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Columna
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Vacunas a la europea

Querer a la UE porque nos beneficia hoy es como querer a un amigo por los favores que nos hace. No será una amistad sólida. El europeísmo exige asumir sacrificios hoy por un mañana mejor para todos

Víctor Lapuente
Reunión del Consejo Europeo el pasado jueves para abordar una respuesta común ante la covid-19.
Reunión del Consejo Europeo el pasado jueves para abordar una respuesta común ante la covid-19.OLIVIER HOSLET / POOL (EFE)

Estamos tan sometidos a la tiranía de la inmediatez que la tendencia más popular estos días es vapulear a la Unión Europea por la vacunación contra la covid. Quienes han lapidado con más fruición a la UE son curiosamente las voces más sensatas del europeísmo, como Wolfgang Münchau, ayer mismo en este periódico. No les faltan razones objetivas a los críticos con la gestión de la UE; los números son negativos si nos comparamos con Israel o el Reino Unido. Pero es ahí donde reside el problema de su razonamiento: el europeísmo debe estar por encima de las cifras.

Desde el punto de vista de la eficacia y eficiencia, otros países desarrollados lo están haciendo mejor. Los británicos tienen, por primera vez, un motivo pragmático para el Brexit: si estuvieran en la Unión, hubieran vacunado escasamente a un 2% de su población en lugar del actual 10%. Y es que pocos dudan de que, si los miembros más ricos de la UE, como Austria o Dinamarca, hubieran comprado las vacunas de forma autónoma, estarían hoy más cerca de las tasas de inmunización de Israel que de sus mediocres números actuales.

Pero el valor de una institución, ya sea la Unión Europea o el Ayuntamiento de Mojácar, se mide por la triple E: eficacia y eficiencia, pero también equidad. Dentro de un mismo territorio sin fronteras, sería tremendamente inequitativo que unos, como suecos y alemanes, estuvieran ya en primavera haciendo vida normal en las terrazas mientras otros, como búlgaros o griegos, vivieran confinados. Afortunadamente, la UE está liderada por una de las pocas personas con fuertes convicciones éticas que quedan en la política: Angela Merkel. Y, de la misma manera que durante la crisis de los refugiados en 2015 y del euro poco antes, Merkel ha estado dispuesta a sacrificar el bienestar presente de sus conciudadanos por la concordia con el resto de la UE y también por el beneficio futuro de Alemania. Con otro liderazgo europeo, la vacunación hubiera sido una guerra fratricida entre las naciones europeas por conseguir dosis rápidas.

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La cuestión de fondo es qué sustenta el europeísmo. Querer a la UE porque nos beneficia hoy es como querer a un amigo por los favores que nos hace. No será una amistad sólida. El europeísmo exige asumir sacrificios hoy por un mañana mejor para todos. Ojalá Merkel nos inmunice contra este europeísmo de jeringuilla. @VictorLapuente

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