COLUMNA
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El medio es el masaje

Cada lector o espectador televisivo, cuando va a “su” diario o a su cadena, ya sabe lo que va a encontrar, convenientemente jibarizado si el asunto es complejo

Imagen del programa 'La Noche en 24 horas', que combina entrevistas y tertulia de la actualidad política.
Imagen del programa 'La Noche en 24 horas', que combina entrevistas y tertulia de la actualidad política.

Los comentarios de prensa vienen insistiendo en la condena de unos políticos que han entrado en guerra, haciendo de este modo imposible solucionar los gravísimos problemas que ahora nos afectan. Apenas sentada esa premisa, cada uno arrima el ascua a su sardina y arroja la antorcha encendida contra el adversario, al tiempo que presenta su actitud agresiva como fruto de una pretendida objetividad. Esto nos indica ya que el problema no reside solo en la clase política, sino que los medios, tanto los que abiertamente se adscriben a una franja partidaria como aquellos que exhiben su independencia, reflejan y fomentan el clima irrespirable. Como dijera el romance: “Yo no digo mi canción sino a quien conmigo va”.

Los costes para la isegoría, la expresión democrática de la opinión, resultan evidentes. Cada medio describe al adversario como un museo de horrores, al borde del mal absoluto: el fascismo adjudicado al PP, aprovechando que Vox existe, y el comunismo o el caos para la izquierda, jugando aquí con los exabruptos de Podemos. Así las cosas, ni siquiera hay manera de saber qué ha ido fallando en la gestión estatal de la pandemia (responsables: Gobierno y descentralización), en las aperturas a veces suicidas (epicentro: Madrid) o en la vacunación en zigzag (Gobierno y autonomías). Dos militancias, dos realidades.

Los medios operan así por maceración sobre la opinión pública. En el límite, cada lector o espectador televisivo, cuando va a “su” diario o a su cadena, ya sabe lo que va a encontrar, convenientemente jibarizado si el asunto es complejo. Caso del reciente manifiesto feminista de la ministra Laya, muy bien como generalización, pero ciego ante los más brutales atentados contra derechos de la mujer (uigures, Turquía, ISIS). Y nadie formula objeción alguna. Nuestro feminismo es eurocéntrico a la hora de plantear críticas. La derecha, inexistente.

La realidad cuenta poco y prevalece el espectáculo como instrumento de manipulación, el terreno privilegiado para Iglesias, que gota a gota destila sus maravillas preelectorales, amplificadas por los medios, mientras la ejecutoria anti-Ayuso y la propuesta electoral de Mónica García y de Más Madrid son relegados a la sombra. Nadie hace balance, ni a izquierda ni a derecha, de lo que hizo el vicepresidente en su gestión. Nadie pregunta qué significa ser comunista a Yolanda Díaz, futura candidata, qué piensa de Putin y China. Cuando los herederos de Stalin y Mao se muestran cada vez más amenazadores, el tema no es irrelevante.

El formato online propicia, en fin, las restricciones. Un texto puede potenciarse, otro quedar en semi-secreto, y un reportaje o un artículo pueden ser modificados a posteriori. La camisa de fuerza permanece invisible, y el medio se convierte definitivamente en el mensaje.

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