columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Regreso a la edad de piedra en Ucrania

Las monstruosidades de la guerra contra la población civil tienen su origen en la “guerra contra el terror” de EE UU en Afganistán e Irak y la campaña de Rusia en Chechenia

Una calle de Bucha (Urcrania), ciudad en la que se investiga el asesinato de civiles por tropas rusas, el pasado abril.
Una calle de Bucha (Urcrania), ciudad en la que se investiga el asesinato de civiles por tropas rusas, el pasado abril.Chris McGrath (Getty)

Será duro el invierno. Especialmente para los ucranios. En el mejor de los casos, con severas restricciones de luz, agua y gas. En el peor, con un brutal retroceso a la edad de piedra, a oscuras, sin alimentos y bajo las bombas, en la mayor de las inseguridades. Exactamente la amenaza que profirió la Casa Blanca contra Pakistán en 2001 si no colaboraba en la lucha contra Al Qaeda tras los atentados del 11-S contra las Torres Gemelas y el Pentágono.

Aunque Vladímir Putin no era un principiante, pues ya contaba con la demoledora experiencia de su guerra en Chechenia, a la vista está que ha aprovechado las peores lecciones que impartieron George W. Bush y sus neocons como sombríos capítulos de la guerra global de Estados Unidos contra el terror, de la que tanto provecho sacaron todos los autoritarismos, hasta ahora mismo: la guerra preventiva y unilateral, la desatención a las convenciones internacionales, la anulación del habeas corpus para los detenidos, los secuestros de sospechosos en territorio extranjero, la subrogación de los interrogatorios a países dictatoriales, las mentiras de las armas de destrucción masiva, el limbo legal de Guantánamo, las torturas de Abu Ghraib, los bombardeos indiscriminados sobre civiles, el uso sistemático de los drones para liquidar a los enemigos declarados…

Entre los resultados más tangibles de aquella enseñanza perversa se cuenta el grupo Wagner, el ejército mercenario del oligarca y amigo de Putin Yevgeny Prigozhin. No se entenderían sus actuales actuaciones en Ucrania, y anteriormente en Siria o en África, sin el antecedente de la empresa Blackwater, la mayor de las milicias contratadas por Washington para combatir en Irak. Quien dictó propiamente esta lección, tan bien asimilada por el Kremlin, fue Donald Rumsfeld, el secretario de Defensa de Bush, que concibió una revolución en los asuntos militares en la que ocupaba un lugar destacado la privatización de la guerra.

Cuando un tema da mucho que hablar, lee todo lo que haya que decir.
Suscríbete aquí

De esta hibridación autoritaria entre la derecha neocon de Estados Unidos y el KGB poscomunista surge el actual monstruo. Su eficacia es asombrosa y no precisamente en tareas militares, en las que no destaca precisamente por sus victorias, sino por la abundante carne de cañón que proporciona a Putin para que alimente la máquina infernal de la guerra. Los reclutas salen de las prisiones, donde dejan espacio para que la policía las llene de nuevo con los disidentes y los remisos a la leva forzosa. Dado que el contrato incluye la libertad a su vencimiento, también libran a la sociedad de ciudadanos poco recomendables, puesto que en su inmensa mayoría o no regresan con vida o regresan mutilados. Sin modificación legal alguna, la Federación Rusa consigue los efectos de una aplicación masiva y aleatoria de la pena de muerte. Es un auténtico programa de limpieza social, lógicamente encubierto, que se suma a los efectos de limpieza étnica de un reclutamiento forzoso dirigido a conformar un ejército compuesto fundamentalmente por soldados originarios de las repúblicas asiáticas y caucásicas.

Las redes sociales han difundido las imágenes de la ejecución a mazazos de Evgeny Nuzhin, un miliciano reclutado en una cárcel rusa donde cumplía condena por asesinato, que desertó solo llegar al frente y se pasó a territorio de Ucrania para combatir contra los rusos, según sus propias palabras. No se sabe las circunstancias de su detención por Wagner, si fue secuestrado en la calle en Kiev o canjeado como combatiente ruso por prisioneros ucranios. Como antes el Estado Islámico con sus decapitaciones, la empresa militar rusa ha utilizado las redes sociales para exhibir un método de escarmiento para los desertores que ya había utilizado en Siria. Todo muy propio de la edad de piedra.

Suscríbete para seguir leyendo

Lee sin límites

Sobre la firma

Lluís Bassets

Escribe en EL PAÍS columnas y análisis sobre política, especialmente internacional. Ha escrito, entre otros, ‘El año de la Revolución' (Taurus), sobre las revueltas árabes, ‘La gran vergüenza. Ascenso y caída del mito de Jordi Pujol’ (Península) y un dietario pandémico y confinado con el título de ‘Les ciutats interiors’ (Galaxia Gutemberg).

Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS