ANATOMÍA DE TWITTER
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Coraje e insolencia: los ingredientes de la revuelta iraní en redes

Llegan cada día desde Twitter imágenes que hasta hace relativamente poco eran impensables en la República islámica

Una mujer iraní manifestándose por la muerte de Masha Amini frente al Consulado de Irán en Turquía, el pasado 22 de septiembre.
Una mujer iraní manifestándose por la muerte de Masha Amini frente al Consulado de Irán en Turquía, el pasado 22 de septiembre.Francisco Seco (AP)

En unos días se cumplirán dos meses del asesinato de Masha Amini, la joven iraní a quien la Policía de la Moral mató por llevar mal puesto el velo. Desde entonces, la represión ejercida por los Guardianes de la Revolución al movimiento de protesta impulsado por la juventud ha alcanzado un nivel de violencia inimaginable: las detenciones —12.500, según las ONG— y los asesinatos en plena calle, a la vista de todos, se han convertido en escenas cotidianas. Frente a la barbarie, la movilización de los jóvenes sigue más viva que nunca. El coraje descomunal que demuestran despierta una cierta tristeza al observar la poca atención que esta revuelta, considerada por sociólogos como Smaïn Laacher como quizás la mayor revolución feminista en curso en el mundo, recibe en los medios de comunicación. Una desatención que compensan las redes, en particular Twitter, donde nos llegan cada día imágenes marcadas por una insolencia que hasta hace relativamente poco era impensable en la República islámica y en el mundo musulmán en general.

Al igual que la primavera árabe, las redes sociales son una herramienta fundamental de la contestación de la juventud iraní: grabar los ataques a los símbolos del poder político se ha convertido en una tendencia en sí. En los numerosos vídeos que circulan en la red, vemos a mujeres jóvenes, e incluso abuelas, quitarse el velo y cortarse el pelo, a otras bailar en la calle, a estudiantes haciendo una peineta al retrato de Alí Jamenei (actual líder supremo de la Revolución Islámica), y Rouhollah Jomeini (antiguo líder de la Revolución de 1979), pintadas de insultos dirigidas a los dirigentes en las calles de las principales ciudades del país o incluso a adolescentes popularizar el peligroso juego del turbante, que consiste en quitar con un golpe el turbante de los mulás (clérigos) que se cruzan por la calle para después salir corriendo. Algo que en Occidente sería una chiquillada —quién no le gastó bromas al párroco del pueblo siendo niño o adolescente—, pero que en Irán puede costarle la vida al autor o como mínimo mandarle a la cárcel.

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En los últimos días, el vídeo de Taraneh Alidoosti, una de las artistas más famosas de Irán, conocida en el extranjero por sus papeles en las películas de Asghar Farhadi, se ha vuelto viral. Sin velo y mirando a cámara, Alidoosti asegura que dejará de trabajar y que se quedará en Irán para dar apoyo a las familias de las víctimas de la represión. Luchará por sus derechos “sea cual sea el precio”. La valentía de la actriz —protagonista de un escándalo en 2016 al desvelar sin querer un puño alzado tatuado en el antebrazo en una rueda de prensa — deja atónitos a muchos tuiteros que anticipan las consecuencias que este gesto puede tener para la protagonista de El viajante. No sería la primera en desaparecer y en terminar siendo asesinada por la policía por una simple toma de posición pública. Semanas antes, fue detenido el cantante Shervin Hajipour, músico muy popular en Irán. Su delito: un vídeo en el que interpretaba la canción Barayeh , que se convertiría en el himno de la revuelta (40 millones de vistas en las primeras 48 horas), y en el que se veían desfilar tuits pidiendo libertad por parte de una generación que solo ha conocido la represión y el poder de los ayatolás.


La canción de Hajipour —liberado luego bajo fianza— adquirió otra dimensión cuando, el pasado 28 de octubre, el grupo Coldplay la interpretó durante un concierto en Buenos Aires, acompañado por otra musa de Farhadi, la actriz exiliada Golshifteh Farahani.

Ojalá este gesto y los centenares de vídeos que inundan las redes estos días sirvan para que el resto del mundo no se olvide del coraje inédito que está demostrando la juventud iraní.


Sobre la firma

Carla Mascia

Periodista franco-italiana, es editora en la sección de Opinión, donde se encarga de los contenidos digitales y escribe en 'Anatomía de Twitter'. Es licenciada en Estudios Europeos y en Ciencias Políticas por la Sorbona y cursó el Máster de Periodismo de EL PAÍS. Antes de llegar al diario trabajó como asesora en comunicación política en Francia.

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