Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Un PP tripartito

La división de posiciones en el partido no favorece el objetivo indispensable de ahorrar energía en el inmediato futuro

Ayuso, Feijóo (cuarto por la derecha) y Moreno (a su derecha), con otros barones populares el sábado en la toma de posesión del presidente andaluz, en Sevilla.
Ayuso, Feijóo (cuarto por la derecha) y Moreno (a su derecha), con otros barones populares el sábado en la toma de posesión del presidente andaluz, en Sevilla.Julio Muñoz (EFE)

Legislar y prohibir no son siempre lo mismo pero a veces legislar consiste en poner límites a la acción particular en favor del bien común. El decreto ley que el Gobierno aprobó este lunes con recomendaciones y restricciones en el uso de la energía aspira a conciliar ambas cosas, se sitúa en línea con la exigencia de la UE de un ahorro de energía efectivo e indispensable y en línea también con las actuaciones de la mayoría de los gobiernos europeos (y muchas de las grandes capitales internacionales). El revuelo de baja red que ha causado la negativa de la presidenta de la Comunidad de Madrid a aplicar el decreto —con argumentos muy parecidos a los de un diputado de la neofascista Alternativa por Alemania en relación con Berlín— busca de nuevo la confrontación con el Gobierno de la nación con causas espurias. En lugar de favorecer la aclimatación social de medidas difíciles en circunstancias difíciles sabotea ese fin y halaga las ansias de seguir como siempre de buena parte de la población, mientras exaspera por su irresponsabilidad a otra buena parte de la población.

No hay nada nuevo y es parte de la estrategia de comunicación de la Comunidad de Madrid desde hace mucho tiempo. Lo llamativo en este caso es el silencio intermitente o selectivo que ha mantenido el partido al que pertenece Isabel Díaz Ayuso y, en particular, el líder que supo sofocar la rebelión interna que encarnaba la presidenta madrileña y conquistar la presidencia del partido bajo la consigna de la moderación y el sentido de la responsabilidad. No han aparecido aún esos rasgos en este contencioso. Ayuso contradice abiertamente la posición pública y sensata de Feijóo en torno a la necesidad de medidas capaces de favorecer el ahorro energético. Tendría doble sentido esa intervención: reforzaría el sentido de Estado del líder del partido mayoritario de la oposición pero también podría proponer correcciones y matices a unas medidas que no pueden ser de aplicación uniforme y universal. La infinita variedad de comercios que se verán afectados por las restricciones merece una modulación variable y adaptada a las diferentes condiciones materiales para cumplir el objetivo.

El silencio de Feijóo ha sido seguido por numerosos barones populares, quizá intimidados por la rotundidad de los mensajes de Ayuso adversos a las medidas del Gobierno. Hay todavía una tercera actitud en el seno del PP, como la que ha explicitado Andalucía, gobernada por Juan Manuel Moreno Bonilla, y en buena sintonía con Feijóo: aceptar la necesidad de esas medidas para no incurrir en la irresponsabilidad de obviar los riesgos y las amenazas en el futuro inmediato de carestía de energía. Un PP tripartito podría ser también una estrategia política muy poco moderada: ruido mediático contra medidas razonables (Ayuso), silencio comprensivo y complaciente (Feijóo) y responsabilidad de gobierno (Moreno Bonilla). Pero un PP con tres posiciones no ayuda exactamente a afrontar un futuro en el que la necesidad de ahorrar energía es objetiva.

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