“El 60% de las mujeres que han sido madres por donación de gametos no le dirán a su hijo su origen”

Rocío Núñez Calonge, doctora en Biología y experta en reproducción asistida, elabora un estudio que concluye que las mujeres solas y las parejas lesbianas son las más predispuestas a tomar esta decisión

La doctora Rocío Núñez Calonge, en un laboratorio.
La doctora Rocío Núñez Calonge, en un laboratorio.

Las técnicas de reproducción asistida son una realidad en España. Mujeres solas, parejas del mismo sexo y heterosexuales con problemas para fecundar pueden gracias a ellas obtener lo que tanto desean: tener un hijo. En la sanidad pública, toda mujer mayor de 18 años puede a optar a este tipo de tratamientos, independientemente de su estado civil u orientación sexual. El límite de edad, aunque depende del tratamiento, se sitúa entre 38 y 40 años, y se financian hasta un máximo de tres intentos. Fuera de estos criterios, las personas solo pueden acudir a un centro privado. Los últimos datos públicos de reproducción asistida en España son los del Registro Nacional, en el cual participan 245 centros. Según sus resultados, en 2018 se realizaron un total de 149.337 ciclos de fecundación in vitro (FIV), frente a los 135.389 del año anterior; una tendencia al alza gracias a la donación de ovocitos y los ciclos de embriones congelados. Aunque la técnica más usada sigue siendo la FIV, con 43.000 ciclos frente a 16.000 de la donación de ovocitos, esta última experimentó a su vez un crecimiento del 15 % respecto al ejercicio anterior. En cualquier caso, los tratamientos de reproducción asistida en España han aumentado un 28 % en los últimos 5 años, según publicaba el Ministerio de Sanidad en octubre de 2020.

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Una vez conseguido el embarazo y un parto exitoso, son muchos y muchas las que se plantean si contar o no a sus hijos la verdad de su procedencia. Rocío Núñez Calonge, doctora en Biología, profesora en el Máster de Reproducción de la Universidad Complutense y Sociedad Española de Fertilidad y especialista en Bioética, ha realizado un estudio, denominado Patients Towards the Anonymity of Gamete Donation in Spain [Pacientes y el anonimato de la donación de gametos en España, por su traducción al español], en diferentes clínicas para conocer la situación de esta cuestión en España. El informe se ha realizado en 11 centros, a través de una encuesta anónima a 66 pacientes en tratamiento de donación de gametos, que aportaron su opinión respecto al anonimato de la donación. “La mayoría de las pacientes heterosexuales con pareja no quieren revelar a sus hijos su origen, mientras que en las mujeres solas o con pareja femenina, esta proporción se invierte”, incide Núñez.

Aunque la encuesta se ha dado a la pareja que acude a realizarse la donación, los hombres han contestado en un bajo porcentaje. “Quizás porque piensan que es un tema de la mujer, o no están tan implicados como ellas. Pero todo esto son suposiciones, porque los resultados se han obtenido después de tener todas las encuestas, y al ser anónimas, no sabemos las causas de que no haya apenas hombres que respondieran”, explica la experta.

Como también directora científica de los centros UR Internacional, Calonge ha liderado este estudio que se realiza por primera vez en España, en el que también ha colaborado el ginecólogo Andrés Guijarro. Se trata de una encuesta a las personas que están o han estado en proceso de tratamiento para la recepción de gametos donados. Los centros que han participado se encuentran en Alicante, Madrid, Oviedo, Murcia, Almería, Granada, Jerez de la Frontera, Málaga, Valencia, Zaragoza y Badajoz. El trabajo se ha presentado en el 37 Congreso Internacional Anual de la ESHRE (Congreso de Reproducción y Embriología Humana).

