BRASIL
Columna
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Los escenarios posibles tras la “conversión” de Bolsonaro por obra y gracia del astuto Temer

Lo mejor que le podría pasar a Brasil, atormentado y empobrecido por las locuras autoritarias del bolsonarismo, es que el poder político entre en su normalidad y que la sociedad elija en las urnas con libertad

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, camina junto al exmandatario brasileño Michel Temer, el pasado 12 de agosto en São Paulo.
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, camina junto al exmandatario brasileño Michel Temer, el pasado 12 de agosto en São Paulo.Andre Penner (AP)

La pregunta más frecuente en el mundo político y empresarial tras la inesperada conversión del presidente Bolsonaro urdida por el sutil y astuto Michel Temer, es: “¿Y ahora qué?”. Los analistas políticos se estrujan los sesos para intentar entender cómo ha sido posible esa conversión de la noche a la mañana del golpista contumaz al mundo de la democracia y del diálogo y qué podrá pasar ahora.

Existen, entre otros, tres escenarios posibles, todos aún por analizar. El primero que la manifestación del 7 S, que parecía ser para Bolsonaro la pista de lance para el golpe autoritario con el que sueña día y noche, se le desbarató, no solo porque acudieron a la cita menos seguidores de los que él, en sus sueños de locura, esperaba y sobre todo porque acabó siendo pacífica, sin violencia y sin la presencia masiva y ruidosa de la policía militar y de las milicias.

Bolsonaro, según algunos de sus asesores más próximos, no quedó contento con la manifestación porque además de no haberle dado ocasión para ultrapasar la línea de la ley, la reacción de las instituciones fue inmediata y se vio de repente acosado por la posibilidad de acabar incriminado sea por el STF que por el Congreso ya que volvió a resucitar con fuerza la posibilidad del impeachment. En este escenario Bolsonaro resultó enseguida enflaquecido y contra las cuerdas. Y se vio obligado a pedir a los camioneros que desistieran de la huelga que preparaban, lo que fue interpretado como una claudicación.

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En este primer escenario, el presidente se vio acorralado y perdido y acabó acudiendo a pedir ayuda, ironía de la vida, a Michel Temer, el rey de la vieja política que él había prometido combatir. El que fuera el autor principal del impeachment de Dilma, estaba esperando el momento para volver a la escena política con un golpe de gracia. Y lo consiguió. En pocas horas hizo olvidar la manifestación golpista de Bolsonaro y lo convenció de pedir perdón de rodillas y a comprometerse a no volver a pecar. Temer fue la noticia del momento y no sabemos cuál será la cuenta que pasará por el servicio prestado.

¿Y si la conversión de Bolsonaro resultara falsa, si el pecador arrepentido no resistiera a volver a su vida de pecado y recomenzara de nuevo a atacar a las instituciones antes de perder a su rebaño de fieles frustrados y perplejos ante la conversión del mito? Es este el segundo escenario posible, pero con una particularidad, que las instituciones han salido fortalecidas, han demostrado que no están dispuestas a volver a ser amenazadas y que si él, por su instinto irresistible a la violencia y a la pelea y para no perder a sus seguidores, volviera a sus andanzas como ni nada hubiese pasado, esta vez llegaría a la batalla debilitado, ya que su inesperada confesión revelaría que se había tratado más bien de un caballo de Troya. Y como había adelantado el magistrado del Supremo, Barroso, el capitán es más “cobarde” de lo que aparentan sus bravatas.

El tercer escenario es si quienes rodean hoy a Bolsonaro lo dejaran que se arrastre hasta llegar a las elecciones sin quitarlo del poder pero también sin temer ya a sus amenazas de golpe y sin permitirle que comprometa las elecciones con su mantra de que no son confiables las urnas. En este caso, sería un mito sin corona, un golpista frustrado, un político que ha revelado no saber gobernar al país y que lo deja arruinado económica y moralmente. No sería ya un candidato fuerte, un caballo desbocado, un triunfador que llega a las urnas sino un personaje domesticado, con el peso sobre sus espaldas de un rosario de crímenes suyos y de sus hijos, un caudillo que perdió buena parte de sus huestes porque acabó arrodillado pidiendo perdón ante el gran sacerdote Temer.

Todos los análisis pueden acabar siendo desmentidos por la realidad, pero hoy, fríamente, el poderoso Mesías aparece más bien con las alas quemadas y con la apariencia de un político que, al final, ha fracasado en sus ínfulas golpistas. Y sus sueños de convertir las elecciones en un circo violento o de conseguir los votos suficientes para una reelección parecen haberse evaporado. La clase política y la empresarial son las primeras en este momento que lo que no desean y apoyan después de la tempestad bolsonarista que ha empobrecido al país y lo ha expuesto al escarnio mundial, es repetir el mandato del golpista. Y es posible que ni a los militares les interese ya la resurrección del capitán en las urnas ya que los pecados, ya confesados por él mismo, de algún modo recaen sobre los que hasta ayer lo habían apoyado.

El mejor escenario para la reconstrucción del país hoy atormentado y empobrecido económica y moralmente por las locuras autoritarias del bolsonarismo empedernido, es que el poder político entre en su normalidad y que la sociedad escoja en libertad en las urnas, en paz, sin miedos ni constricciones, a alguien como mínimo normal que intente resucitar la esperanza perdida y disipe las nubes cargadas de violencia que están amenazando a un país que lo que necesita es pacificarse y abandonar el camino que parecía estar arrastrándolo al abismo.

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