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Columna
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Entre el Congreso y la realidad

Me sumerjo en la prensa y es como si me enfrentara a dos países diferentes, el de los que se toman un tiempo irritante en deshojar la margarita y el de aquellos a los que, por sufrir una situación vital angustiosa, el tiempo se les hace eterno

Concentración en Sevilla contra la primera sentencia para los miembros de La Manada, en abril de 2018.
Concentración en Sevilla contra la primera sentencia para los miembros de La Manada, en abril de 2018.PACO PUENTES
Elvira Lindo

Como no consigo involucrarme emocionalmente en ese grave y hasta el momento irresoluble problema territorial que dicen tiene España, siento que todas las presiones al posible gobierno de coalición que ya nos urge son lizas entre políticos que no sirven más que para alimentar la conversación repetitiva de tertulianos, que tratan de interpretarnos cada gesto con una precisión soviética. A los no avezados nos asaltan las dudas: ¿Qué se es antes, de izquierdas o independentista? ¿A quién se llevaría Esquerra a una isla desierta, a Junts o al Gobierno progresista? ¿Qué es más urgente, el marco territorial o los problemas que asfixian a los ciudadanos? Me sumerjo en la prensa y es como si me enfrentara a dos países diferentes, el de los que se toman un tiempo irritante en deshojar la margarita y el de aquellos a los que, por sufrir una situación vital angustiosa, el tiempo se les hace eterno. No es de extrañar que este arte de marear la perdiz provoque desafección en votantes, que no se sienten concernidos por este intercambio de cromos.

Pero la vida sigue, no igual, incluso empeora. De analizar el nuevo desafío indepe salto a las páginas de Sociedad en las que últimamente con inquietante frecuencia aparecen menores agrediendo sexualmente a menores. Y aunque urgiría sentarse a analizar con la cabeza fría este sórdido asunto que ha aumentado exponencialmente desde el final del confinamiento, siempre hay un micrófono erecto para que el político de turno improvise una ocurrencia sobre una realidad de la que no tiene ni puñetera idea ni le interesa. El micrófono, en el caso de los menores de Crevillent que agredieron a una niña con discapacidad, recogió las palabras del presidente de la Comunidad Valenciana, Carlos Mazón, que declaró la siguiente lindura: “Espero que no sea un efecto llamada de todo lo que estamos viendo durante estos últimos meses, porque hemos visto cómo incluso a los miembros de La Manada se les han reducido las penas, cómo están saliendo violadores y abusadores a la calle”. Ya solo la utilización de la expresión “efecto llamada”, bastante repulsiva por cuanto se refiere a la llegada de inmigrantes animados por medidas laxas en las fronteras, denota una tremenda carencia de humanidad. También una mezcla de cinismo e ignorancia interesada. Ahora resulta que estos menores que delinquen lo hacen animados porque a uno de los agresores de La Manada le han reducido un año en una condena de 15. De lo cual Mazón deduce que estos muchachos, que viven desnortados, encuentran un momento para concluir que si el castigo son solo 14 años de cárcel merece la pena engatusar a una chiquilla, llevársela a una caseta en ruinas y violarla. Más les llegará, intuyo, ese odioso lugar común de que los delincuentes entraban por una puerta y salen por la otra, transmutado ahora en violar sale gratis. La palabra reinserción ha desparecido del vocabulario. Parece casi un término de los tiempos de Concepción Arenal.

La Fiscalía General del Estado viene advirtiendo de la curva ascendente de la violencia en menores. No solo son delitos sexuales, pero impresiona la emulación de las agresiones en manada. El cuidado de la víctima por un lado y el imprescindible seguimiento de los menores delincuentes cuesta un dinero que algunas comunidades, entre otras, Madrid, están reduciendo en sus partidas presupuestarias. Intervienen en este horror una suma de factores: haber dejado la iniciación sexual en manos del porno, la negativa de PP/Vox a que exista educación en los colegios, la violencia intrafamiliar, los pésimos o nulos referentes masculinos y la creciente exclusión social. Todo ello nos pide a gritos un plan integral que proteja a víctimas y que evite que los perpetradores se entreguen a una delincuencia de por vida. Pero para ello es necesario una asunción general de nuestra responsabilidad, dejarnos un poco ya de disquisiciones filosóficas en torno al consentimiento y saber que tenemos un gravísimo problema de violencia en la capa más vulnerable, los menores, los invisibles.

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Sobre la firma

Elvira Lindo
Es escritora y guionista. Trabajó en RNE toda la década de los 80. Ganó el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por 'Los Trapos Sucios' y el Biblioteca Breve por 'Una palabra tuya'. Otras novelas suyas son: 'Lo que me queda por vivir' y 'A corazón abierto'. Su último libro es 'En la boca del lobo'. Colabora en EL PAÍS y la Cadena SER.

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