Mujeres

Jovita Idár, la activista que luchó por la igualdad en la frontera mexicana a través de la educación

La periodista combinó su profesión con las aulas para preservar la cultura, promover la igualdad de derechos y animar a las mujeres a estudiar y a participar en política

La periodista Jovita Idár, alrededor de 1905.
La periodista Jovita Idár, alrededor de 1905.General Photograph Collection/UTSA Libraries Special Collections

Tener acceso a una buena educación y gozar de oportunidades que muchos a tu alrededor no se pueden plantear suele servir para situarte en un nivel de vida que olvida con facilidad a los más vulnerables. La primera parte de la frase se cumplió con la familia de Jovita Idár, pero fue precisamente la educación que ella recibió en casa y en la escuela el motivo por el que dedicó toda su vida a luchar por la igualdad de derechos de los mexicano-estadounidenses, marginados y maltratados en las ciudades fronterizas, y especialmente por los de las mujeres a principios del siglo XX.

Desde muy joven creyó que la educación era la mejor herramienta para transformar la sociedad. “Educa a una mujer y educarás a una familia”, repetía Idár con convicción, y desde los 18 años se dedicó por completo a esta causa, con la decepción y consternación de comprobar las desigualdades que impedían que hubiera libros y material escolar para todos los alumnos.

Pensó entonces que conseguiría más resultados desde las páginas del periódico de su padre, en el que también trabajaban sus hermanos. Y se entregó a esta nueva causa con tanta pasión, que sus crónicas y opiniones sobre los sucesos en la frontera y de la Revolución Mexicana le dieron eco y problemas casi por igual.

Jovita Idár también fue enfermera voluntaria con la Cruz Blanca durante la Revolución Mexicana y después se convirtió en una gran activista por los derechos de las mujeres, a las que animó a participar en política. Siempre promovió la justicia social en sus escritos y tras casarse y mudarse a San Antonio, fundó un jardín de infancia gratuito, trabajó en un hospital como intérprete para pacientes hispanohablantes y dio cursos de cuidados infantiles a mujeres.

Idár confió toda su vida en que los más vulnerables que vivían a ambos lados de la frontera mexica podían mejorar su situación gracias a la educación y el empoderamiento, y lo consiguió.

Jovita Idár nació el 7 de septiembre de 1885 en Laredo, una ciudad de Texas en la frontera con México. Fue la segunda de ocho hijos en el seno de una familia que gozaba de algunos privilegios, ya que su padre, Nicasio Idár, era el editor de un periódico local en español, La Crónica, y defensor de los derechos civiles.

Los hijos de la familia Idár crecieron en una atmósfera de respeto y en la que los derechos y las difíciles circunstancias de la comunidad mexicanoamericana se discutían constantemente en casa.

Jovita Idár fue educada en escuelas metodistas y forjó su carácter como una chica enérgica, reivindicativa, imaginativa y que destacaba por su escritura. Al acabar sus estudios recibió el certificado de maestra del Holding Institute de Laredo y comenzó a enseñar a niños pequeños en Los Ojuelos, un pueblo en el sudeste de Texas. De inmediato se sintió consternada por las condiciones de las escuelas, situadas en edificios deteriorados y casi sin material escolar ni mobiliario para los alumnos.

En esos años de principios del siglo XX era común ver en restaurantes y tiendas letreros que decían: “No se permiten negros, mexicanos ni perros”. La intimidación y los abusos contra los mexico-estadounidenses eran lo habitual y hablar español en público tampoco era recomendable.

La joven Idár decidió entonces que podría tener mucho más impacto en su propósito si se dedicaba al activismo a través de la escritura, por lo que se unió a su padre y a sus hermanos en el periódico La Crónica. Su compromiso con la lucha por los derechos civiles aumentó cuando conoció los linchamientos que sufrían los hombres mexicoamericanos.

El periódico fue una fuente de noticias en favor de la comunidad cuyos derechos eran vulnerados continuamente y Jovita también escribía artículos sobre el racismo y apoyando la revolución en México.

En 1911 Idár y su familia organizaron el Primer Congreso Mexicano para unificar a la comunidad mexicana de ambos lados de la frontera y luchar contra la injusticia. El congreso, que se celebró del 14 al 22 de septiembre, discutió muchos temas, entre ellos la educación y la falta de recursos económicos. Dentro de ese congreso, y tal día como hoy hace 109 años, Idár fue elegida presidenta de la Liga Femenil Mexicanista, una organización feminista adelantada a su tiempo que unía a las mujeres en torno a los críticos problemas educativos, sociales y políticos a los que se enfrentaba la comunidad mexicano-estadounidense. La organización feminista presidida por Jovita inició su activismo ofreciendo educación a estudiantes mexicano-estadounidenses pobres, a los que instó a aprender tanto en español como en inglés.

Después del congreso Idár escribió un artículo para La Crónica apoyando el sufragio femenino y alentando a las mujeres a votar. Firmaba muchos de sus escritos con seudónimos, entre ellos Astraea, el nombre de la diosa griega de la justicia, y Ave Negra, y la temática comenzó a ser redundante sobre la igualdad de derechos para las mujeres, a la vez que las invitaba a que se educaran y a buscar su independencia de los hombres. Su definición de la mujer moderna era toda una declaración de intenciones: “Alguien con amplios horizontes”.

Dos años más tarde, en 1913, durante la batalla de Nuevo Laredo de la Revolución Mexicana, Jovita Idár dejó Laredo y cruzó la frontera. Allí colaboró como voluntaria con la Cruz Blanca, un grupo de atención médica similar a la Cruz Roja, como enfermera para el Ejército.

Un año después regresó a Laredo y empezó a trabajar en el periódico El Progreso. En él escribió un editorial en protesta por la decisión del presidente estadounidense Woodrow Wilson de enviar tropas norteamericanas a la frontera. Al Ejército de los Estados Unidos y a los Rangers de Texas no les gustó que se opusiera a la decisión gubernamental y creara opinión en contra, por lo que fueron a las oficinas de El Progreso para cerrarlo. Cuando llegaron los Rangers, Idár se plantó en la puerta y no los dejó entrar aludiendo a su derecho de libertad de prensa. Sin embargo, regresaron al día siguiente y prendieron fuego a la rotativa y clausuraron las instalaciones.

A pesar de este hecho, Jovita siguió escribiendo y denunciando los prejuicios raciales y la violencia contra la comunidad mexicana y tejana. Con la muerte de su padre en 1914, Jovita pasó a dirigir por un breve periodo de tiempo el periódico familiar La Crónica.

En 1917 Idár contrajo matrimonio con Bartolo Juárez, que trabajaba como plomero y hojalatero, y la pareja se mudó a San Antonio, donde continuó desarrollando actividades altruistas para personas vulnerables de todas las edades, al mismo tiempo que editaba El Heraldo Cristiano, un periódico metodista.

El matrimonio nunca tuvo hijos, pero ayudó a criar a los de su hermana Elvira, quien murió en su último parto. Jovita Idár permaneció en San Antonio hasta su muerte, el 15 de junio de 1946, a causa de una hemorragia pulmonar. Tenía 60 años y su salud se había deteriorado rápidamente a causa de una tuberculosis.

El legado de Jovita Idár es el de una mujer adelantada a su tiempo, que creyó firmemente en la educación de las nuevas generaciones para que conocieran sus derechos y cambiaran la sociedad. Una lucha que combatió desde la libertad de los medios de comunicación, en contra de los abusos y los prejuicios, para clamar por la igualdad de derechos, especialmente los de las mujeres.

Más información

Lo más visto en...

Top 50