aparentemente ha empezado ya tras la caída de Avdiivka ni los misiles de largo alcance y los aviones de combate que le permitan recuperar el territorio perdido. Ahí Francia tiene que retratarse primero si quiere convencer luego a los demás.

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Macron ha situado muy alto el listón. Todo lo que sea menos está ahora implícitamente recomendado. Lo dice el presidente del único país de la UE con arma nuclear. Parece una macronada, un exceso verbal característico de un presidente tan inteligente como impulsivo. No lo es. El experto francés en estrategia Bruno Tertrais nos lo recuerda en su último libro: “Toda disuasión eficaz es una dosificación sutil de claridad y ambigüedad calculada”, (¿Pax atómica? Teoría, práctica y límites de la disuasión, 2024).

Francia también es ahora el único país de la UE con derecho de veto en el Con­sejo de Seguridad y, en consecuencia, el que cuenta con más argumentos para hablar de tú a tú con Putin. Intentó apaciguarlo y convencerlo antes de que invadiera y ahora es el que le reta y le amenaza. También está en juego su papel tradicional, la grandeur, el rango internacional y el sentido disuasivo de su force de frappe, hoy en la guerra y mañana en la paz.

El equilibrio europeo se rompió en 2014 y el sistema de disuasión, bajo el paraguas nuclear estadounidense, está corroído por las dudas que aporta el trumpismo. Macron quiere restaurar la disuasión, también la nuclear, y hacerlo desde Europa si ya no es posible contar con Estados Unidos. Para que Ucrania gane a Putin, pero sobre todo para que Rusia no gane en el futuro a Europa.

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Sobre la firma

Lluís Bassets
Escribe en EL PAÍS columnas y análisis sobre política, especialmente internacional. Ha escrito, entre otros, ‘El año de la Revolución' (Taurus), sobre las revueltas árabes, ‘La gran vergüenza. Ascenso y caída del mito de Jordi Pujol’ (Península) y un dietario pandémico y confinado con el título de ‘Les ciutats interiors’ (Galaxia Gutemberg).
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