Elecciones EE UU

Sin rastro de fraude en las elecciones presidenciales de Estados Unidos

Las autoridades estatales aseguran que el proceso y el escrutinio han tenido todas las garantías

Donald Trump, este miércoles en el cementerio militar de Arlington (Virginia).
Donald Trump, este miércoles en el cementerio militar de Arlington (Virginia).Chris Kleponis / POOL / EFE

Con fluidez, sin contratiempos y con garantías. Así describen autoridades estatales y electorales los comicios y el escrutinio del pasado 3 de noviembre que dieron la victoria a Joe Biden. Estas afirmaciones chocan de frente con la denuncia de Donald Trump clamando un fraude del que no se han encontrado pruebas hasta ahora. Lo cierto es que el mandatario, antes de que comenzara a contarse un solo voto, ya llevaba semanas poniendo en duda la integridad del proceso y cuestionando el voto por correo, a pesar de que estos tienen una amplia trayectoria de éxito en la historia electoral de Estados Unidos.

El presidente sigue sin reconocer la derrota en la carrera presidencial, pese a que su rival demócrata cuenta ya con 279 votos electorales frente a los 217 del republicano. Quedan 42 por adjudicar, pero no serían suficientes para que Trump lograse la cifra mágica de 270. Es más, el presidente comenzó enseguida a interponer demandas y a cuestionar el sistema en los lugares en los que el voto por correo fue masivo, pero el magnate no ha ganado. Y ello pese a que Nebraska, Dakota del Norte y Montana cayeron del lado republicano y fueron Estados que extendieron el plazo para poder votar por correo debido al impacto de la pandemia. Respecto a esos tres casos, que le son favorables con el mismo sistema, el presidente no ha dicho nada.

“Las elecciones generales de 2020 han sido unas de las más fluidas y que mejor se han desarrollado, lo que sin duda es extraordinario debido a los muchos desafíos que se presentaban”, ha asegurado a la agencia Associated Press Ben Hovland, un demócrata nombrado por Trump para la Comisión de Asistencia Electoral, que trabaja de forma muy cercana con funcionarios de su Administración.

Mientras, los principales líderes del Partido Republicano se han mostrado dispuestos a prolongar el tiempo que sea necesario el desafío de Trump a los resultados, a pesar de que la mayoría de las denuncias y demandas interpuestas por una Casa Blanca en negación han sido rechazadas de momento por los jueces. Aquellas que todavía están abiertas no han demostrado de momento tener base para sostener que haya habido un juego sucio que pueda revertir el resultado de los comicios, según las informaciones publicadas hasta ahora.

En Wisconsin, donde Biden ha ganado a Trump por una ventaja mínima, la máxima autoridad electoral representada por Meagan Wolfe aseguró que su oficina no había recibido informes de problemas en los comicios ni ninguna queja que implicara irregularidades. Lo mismo ha sucedido con Michigan, donde su fiscal general, la demócrata Dana Nessel, garantizó la legalidad de los resultados. “Déjenme que sea muy clara: las elecciones de noviembre en Michigan transcurrieron fluidamente, como siempre”, explicó Nessel. Lo único que sí está sucediendo, añadió la fiscal, es que hay especulaciones y teorías de la conspiración que ve absurdas.

Recompensa

El diario The New York Times informaba el martes de que funcionarios electorales de ambos partidos en docenas de Estados aseguran que no existe ninguna prueba de fraude u otras irregularidades que hayan influido en el resultado de las elecciones presidenciales de 2020. Entre el pasado lunes y el martes, el diario neoyorquino contactó con las autoridades electorales de cada Estado para preguntar si habían sospechado o tenían pruebas de votos que pudieran considerarse ilegales. Un total de 49 Estados declararon que no había habido ningún problema. Las autoridades contactadas en Texas fueron las únicas en no responder a la investigación del periódico.

La acusación de fraude sigue sin sostenerse. Además, Trump y su apuesta por el caos electoral sufrieron un duro revés el martes cuando se supo que un trabajador de correos que había asegurado ser testigo de una manipulación de votos en Pensilvania se desdijo de su acusación. A ello se suma que cerca del 80% de los estadounidenses —la mitad votantes republicanos— aseguran que Biden es el ganador, según un sondeo de Reuters/Ipsos del martes.

El resultado final está todavía por definirse en Carolina del Norte, donde Trump lidera con un 50% frente al 48,7% de Biden; en Arizona, el demócrata lleva ventaja, con un 49,4% frente al 49% del presidente; y en Georgia, donde el presidente electo también está a la cabeza con un 49,5% frente al 49,2% del republicano.

El secretario de Estado de Georgia, el republicano Brad Raffensperger, confirmaba este miércoles que el Estado llevará a cabo un recuento de todas las papeletas. Raffensperger indicó que el margen es tan estrecho que tendrá que hacerse “a mano”. Según la ley del Estado, los candidatos tienen derecho a solicitar un recuento si el margen de diferencia en el resultado es del 0,5% o inferior.

Por mucho que las cifras y los hechos apunten a lo contrario, los fervientes seguidores de Trump siguen clamando que hubo una estafa. El vicegobernador de Texas, Dan Patrick, ha ofrecido gastar hasta un millón de dólares a cambio de información con pruebas de que se haya cometido fraude. “La persecución del fraude electoral no solo es esencial para determinar el resultado de estas elecciones, es esencial para mantener nuestra democracia y restaurar la fe en elecciones futuras”, ha indicado en un mensaje de Twitter. Cualquiera que proporcione información que conduzca a un arresto y condena final por fraude electoral recibirá un pago mínimo de 25.000 dólares (unos 21.230 euros), ha asegurado.

El presidente reaparece para celebrar el día del Armisticio

El 11 de noviembre es el día del Armisticio que puso final a la I Guerra Mundial. En Estados Unidos se celebra como el día de los Veteranos y el presidente rinde honores al soldado desconocido en el cementerio militar de Arlington, en Virginia, al otro lado del río Potomac. Desde el pasado jueves no se había vuelto a ver a Donald Trump ante las cámaras. Aquel día compareció para dirigirse al país sobre el resultado de las elecciones, una retransmisión que la mayoría de las cadenas de televisión cortaron alegando la falsedad de sus denuncias.

Bajo una lluvia pertinaz, que en el tiempo de silencio en memoria a los caídos era lo único que se escuchaba repiquetear contra el suelo, entraba ayer Trump en Arlington. Hasta entonces había vivido refugiado en la Casa Blanca rumiando a través de Twitter declaraciones enfurecidas sobre el fraude de unas elecciones que no le han propiciado un nuevo mandato en la Casa Blanca. El tiempo de ocio lo ha dividido entre armar un batallón de abogados para que presenten querellas allá donde sospecha que ha habido juego sucio y jugar al golf en su campo de Virginia.

Sonó el himno y el comandante en jefe se llevó la mano a la frente en saludo militar. A su lado, el vicepresidente, Mike Pence, ponía la mano en el pecho, como corresponde a los civiles. Era imposible no recordar otros tiempos pasados de desencuentros entre Trump y los militares. Como cuando en 2018 se negó a visitar en Francia un cementerio de soldados estadounidenses caídos en la I Guerra Mundial porque además de estropearse el peinado —también llovía aquel día— consideraba a los muertos unos perdedores y fracasados, según relató ampliamente la revista The Atlantic.

Trump acudía ayer a Arlington sin mascarilla, negando una más de las realidades que imperan en el país, una pandemia que ya suma 10 millones de afectados y más de 240.000 muertos.

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