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Anatomía de Twitter
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

IJBOL o la guerra por reírse bien

Adiós al jajajá. Ahora, para probar que te estás muriendo de la risa, se ha popularizado una nueva expresión

La risa de Kamala Harris se ha convertido en el símbolo del 'IJBOL' en Twitter.
La risa de Kamala Harris se ha convertido en el símbolo del 'IJBOL' en Twitter.KEVIN WURM (REUTERS)

Poco antes de la pandemia, una amiga que se dedica a la producción y servicios de alquiler audiovisual decidió no volver a contestar un correo de trabajo con exclamaciones o emojis. No salió bien. Uno de sus clientes, al que nunca vio frente a frente, se sintió molesto por su gestión comunicativa y optó por no volver a contar con ella para sus producciones en España. Mi amiga intuyó que el plantón fue por no haber sido “lo suficientemente chica” en sus mensajes. Había sido profesional y el rodaje no había tenido complicaciones, pero sabía que no se había expresado de la forma complaciente y entusiasta con la que, hoy en día, se espera que interaccionemos las mujeres en la Red. Cuando me lo contó, yo solo pude alegar que, más que por género, me parecía lógico que la abandonaran sin mirar atrás. Solo sociópatas (y mayores de 45 años) eluden las exclamaciones en el correo laboral o añaden un punto al acabar todas y cada una de las frases en un chat, incluida la última. Por algo se viraliza cada poco un meme en el que se ve a una joven mirando extrañada a su móvil mientras se lee sobreimpreso: ¿está tu madre enfadada contigo o simplemente está utilizando la puntuación en un mensaje? En esta era en la que vivimos enfangados 24 horas al día en correos o en chats de mensajería instantánea, la etiqueta conversacional se siente, y ejecuta, de forma distinta.

Recordé lo premonitorio del incidente mientras me enganchaba a vídeos graciosos de TikTok sobre qué pasa cuando las mujeres escriben los correos como hombres. Los mencionó la periodista Joana Girona en su ensayo hazlo cUUUUUUte: ¿cómo escribimos en Internet?, un interesantísimo texto publicado en el LAB del CCCB sobre por qué es más conveniente de lo que creemos que en lo digital nos comuniquemos como lunáticos, gritándonos sin motivo con un uso desmesurado de mayúsculas y menos puntos y aparte que En el camino de Kerouac. Leyendo a Girona descubrí que existen “lingüistas de internet” como Gretchen McCulloch, figuras que desde el canon académico nos abrazan a las que somos apóstatas de la RAE en lo digital asegurando que no es falta de respeto ni signo de incultura escribir de forma diferente según la aplicación que usemos.

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La sensación triunfal no duró mucho. Todas las ínfulas de moderna conectada al espíritu de su tiempo se evaporaron cuando leí que ahora, para reírse a carcajadas, ya no sirve escribir ni el LOL primigenio (acrónimo en inglés de Laughing Out Loud o reírse de forma estridente) ni el jajajá patrio (porque un ja a secas indica sarcasmo y el jaja es una risa sin más). Por lo visto, para probar que te estás muriendo de la risa y te entienda todo Twitter se debe escribir IJBOL, que por sus siglas en inglés es I Just Burst Out Laughing (me acabo de partir de risa). The New York Times recogía que aunque el uso de IJBOL no es precisamente nuevo, la gente que ahora lo utiliza, movida por su uso en la comunidad del K-pop, lo hace porque se ha roto de la risa realmente delante de la pantalla, con ronquido incluido. Es una risa genuina, no como esos “jaja” que tecleamos sin mover el rictus desde nuestras oficinas silenciosas. Pese a lo simbólico del hallazgo de una expresión que por fin alinee nuestros chacras analógicos y digitales con la magia de una sonora carcajada, no puedo evitar leerlo y sentirme anciana en esta guerra por saber reírse mejor. Y eso que siempre, ahí dentro, soy de las que, para los confesos de la Fundéu, escribe como si estuviera como las maracas.


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