Editorial
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Putin, hacia el hundimiento

Moscú viste sus derrotas con falsos referendos de anexión en zonas de Ucrania que no ocupa del todo y la amenaza nuclear

El presidente ruso, Vladímir Putin, subía el dia 30 al escenario durante un mitin en la Plaza Roja de Moscú para celebrar la anexión a Rusia de cuatro regiones ucranias.
El presidente ruso, Vladímir Putin, subía el dia 30 al escenario durante un mitin en la Plaza Roja de Moscú para celebrar la anexión a Rusia de cuatro regiones ucranias.Europa Press

Las únicas victorias de Vladímir Putin son propagandísticas. Sus éxitos son terribles y sangrientos, puesto que consisten en vengarse de las derrotas militares con el bombardeo sobre civiles indefensos que huyen de los combates, como ha sucedido en Zaporiyia. O retóricos, como la sombría celebración de la anexión de cuatro provincias ucranias en Moscú a la misma hora en que sus tropas retrocedían y huían ante el avance de su enemigo ucranio en la ciudad de Liman.

El presidente ruso es tan solo un maestro en la amenaza y el amedrentamiento. Hasta ahora ha exhibido unas pobres dotes de comandante en jefe de unos ejércitos cada vez más desprestigiados y unas lamentables dotes políticas y diplomáticas en la torpe gestión internacional del conflicto. Hay dudas muy serias sobre los efectos de la movilización parcial, que hasta ahora ha conseguido que sean menos los reclutas alistados que los jóvenes rusos huidos al extranjero. Incluso sus amenazas nucleares resultan perjudiciales para el apoyo a su causa, crecientemente observada con recelo incluso por los países más afines a sus propósitos antioccidentales.

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Más preocupantes son los presumibles atentados al gasoducto Nordstream con los que pretende demostrar no solo la fragilidad del suministro de energía a Europa, sino las habilidades rusas en la guerra híbrida, con capacidad para ocultar la autoría de los ataques y de conseguir que parte de las opiniones públicas de los países democráticos compren la idea de que el responsable pueda ser alguno de los Estados que sufren sus efectos. Son el paso previo al temido ataque nuclear táctico, que los amigos más truculentos de Putin ya le recomiendan y nadie entre los aliados de Kiev descarta a estas alturas del enconamiento.

El balance catastrófico de la guerra de Putin no da pie al optimismo sobre un fin próximo de los combates. Con el grifo del gas en una mano y la amenaza nuclear en la otra, Putin pretende sembrar este invierno la discordia entre los aliados europeos y entre estos y Estados Unidos. Habiendo declarado formal e irreversiblemente anexionadas las cuatro provincias, y a pesar de no controlarlas en su integridad, intentará romper el frente unido alrededor de Volodímir Zelenski para promover su cesión definitiva a cambio de la paz. El presidente ucranio ya ha dado la respuesta implícita a este envite, al presentar la candidatura de su país a la Alianza Atlántica, exactamente la ofensa y el motivo formal por los que Putin se lanzó a la guerra. Tiene toda la lógica la contestación mesurada del secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg. Ucrania tiene todo el derecho a pedir el ingreso, pero debe obtener el acuerdo de los socios, inviable en las actuales condiciones de guerra abierta con Moscú y de amenaza nuclear rusa.

Nadie puede exigir a Ucrania que ceda ni una pulgada de su territorio soberano, ni siquiera de la península de Crimea, tan fácil como erróneamente identificada como territorio históricamente ruso, cuestión que Erdogan se ha encargado de desmentir. Cualquier cesión territorial corresponde exclusivamente al Gobierno democrático de Kiev, a cambio de más que sólidas y consistentes garantías de seguridad para evitar una nueva agresión rusa, algo que solo puede resolver una cláusula de defensa mutua del mismo nivel que el artículo 5 del Tratado Atlántico. El antecedente del Memorándum de Budapest, que garantizaba la integridad territorial a cambio del desarme nuclear de Ucrania y fue firmado en 1994 y luego violado desde 2014 por Rusia, constituye suficiente argumento para una prevención de Kiev que merece todo el apoyo de sus aliados.

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