Columna
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Biden y un andrajo descolorido por el tiempo

Al nuevo presidente de EE UU le toca acabar con la vieja herencia de señalar al otro como culpable

Una persona pasa entre las 200.000 banderas instaladas frente al Capitolio, un día antes de que Joe Biden jurara como nuevo presidente de Estados Unidos.
Una persona pasa entre las 200.000 banderas instaladas frente al Capitolio, un día antes de que Joe Biden jurara como nuevo presidente de Estados Unidos.JUSTIN LANE / EFE

Una manera de acercarse a las turbulencias profundas que se agitan en el fondo de la historia de un país es acudir a sus clásicos. Y está bien acordarse de ellos ahora que Biden acaba de tomar las riendas de Estados Unidos. El miércoles pronunció su discurso ante una explanada repleta de banderas, y cada una de ellas representaba lo que esa gran potencia lleva dentro, sus grandes gestas y sus grandes pecados, sus buenas intenciones y sus peores vicios, su lucha por conquistar la libertad y las alargadas sombras de las veces que quiso imponerla a golpe de cañonazos y bombardeos, y sangre y dolo...

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