análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Villarejo, Rufián y la conspiración

Hay una frontera muy peligrosa entre creer las patrañas del comisario y utilizarlo como fuente de prueba en un atentado terrorista

Gabriel Rufián interviene en una sesión de control al Gobierno en el Congreso. EFE/Juan Carlos Hidalgo
Gabriel Rufián interviene en una sesión de control al Gobierno en el Congreso. EFE/Juan Carlos HidalgoJuan Carlos Hidalgo (EFE)

El comisario Villarejo y el diputado Rufián se vieron por primera vez las caras la tarde del 27 de mayo de 2021.

—Buenas tardes, señor Villarejo, ¿cómo está?

—Estoy en rehabilitación, tengo la espalda un poco fastidiada. El patio de cemento del hotel donde he estado es muy duro.

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—Eso me han dicho.

Villarejo acababa de salir de la cárcel después de casi cuatro años en prisión provisional acusado de organización criminal, cohecho y blanqueo de capitales. Esa tarde acudía al Congreso para declarar ante la comisión de investigación de la Operación Kitchen y, como siempre, se despachó a gusto. Estuvo hablando desde las 16.05 hasta las 19.45 —66 páginas del diario de sesiones— y siguió al pie de la letra su guion de siempre. Se trata de una técnica muy vieja, pero que sigue dando resultado. Consiste en decir cada vez una barbaridad más gorda que la anterior pero un poco menos que la siguiente. El objetivo es no dejar de ser nunca el foco de atención a la vez que se proyecta una cortina de humo sobre lo verdaderamente importante.

Se puede decir que aquella tarde Villarejo y Rufián congeniaron, no se sabe si por esa química que surge a veces entre personajes antagónicos o porque, a fin de cuentas, al comisario jubilado y al diputado de ERC les unía un objetivo común: dibujar al alimón el retrato de un Estado corrupto donde las cloacas lo contaminan todo bajo la connivencia alternativa de PP y PSOE. Rufián no fue el diputado borrascoso de otras veces, mas al contrario: dejó que Villarejo se explayase, incluso que se diese el pisto —una especialidad de la casa— sin venir a cuento:

—¿Desde dónde lo llamaron?

—Desde el gabinete de Cosidó [el director de la Policía]. Y eso que yo estaba en una operación muy importante de proximidad con el Daesh a través de Arabia Saudí y también en colocar a un colaborador en una operación en el Líbano porque nos lo pidió el FBI...

Rufián, que en cualquier otro momento se hubiera partido de risa, escucha con recogimiento, deja que el comisario fabule...

¿Y todo eso?, se preguntarán, ¿qué tiene que ver con Twitter? Tiene que ver con dos tuits consecutivos puestos en circulación por Gabriel Rufián la tarde del martes y que aún andan rebotando por la Red. En uno de ellos, escribe: “25 segundos que hielan la sangre”, y adjunta un vídeo de Villarejo durante su declaración en el juicio del caso Tándem en el que asegura que detrás del los atentados del 17 de agosto en Cataluña estuvo el CNI. Lo hace sin pruebas, sin más indicios que su vendetta personal con el exdirector de los servicios secretos Félix Sanz Roldán. Y, a pesar de esto, Rufián escribe un tuit complementario en el que anuncia: “Solicitamos YA estas comparecencias. Presidente del Gobierno. Ministro del Interior. Exdirector del CNI. Exigimos explicaciones. El Gobierno NO puede callar”.

Hay una frontera muy peligrosa entre darle cancha a las patrañas de Villarejo en asuntos políticos y utilizarlo como fuente de prueba en algo tan grave como la teoría de la conspiración en un atentado terrorista. Lo hizo el PP de Aznar y Rajoy tras el atentado yihadista del 11-M y lo hace ahora el partido de Aragonès y Rufián con el de Barcelona. En ambos casos, en contra de la versión policial y judicial. En ambos casos, para tapar asuntos menores —una derrota electoral entonces, una purga de la policía catalana ahora—. Entonces, el PP contó con el altavoz de un locutor de radio y un director de periódico que aún no han reconocido su desvarío. Ahora está Twitter y su ruido infinito. En medio, siempre, el dolor de las víctimas.


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