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tribuna
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Resolver el problema

El giro a la derecha previsto en las próximas elecciones europeas tendrá un enorme impacto en el programa político de la UE

Banderas europeas ondean frente a las oficinas de la Comisión en Bruselas.
Banderas europeas ondean frente a las oficinas de la Comisión en Bruselas.DPA vía Europa Press (DPA vía Europa Press)

Los alemanes han salido a la calle para manifestarse contra un partido de extrema derecha, Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán). Las protestas se han producido tras conocerse que algunos miembros de esta formación política participaron en una reunión conspirativa para preparar la expulsión masiva de extranjeros. Comparto el sentimiento y la indignación contra los viles organizadores neonazis de esa reunión. Pero dudo que estas manifestaciones surtan mucho efecto. ¿Recuerdan la marcha del millón en Londres contra el Brexit? Las marchas contra el Brexit son una advertencia de que las batallas políticas se ganan en las urnas. No tiene sentido manifestarse contra las urnas.

Las razones del auge de la ultraderecha en Europa son las mismas en todas partes: migración; desindustrialización; oposición a las políticas verdes; resistencia a los valores sociales y medioambientales metropolitanos. En Alemania, la AfD alcanza ahora el 21% en los sondeos. El nuevo partido de Sahra Wagenknecht, una conocida política de la izquierda dura, cuenta con el apoyo del 7%. En total, la franja radical representa un tercio del total.

En las elecciones europeas de junio, se espera que la extrema derecha obtenga grandes avances en casi todas partes. No “ganarán” las elecciones en el sentido clásico. Pero según el análisis del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, por sus siglas en inglés), los dos grupos de extrema derecha juntos llegarán a ser aproximadamente tan grandes como el principal bloque de centroizquierda: los socialistas y demócratas, y los verdes. Este cambio de poder tendrá una enorme repercusión en la política de la UE. La era del dominio de la izquierda en la UE está llegando a su fin.

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En el Parlamento Europeo, la derecha dura está representada por dos grupos. Uno es el de los Conservadores y Reformistas Europeos, el antiguo grupo de los conservadores. Su representante más destacado es Giorgia Meloni, primera ministra italiana, lideresa de los Hermanos de Italia. También incluye al partido polaco Ley y Justicia. El otro grupo de partidos es Identidad y Democracia, de extrema derecha. Engloba a la AfD, a la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, al Partido por la Libertad de Geert Wilders en Holanda y la Lega de Matteo Salvini.

El Parlamento Europeo no tiene coaliciones formales que formen gobiernos. En cambio, tiene coaliciones de voto cambiantes. Por ejemplo, puede que no influya en quién será el próximo presidente de la Comisión. Las apuestas se decantan por un segundo mandato de Ursula von der Leyen. Giorgia Meloni la apoya, así como el centroderecha, el Partido Popular Europeo.

Pero el giro a la derecha tendrá un enorme impacto en el programa político de la UE. Para empezar, acabará con el Pacto Verde de la UE, el proyecto de más prestigio de la actual Comisión. La parte más controvertida del programa ha sido la Ley de Restauración de la Naturaleza, aprobada el pasado julio por una estrecha mayoría. La ley obliga a los países a reservar el 20% de su superficie terrestre y marina a la restauración de la naturaleza de aquí a 2030. Es uno de los motivos de las protestas de los agricultores de toda Europa. Lo consideran un proyecto paisajístico impuesto por gente que vive en las ciudades. Al igual que sucedió con el Brexit, el conflicto político en la UE también juega cada vez más con las líneas divisorias políticas entre las zonas metropolitanas y las provincias. Según las proyecciones del ECFR, la Ley de Restauración de la Naturaleza no se habría aprobado. Existiría una mayoría estructural antiecologista en el Parlamento Europeo.

El centro tiende a responder a la derecha con indignación. Sería más inteligente que se centrara en las políticas que han dado lugar al surgimiento de la extrema derecha. Esta es mi breve lista de tareas:

Primero, acabar con la austeridad. La austeridad es una máquina apocalíptica política en tiempos de crecimiento económico débil. El freno a la deuda de Alemania es la peor y menos flexible de todas las normas fiscales procíclicas de la UE. En teoría, debería permitir políticas anticíclicas. En la práctica, nunca funciona así. Los gobiernos siempre acaban optando por la austeridad porque es la vía de menor resistencia.

Segundo, abordar la desindustrialización de manera adulta. Los Gobiernos de Francia y Alemania fingen que no está ocurriendo. Intentan revertirla con subvenciones masivas a empresas industriales que no tienen ninguna esperanza de volver a ser rentables. La reindustrialización es una promesa que el centro no puede cumplir y que dañará aún más su credibilidad. Hay razones por las que los países avanzados de Occidente se están desindustrializando. Lo que los gobiernos deberían hacer más bien es proponer una estrategia para un orden posindustrial. El tono del debate se ha vuelto demasiado defensivo. Todo el mundo habla de amenazas y muy pocos hablan de oportunidades.

Tercero, hay que ser realistas en lo que concierne a Ucrania. A medida que Estados Unidos abandona su apoyo financiero y militar, todo el peso de la carga financiera recae sobre la UE. En tiempos de nuevas restricciones fiscales, Ucrania es un regalo del cielo para la extrema derecha. La UE debería trabajar en una estrategia de salida, que no sea la victoria total.

Y, por último, tomarse en serio la migración. Resuelvan el problema. Yo preferiría una política mucho más activa de compromiso con África y Oriente Próximo. No creo que la UE pueda proteger nunca sus porosas fronteras marítimas y sus pasos montañosos únicamente mediante la fuerza.

Lo que está ocurriendo ahora es que los errores políticos en serie de la última década —en política energética, en políticas industriales, en políticas de defensa y en la zona euro— están confluyendo. Veo la fuerza de la extrema derecha en Europa como un indicador de los fracasos políticos del centro. El Brexit no fue la consecuencia de que personas malas mintieran a personas estúpidas, sino que se debió a que la relación entre el Reino Unido y la UE se había vuelto insostenible.

Si de verdad les interesa derrotar a la ultraderecha, quizá deberían empezar por manifestarse contra la austeridad. Y resolver el problema.

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