Columna
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Disimulen su democracia

¿Qué pretenden ustedes? ¿Ir por el mundo como si los derechos humanos fueran algo universal que hay que defender y difundir en todos lados? Vaya falta de diplomacia

Varias personas ondean una bandera arco iris durante la manifestación del Orgullo en Madrid
Varias personas ondean una bandera arco iris durante la manifestación del Orgullo en MadridJAIME VILLANUEVA

¿Qué pretenden ustedes? ¿Ir por el mundo como si los derechos humanos fueran algo universal que hay que defender y difundir en todos lados? Vaya falta de diplomacia, vaya etnocentrismo europeo colonizador que pretende imponer los valores de esta cultura a las culturas de otros países. ¿Se creen ustedes superiores por ser demócratas? ¿Por permitir la libertad y que todo el mundo haga con su vida lo que le dé la gana, incluyendo la posibilidad de acostarse con personas del mismo sexo? Hasta aquí podíamos llegar, hasta el punto de poder irse uno a Qatar a ver un Mundial de fútbol y ofender al anfitrión mostrándose abiertamente gay. ¿Por qué se escandalizan tanto con las palabras del flamante ministro de Exteriores británico al pedir a los homosexuales que disimulen su condición cuando entren en el país árabe? No será la primera vez que a los europeos se les pide que dejen en la puerta, como los zapatos que se quitan para pisar las mullidas alfombras, todo lo que pueda herir la sensibilidad de quien dispone de riqueza suficiente para comprarlo todo, incluso aquellos derechos y libertades que se han venido ganando con sudor y sangre.

Contrasta lo rápido que se le ha pedido a James Cleverly que rectifique sus “recomendaciones” de viaje con las tantas otras veces en las que nadie ha pronunciado ni una sola palabra para recriminar la claudicación ante Estados que vulneran sistemáticamente los derechos individuales. Cuenten las veces que mandatarias occidentales, orgullosas defensoras de la paridad y la igualdad, deudoras de los logros del feminismo, se han presentado ante gobernantes musulmanes con la cabeza tapada por un velo. Claro que también corren instantáneas de ministras españolas con grotescas mantillas para visitar al papa de Roma. La diplomacia, nos dijeron siempre, consiste en eso, en la genuflexión, la renuncia a todo aquello que en territorio patrio se defiende con uñas y dientes. ¿Que hay que asistir a reuniones que son auténticos campos de nabos porque la sensibilidad local tiene encerradas a las mujeres? Pues se asiste. ¿Que hay que pedir a gais y lesbianas que se comporten y lo sean menos en presencia de homófobos respetables? Pues se les pide. ¿Que hay que recibir a jeques con sus segundas o terceras esposas? Pues ¡bienvenido míster polígamo! Hagámonos todos marxistas a lo Groucho: esta es mi cultura democrática y estos los pilares de mi sistema, pero si no les gustan, tengo otros. Al fin y al cabo es su cultura y además (un pequeño matiz): es su dinero.

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