Los resultados revelan que las mujeres homosexuales o solas son más favorables a desvelar su origen a sus hijas e hijos nacidos por donación de gametos en procesos de Reproducción Asistida. Según sus resultados, “seis de cada 10 receptoras de gametos no le contarán su origen a sus hijas e hijos y cuatro de cada 10 ni siquiera lo comentarán con su círculo más próximo ni su familia. Además, solo el 21% de las encuestadas accedería a un tratamiento de Reproducción Asistida por donación de gametos si en España la donación no fuera anónima”. ¿Qué significan estos resultados? ¿En qué situación se encuentra la Ley del Anonimato? ¿Tiene los niños, derecho a conocer su procedencia? Son algunas preguntas que tratamos con esta experta en Bioética.

P. ¿Cuántas mujeres (solteras, homosexuales y heterosexuales) usan las técnicas de reproducción asistida?

R. Este dato no puede conocerse con exactitud, puesto que no se pregunta en el Registro Nacional de la SEF. Depende de los centros, ya que hay muchos que tienen pacientes extranjeras en cuyos países está prohibida la donación a mujeres sin pareja, mientras que otros solamente tendrán pacientes nacionales. Se sabe que está aumentando el número de mujeres sin pareja o con pareja femenina, pero no se conoce el número.

P. ¿Qué dice la ley española de Reproducción Asistida sobre el anonimato?

R. La Ley española de Reproducción Asistida (una de las primeras en el mundo) no permite que se revele la identidad de los donantes de gametos a los pacientes, ni que los donantes conozcan la identidad de las receptoras. Únicamente en caso de peligro para la vida del niño, y por orden judicial, se puede localizar al donante.

P. En su opinión, ¿qué ocurriría si la donación no fuera anónima? ¿Se harían más o menos tratamientos?

R. Si la donación no fuera anónima, se harían muchos menos tratamientos, de forma drástica. Por una parte, porque los donantes no quieren tener nada que ver ni ninguna responsabilidad con la descendencia, lo cual es lógico. Por otra, porque las pacientes tampoco quieren que haya una interferencia en la vida de su familia. Y al final, en las clínicas de reproducción asistida descendería notablemente el número de donantes.

P. ¿Por qué son las mujeres solas o con pareja femenina las más predispuestas a revelar esta información?

R. Esto es lógico, ya que al no tratarse de una familia tradicional, son más liberales y además, es más fácil contar a los hijos el porqué no hay una presencia masculina en la familia. Las parejas heterosexuales que ya tienen hijos son las más reacias a explicarles su origen. Las razones no están del todo claras, pero en general, cuando se les pregunta a una pareja con hijos de donación el porqué no quieren explicárselo, responden que eso no les va a aportar nada, y prefieren seguir con el anonimato.

P. Dejando de lado la ley, en su opinión, ¿los hijos tienen derecho a conocer su procedencia?

R. Desde un punto de vista ético, parece lógico que los hijos tengan derecho a conocer su origen, pero en ocasiones, si se consideran los pros y los contras, hay situaciones en las que esa revelación es más perjudicial. Por ejemplo, en lugares pequeños o en los que no está “bien visto” la utilización de estas técnicas, de forma que los hijos pueden sufrir algún tipo de acoso. En mi opinión, debería de contarse a los hijos, desde muy pequeños, cuál es su origen, para que lo incorporen como algo absolutamente natural, pero sin necesidad de revelar la identidad del donante o la donante.

P. ¿Le gustaría añadir algo a este respeto?

R. Aunque la opinión generalizada que se está extendiendo en Europa es suprimir el anonimato de la donación, hay que tener en cuenta muchos factores, como los culturales (no es lo mismo la cultura anglosajona que la nuestra), y no se puede tomar esta decisión a la ligera. Se habla del derecho a conocer el origen de los niños nacidos por donación, pero hay más valores en juego que hay que considerar. Al final, lo que es necesario es la educación e información sobre estas técnicas, para que los padres consideren algo natural hablarle a sus hijos de su forma de concepción.

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Sobre la firma

La coordinadora y redactora de De Mamas & De Papas está especializada en temas de crianza (Salud, Psicología) y ha desarrollado la mayor parte de su carrera en EL PAÍS. Es autora de 'Más amor y menos química' (Aguilar) y 'Sesenta y tantos' (Ediciones CEAC). Es licenciada en Psicología, Máster en Psicooncología y Máster en Periodismo de EL PAÍS.

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