COLUMNA
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La insoportable frivolidad de la autoridad antisistema

Casi no nos sorprende ver a un político alentando a la violencia callejera: lo entendemos mejor si es Trump quien lo hace

Concentración en Madrid contra la condena a Pablo Hasél.
Concentración en Madrid contra la condena a Pablo Hasél.RICARDO RUBIO / EUROPA PRESS / Europa Press

“Todo mi apoyo a los jóvenes antifascistas que están pidiendo justicia y libertad de expresión en las calles”, tuiteó el portavoz parlamentario de Unidas Podemos, Pablo Echenique, acerca de los altercados por la condena a Pablo Hasél. La trayectoria por la que el desacuerdo con una sentencia en un caso de libertad de expresión te lleva a quemar contenedores y asaltar comercios y redacciones es una travesía tan deprimente como el deslizamiento semántico que conduce desde la oposición al fascismo hasta el vandalismo nihilista. Laura Borràs celebraba que se utilizara un cartel electoral de Junts como protección en las manifestaciones: como recordaba Juan Soto Ivars, en teoría es jefa del partido del consejero de Interior que dirige a los mossos que disparaban las pelotas de goma. Imputada en un caso de corrupción y líder de un partido que preside un prófugo de la justicia, desacredita el sistema legal español: entre otras cosas por la cuenta que le trae. Echenique es portavoz de uno de los dos partidos del Gobierno.

La democracia española ha conseguido integrar demandas y puntos de vista muy distintos. Hay canales de representación, pero quienes están incómodos con el sistema no pueden hacer todo lo que quieren: hay gente que piensa de otro modo y hay un entramado de límites y contrapesos. En otoño de 2017 los independentistas violaron los derechos de quienes tenían una opinión diferente a la suya y rompieron las leyes. Tras el fracaso, son insurrectos y a la vez conscientes de su impotencia: lo vimos en el apreteu de Torra y lo vemos esta semana. Otro tanto ocurre con Podemos: pueden entrar en el sistema pero no doblegarlo. Intentan erosionar el sistema, y muestran una rebeldía cosmética, una ética de la irresponsabilidad.

Hemos naturalizado esta esquizofrenia. Casi no nos sorprende ver a una autoridad alentando a la violencia callejera: lo entendemos mejor si es Trump quien lo hace. Esta frivolidad obscena tiene algo de peterpanismo político. Es inmadura en su narcisismo: hablan de empatía y solidaridad pero olvidan a los afectados por los disturbios; hablan del respeto a lo público y excluyen las cosas que rompen (no digamos a la policía). Es literalmente irresponsable: hay alguien a quien achacar las decisiones más antipáticas. Encuentran excusas para portarse mal y confían en que los adultos aparecerán: para echarles la culpa o para solucionar las cosas cuando los problemas sean demasiado grandes. @gascondaniel

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