Ir al contenido
_
_
_
_

Miedo y rabia en Golders Green, el barrio de Londres de mayoría judía

Tras el ataque a cuchilladas del miércoles, los vecinos culpan al primer ministro, Keir Starmer, de no hacer lo suficiente para combatir el antisemitismo

Un hombre judío cerca del sitio donde dos personas fueron apuñaladas, el miércoles en Londres.TOLGA AKMEN (EFE)

“¡No, no, no te dejes engañar con el cuento de que tenía un problema de salud mental! Estaba cuerdo al cien por cien y sabía lo que hacía. Porque cuando pasaba gente a su lado que no tenía apariencia de ser judío, ni los tocaba. Iba a por los que llevaban kipá [el pequeño casquete que visten sobre la coronilla muchos hombres judíos]. Era un ataque completamente antisemita”, protesta Shani, la dependienta de Torah Treasures, una tienda especializada en literatura, artesanía y objetos ceremoniales hebreos, en el barrio de Golders Green, en el noroeste de Londres.

Vio cómo Essa Suleiman, un ciudadano británico de 45 años nacido en Somalia, sembró el pánico en esa zona el pasado miércoles al mediodía, “corriendo como loco por medio de la calzada, sin miedo a que lo atropellaran, con fuego en sus ojos, con ganas de matar a alguien”, hasta que acuchilló a Moshe Shine, de 76 años, y a Shloime Rand, de 34.

Los agentes voluntarios de la organización de seguridad Shomrim, creada para proteger a la comunidad judía y coordinada con las autoridades locales, lograron evitar que Suleiman siguiera sembrando el terror, hasta que dos agentes de policía lo redujeron con una pistola de electrochoque Taser.

Shani participa del mismo miedo y de la misma irritación que se percibe en las calles de Golders Green, un barrio donde trabajan, estudian y viven cerca de 7.400 judíos, prácticamente un 50% de su población. Es una de las comunidades judías más importantes de Europa, donde abundan las sinagogas, los colegios judíos y los establecimientos de alimentos kósher (preparados de acuerdo con la normativa judía).

Hace ya más de un siglo que los primeros judíos procedentes del East End londinense se mudaron a la zona en busca de mayor prosperidad, y desde entonces han llegado olas sucesivas procedentes de Alemania, Austria, India, Egipto, Aden, Yemen, Irak y hasta el propio Israel. Golders Green es una mezcla de ritos, tradiciones, vestimentas y mayor o menor ortodoxia donde el lazo que une a todos es un sentimiento de comunidad. Y desde hace unos años, a partir de la masacre terrorista de Hamás en Israel del 7 de octubre de 2023 y de la total destrucción de Gaza llevada a cabo por el Gobierno de Benjamín Netanyahu, también les une el miedo.

Caminar por las aceras del barrio este viernes, y observar a sus vecinos, resulta muy revelador. Muchos viandantes miran nerviosos a su alrededor, y cambian de lado para no cruzarse con extraños. Otros, directamente, rechazan la conversación. Y en algún caso (la única excepción, hay que señalar), la chispa salta: “¿España? No tengo nada que decir. No me gusta tu país”, grita un hombre joven al corresponsal.

La mayoría de los que se avienen a hablar coinciden en su diagnóstico. El antisemitismo está aumentando a pasos agigantados y el resto de londinenses no acierta a verlo. El Gobierno de Keir Starmer no hace lo suficiente para frenarlo.

“Estoy nervioso, y tengo miedo. Es obvio. Creo que algunos de los habitantes de esta ciudad, de un modo parcial, pueden estar enterándose de lo que sucede, pero no del todo. Y creo que a los que están en el poder les da igual”, asegura Elya, un estudiante universitario que comenta el ataque del miércoles con un amigo israelí que está de visita. “Lo que estamos viendo es solo el principio. Esto va a empeorar mucho más”, explica.

Golders Green barrio judío en Londres

Quiere abrirse a una conversación con matices, no la esquiva, pero, como otros muchos de los vecinos, rechaza que su situación de angustia derive en exclusiva de los excesos del Gobierno israelí en Gaza. “A nadie le gusta lo que está ocurriendo en Gaza, pero es algo que debía hacerse, después de lo que ocurrió el 7 de octubre. Igual que lo que ocurre en Líbano o Irán. Estamos tratando con terroristas. Esa es la diferencia. Sí, puedes ser antisionista y no necesariamente ser antijudío. Pero me temo, como hemos visto en Londres en el último año, que ese sentimiento antisionista deriva en terrorismo”, concluye.

Por las calles de Golders Green se ven continuamente agentes de seguridad privada con sus chalecos amarillos. Junto a los activistas de Shomrim, patrullan el barrio los hombres de CST, otra agencia dedicada a proteger a la comunidad judía, que reparten tarjetas con la consigna “avisa de cualquier actividad sospechosa y de odio antijudío” junto a un código QR.

“A mí ya no me sorprende nada de todo esto. Ya tuvimos otro atentado hace apenas un mes. No dejan de repetirse historias como esta. ¿Qué va a ser lo siguiente?”, se pregunta una madre de cincuenta años junto a su hija adolescente. Quiere ventilar su rabia, pero se niega a dar su nombre. Mucho menos a dejarse fotografiar. Las dos visten falda larga, según la tradición. “No entiendo cómo Keir Starmer permite cada sábado que se celebren esas manifestaciones masivas en las que se grita sin ningún problema ‘matad a los judíos”, dice, antes de seguir su paso apresurado.

El Gobierno británico quiere endurecer la legislación para frenar el antisemitismo, pero los tribunales ya han tenido que corregir algunos de sus excesos, como la idea de declarar organización terrorista al grupo Acción Palestina, que derivó en la detención de miles de personas que lo apoyaban de modo pacífico, muchas mayores de 70 años. Ahora, la ministra del Interior, Shabana Mahmood, de origen musulmán, se plantea prohibir de modo preventivo algunas de las manifestaciones a favor de Palestina que abundan en los últimos meses por las calles de todo el Reino Unido.

“Da lo mismo que Keir Starmer sea una buena o una mala persona. Eso es irrelevante”, responde Maya Wilensky, un vecino de 59 años que trabaja en el sector de las finanzas y presenció el pánico en las calles minutos después del ataque a cuchilladas. “Ahora mismo es el líder de un Partido Laborista infiltrado de extremistas antisemitas”, afirma.

Los vecinos de Golders Green participan, en alguna medida, de la misma percepción que tienen otros compatriotas británicos. “La policía no puede estar en todas partes. No tiene esos recursos. Y, en cualquier caso, sería solo poner una tirita en la herida. Lo que hay que tratar es la herida misma”, dice Wilensky.

- ¿Y cuál es esa herida?

“Haber permitido la entrada en este país a las personas erróneas (…) Personas procedentes de culturas en las que no hay familiaridad con los judíos, en las que los judíos son demonizados tanto por su sistema educativo como por sus medios de comunicación. Cuando llegan aquí, ya están envenenados, y cuando ven a un judío reaccionan de acuerdo a cómo han sido adoctrinados”, responde.

El Gobierno de Starmer ha elevado el nivel de alerta antiterrorista a “severo”, el segundo más alto, y ha prometido leyes más duras contra el odio y más dinero (unos 30 millones de euros) para más agentes de policía que protejan las comunidades judías del Reino Unido. De momento, su propósito no ha convencido a muchos vecinos de Golders Green, que el jueves recibieron al primer ministro con abucheos e insultos.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_