Ofensiva de Rusia en Ucrania
Tribuna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las tribunas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

La historia se ha desbocado en Ucrania

Vladímir Putin ha cruzado el Rubicón y ha entrado en un tiempo de guerra. Para él no hay vuelta atrás. Ahora resulta vital que mostremos voluntad política y serenidad. De lo primero nos sobra; sin embargo, lo segundo es escaso

Un soldado ucranio maneja un cañón antiaéreo en la línea del frente al noreste de Kiev, el 3 de marzo.
Un soldado ucranio maneja un cañón antiaéreo en la línea del frente al noreste de Kiev, el 3 de marzo.ARIS MESSINIS (AFP)
Luuk van Middelaar

La Historia es como un caballo desbocado que galopa en medio de la noche. Esta era la imagen que resumía la noche de la caída del muro de Berlín, según la expresión del expresidente del Gobierno español Felipe González. Desde el pasado 24 de febrero volvemos a vivir un momento parecido. En las primeras horas de ese jueves, la Historia salió desbocada del establo. ¿Podremos volver a domeñar ese caballo?

Con la invasión de Ucrania, el presidente Putin se ha arrojado a lo inimaginable, ha cruzado el Rubicón, ha entrado en un tiempo de guerra. Para él no hay vuelta atrás. Fuego y llamas; todo o nada. Ahora es vital que, por nuestra parte, mostremos voluntad política y serenidad. De lo primero nos sobra; sin embargo, lo segundo es escaso.

Cuando un tema da mucho que hablar, lee todo lo que haya que decir.
Suscríbete aquí

1. Cuando los peligros son grandes se desatan fuerzas inesperadas. Para empezar, Ucrania, que ha encajado con valentía los primeros golpes, está aguantando y ha alcanzado una gloriosa victoria en la batalla inicial por la opinión pública europea. Ya no estamos ante un país caótico de 40 millones de habitantes a orillas del mar Negro, sino ante una nación que se presenta como portadora de la promesa democrática de Europa y en la que el presidente Zelenski aparece como un héroe universal.

Casi igual de inesperada y súbita ha sido la movilización política de Alemania. La República Federal quiere abandonar el vagón de cola de la OTAN, se está armando en serio (destinando a defensa 100.000 millones más de euros, sólo en este año 2022) y apoyará militarmente a Kiev. Berlín está rompiendo con la política de apaciguamiento económico de Moscú, reconociendo que su dependencia del gas ha sido un error estratégico y enfrentándose a la ingenuidad y la hipocresía del modelo de exportación germano (hacer negocios con déspotas con el pretexto de que así se pueden propagar las libertades). El despertar geopolítico alemán que buscaron sus vecinos orientales y no lograron severos presidentes estadounidenses durante muchos años, ahora lo ha logrado Putin de un plumazo. Acción y reacción.

El canciller Scholz habló en el Bundestag de un Zeitenwende (punto de inflexión) para Europa y condujo al Parlamento y a la población a esa nueva era. Parece que anunció sus decisiones sin haber informado a su propio partido, el SPD, ni a Los Verdes; sólo las conocía con antelación el ministro de Finanzas Lindner (FDP). Así es precisamente cómo el canciller Kohl aprovechó la ocasión en noviembre de 1989. Tres semanas después de la caída del muro de Berlín —otro gran acontecimiento en una historia europea que va a la carrera—, él solo planteó los planes de unificación alemana en el mismo Bundestag, asombrando a amigos y enemigos.

Este espectacular segundo Wende alemán concede a toda la Unión Europea más unidad y fortaleza. No dejan de sucederse duros paquetes de sanciones, que hasta la semana pasada Berlín no dejaba de frenar o atenuar. Europa está enseñando su poder económico y demostrando públicamente que está dispuesta a aceptar los daños que pueda sufrir su nivel de vida para lograr seguridad y paz. Es algo novedoso y deja patente una mayor profundidad en el análisis político-estratégico.

Es asombroso que la UE vaya a enviar a Kiev armas por valor de 500 millones de euros, algo que hasta la semana pasada era un tabú. De este modo, la UE también está cruzando su propio Rubicón. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció la decisión el domingo. Ahora, la alianza europea por la paz está involucrada en un conflicto en el que participa una superpotencia militar y nuclear. A los portavoces del Kremlin, veteranos en la labor de desenmascarar la hipocresía de Occidente, no se les habrá escapado que el dinero saldrá de un Fondo de Apoyo a la Paz radicado en Bruselas.

2. En consecuencia, hay energía política a raudales, aunque a veces falte temple estratégico. Esto es preocupante. Lejos de los bombardeos de Kiev y Járkov, entre los espectadores la preocupación y la inquietud pugnan por imponerse. El triunfalismo que se observa en Twitter sobre los errores de cálculo militares de Moscú es prematuro. Mientras escribo, sólo estamos en el séptimo día de la invasión. En 1940, los alemanes necesitaron cinco días y devastar Róterdam para conseguir que la pequeña Holanda capitulara.

Ahora mantener la serenidad es una cuestión de vida o muerte. La prioridad absoluta es evitar el peligro de una guerra nuclear. Es irresponsable y temerario insistir en que Putin está yendo de farol. No es algo que parezca haber calado en todos los principales políticos. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha puesto impulsivamente sobre la mesa la posible entrada de Ucrania en la UE. El lunes, Zelenski no tardó en solicitarla oficialmente. Polonia y otros países de Europa Oriental reaccionaron con ovaciones, y el martes el Parlamento Europeo aplaudió. Por el momento, los Estados miembros dubitativos guardaron silencio o hicieron matizaciones; a cualquiera le apenaría negarles a los ucranios un rayo de esperanza.

En medio de la imprudencia del Zeitenwende, parece que Von der Leyen no es consciente de que para el Kremlin, al que estamos intentando conducir a la razón, las promesas que la OTAN y la UE han venido haciendo a Kiev desde 2008 son una fuente primordial de conflictos. Y ¿qué resultado podemos anticipar?: ¿Ucrania, extinta república soviética, entra en la UE sin ser al mismo tiempo integrante de la OTAN? Lo segundo es una línea roja geopolítica, ya que podría producir una guerra nuclear entre Estados Unidos y Rusia. ¿Acaso puede la UE rescatar a Ucrania de las garras de Moscú, ahora o pronto, sin EE UU, partiendo de su propia cláusula de asistencia militar (artículo 42.7 del tratado de la UE), equivalente nunca puesto a prueba del artículo 5 del tratado de la OTAN?

Son cuestiones estratégicas de gran calado. Los giros del destino aún no han dicho su última palabra.

50% de descuento

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites
Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS