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Tribuna
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La batalla no está en las banderas, está en las políticas

Los medios siguen entrando al trapo de los cebos culturales de la ultraderecha, en lugar de destacar los logros o centrarse en críticas reales a planteamientos que pueden revertir derechos

Manifestación del Orgullo en Náquera (Valencia), el pasado 28 de junio.
Manifestación del Orgullo en Náquera (Valencia), el pasado 28 de junio.ANA ESCOBAR
Carmen Domingo

Si las discusiones políticas en los medios están a la orden del día, mucho más si nos encontramos a las puertas de unas elecciones generales como las que se nos presentan el próximo 23-J, en las que parece claro que habrá un resultado reñido entre los dos partidos mayoritarios.

A los votantes tendrían que preocuparnos los programas electorales de todas las formaciones, no solo porque debería decidir nuestro voto, sino también porque nos informa de las políticas que se pondrán en marcha en la próxima legislatura.

Hasta aquí, nada nuevo. Sin embargo, mirando, leyendo o escuchando a un lado y a otro, una tiene la sensación de que esas preocupaciones se apartan, y dan paso a los temas decididos por la ultraderecha, que acaban por marcar la agenda política en los medios. Así, la izquierda acaba yendo a remolque de unas polémicas que ella no ha decidido y perdiendo la batalla cultural y política. Crean un círculo mediático con el que montar una caricatura en la que caen tanto medios como redes sociales y dejan la política a un lado en aras del ruido.

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El truco es sencillo y conocido de los medios de comunicación: la cortina de humo. En la película con ese mismo título, protagonizada por Dustin Hoffman y Robert de Niro, lo vemos con claridad. Cuando pillan al presidente de Estados Unidos haciéndole insinuaciones sexuales a una menor, un asesor se inventa una trama con una guerra ficticia para desviar la atención del escándalo. Se trata de crear ruido, cuando más mejor y cuanto más tiempo dure, también mejor, y borrar el tema de los medios. Es la forma más fácil de aturdir y distraer a la opinión pública, o sea, a los futuros votantes.

Daré ejemplos.

La ultraderecha, aprovechando el mes del Orgullo, ha logrado que se centre su discurso de estos días en las banderas LGTB (si ponerlas o no). En realidad, desde la izquierda deberían haber tenido claro que la discusión no es esa, la discusión debería hablar de derechos y de si estos se han visto, o no, mejorados en esta última legislatura, si hay o no menos agresiones homófobas... La discusión incluso (como ha pasado en Náquera) ha servido para ocultar el desproporcionado aumento de sueldo de alcaldes y concejales, un dinero que podría ir dirigido a las políticas de igualdad.

El otro día, Vox se desmarcó del minuto de silencio por las víctimas de violencia machista de Albacete. Los medios no dudaron, distrayéndonos del problema real. Y el caso es que todas las semanas aumentan las víctimas de violencia machista en nuestro país y la apuesta mediática debería ser cómo tratar de mejorar las condiciones de las víctimas, así como ampliar las medidas contra los maltratadores.

En Extremadura, el PP ha conseguido que se hable más del pacto con Vox que de lo que supone haberle dado a la ultraderecha la Consejería de Mundo Rural. O sea, los negacionistas del cambio climático se hacen con el poder. En realidad, a los ecologistas un determinado discurso medioambiental les viene muy bien, porque así pueden criticar sus políticas y no asumir que no se ha podido parar el calentamiento.

Y así, logros como la subida sin precedentes del SMI, la mejora de las pensiones, la mejora de la reforma laboral con el aumento de los contratos indefinidos, o el escudo social creado durante la pandemia, ya no están en la agenda del debate electoral. Temas en los que justamente a la ultraderecha no le apetece entrar. Quizás porque le gustaría evitar la subida del SMI, no incrementar las pensiones con el IPC o facilitar el despido y la precariedad laboral. Es fácil que así sea, pero no lo dirá en campaña. Y, lo peor, nadie se lo preguntará, porque los medios siguen entrando al trapo de los cebos culturales de la ultraderecha, en lugar de mantenernos firmes en los logros, o en las críticas reales a políticas de la derecha que a buen seguro, si gana, llevará a la práctica arrebatando muchos de los derechos adquiridos.

En cambio, han logrado llevar el debate (la cortina de humo) a asuntos que, reconozcámoslo, el Gobierno de coalición tiene pendiente resolver, es decir, no los puede presentar como éxitos: los datos de violencia machista aumentan, la homofobia también, y el calentamiento global no se frena.

Y al final, dos cosas están claras: que el humo, siempre se disipa, y ni que decir tiene que entonces salta a la vista la realidad y que esta táctica, no podía ser de otro modo, perjudica a los de siempre, a los que más necesitan de una política que los ayude. Así que tengamos cuidado, no sea que vaya teniendo razón Bauman: “Si los pobres están distraídos, los ricos no tienen nada que temer”.

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