Colombia
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El sueño que me obliga a despedirme

Esta vez, la estrategia para construir un mejor país, una mejor democracia y una sociedad más equitativa, será en otro escenario: el político

Una vista general del Congreso de Colombia.
Una vista general del Congreso de Colombia.Daniel Garzón (GETTY)

La decisión no fue fácil, dudé mucho en dar el paso, pero, al final, me decidí. Colombia se encuentra en una de sus peores crisis. Hay una crisis económica por la que millones de personas no pueden comer tres veces al día, o casi la mitad de la población se encuentra en pobreza y pobreza extrema. También hay una crisis de seguridad que se contabiliza en masacres, descuartizamientos, homicidios a líderes y lideresas sociales, entre muchas otras acciones victimizantes. La tercera crisis es la política, donde la imagen desfavorable del presidente Iván Duque en Bogotá es igual a la imagen desfavorable de la guerrilla del ELN a nivel nacional. En fin, varias crisis en simultánea. Dicha confluencia de problemas puede ser leída de dos formas. La primera, como una situación de tristeza y desfavorable para el cambio. Pero la otra forma de verlo es, precisamente, la contraria. Un escenario donde la sociedad colombiana está pidiendo a gritos un cambio y en las elecciones de 2022 el país seguramente comenzará a cambiar.

Casi todo indica que el país comenzará a cambiar: la transformación del censo electoral, donde los jóvenes son los que mayoritariamente votarán; la era del posuribismo y el mundo posFARC; y, claro, la irrupción de una sociedad más crítica e interesada en la política. Es un país que pide a gritos un cambio, es una oportunidad única. Es ahora o nunca.

La pregunta en este punto es qué significa cambiar, y es ahí donde los problemas comienzan. Lo que se ve es que se están proponiendo cosas que no transformarán al país o que son terriblemente peligrosas. Una de esas ideas es reducir el Congreso de la República, algo que podría abrirle el camino al autoritarismo en Colombia. No se trata de reducir el Congreso, sino de que la ciudadanía deje de votar por bandidos y corruptos. Entonces, el reto es la pedagogía electoral.

Durante años he investigado el país, mandé decenas de políticos corruptos a la cárcel, investigué la seguridad de Colombia y el crimen organizado, visité casi todos los rincones del territorio, trabajé con comunidades indígenas, negras, campesinas, en fin, una carrera increíble. Ahora, la etapa de la investigación y el análisis tiene un nuevo componente y es la propuesta y la acción. He decidido, después de meditarlo mucho, participar en las elecciones de 2022 y presentar mi nombre al Senado de la República.

Al periódico EL PAÍS solo me queda darle muchos agradecimientos. Escribir en el diario más importante de habla hispana en el mundo será siempre mi gran logro profesional. Me despido reconociendo a todos mis lectores de América Latina y de Colombia.

Así es la vida, un juego de ajedrez o de repeticiones, pero en cada partida las fichas se mueven de forma diferente. Esta vez, la estrategia para construir un mejor país, una mejor democracia y una sociedad más equitativa, será en otro escenario: el político.

Malcolm X alguna vez dijo que “el poder solo respeta al poder” o lo que es lo mismo, el poder solo le cede al poder. Para cambiar las cosas se debe conquistar el poder.

Mil gracias y hasta pronto.

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