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La guerra de Trump y Netanyahu en Irán despierta el debate sobre el uso de las bases de EE UU en Europa

La negativa de España a que Washington use las instalaciones de Rota y Morón aviva la controversia en países como Alemania e Italia

Entrada de la base aérea militar estadounidense de Rota.Eduardo Briones - Europa Press (Europa Press)

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, una operación militar sin mandato de Naciones Unidas, sin objetivo ni desenlace claro y que ha incendiado la región, ha abierto en varios países de Europa el debate del uso de las bases militares por parte de Washington. Lo ocurrido en España, donde el Gobierno de Pedro Sánchez ha negado al ejército estadounidense el uso de las bases de Morón y Rota para la ofensiva iraní ha despertado la controversia en otros lugares. Como en Italia, donde por ahora Washington no ha pedido el uso de sus bases; Alemania, donde Estados Unidos tiene su mayor base en el extranjero y Portugal, donde el uso de Washington de la base en las Azores ha desatado cierta contestación social y controversia. En Grecia, ha habido protestas por el uso de la base de Souda, estratégica para Estados Unidos en el Mediterráneo oriental.

Cada país europeo tiene una realidad muy específica, pero las amenazas de matón del presidente estadounidense, Donald Trump, contra España por no ceder a sus peticiones han amplificado un debate bajo el que subyace no solo la disputa sobre la legalidad de la guerra en Irán, sino también, más a largo plazo, sobre el papel de Estados Unidos dentro de la OTAN y en la defensa europea.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha reconocido este jueves que sin el apoyo de las capacidades de los aliados europeos, entre las que se encuentran las bases, EE UU habría tenido más problemas en la ofensiva. “La OTAN es también una plataforma de proyección de poder para EE UU, ya que sin aliados europeos le habría resultado muy difícil lanzar esta campaña contra Irán”, ha dicho en una entrevista con Reuters. “Ya han escuchado al canciller alemán [Friedrich Merz] en el despacho Oval y a tantos otros, asegurando que Estados Unidos puede utilizar esas capacidades facilitadoras clave; pero aparte de esto, no estamos involucrados directamente [en la guerra]”, ha añadido el holandés.

Permiso alemán

El Gobierno alemán permite a Washington el uso de sus bases militares, algo que agradeció públicamente Trump en su reciente encuentro con Merz en Washington. Pero en este país existe todo un debate abierto sobre la legalidad del uso de estas instalaciones entre las que destaca la de Ramstein-Miesenbach, en Renania-Palatinado, la mayor base militar estadounidense en el extranjero. Desde allí se planifican misiones en Oriente Próximo, se analizan datos de reconocimiento y se transmiten órdenes de control de pilotos de drones a la zona de operaciones. Se la ha definido como “un portaaviones inmóvil”, pues para Washington es una instalación fundamental para proyectar su poder en el resto del planeta. Mientras, distintos medios señalan que la base aérea de Spangdahlem, también en Renania-Palatinado, se está utilizando para la guerra contra Irán. Los medios de comunicación estadounidenses informaron de que varios aviones de combate F-16 habían sido trasladados desde Spangdahlem a Oriente Próximo.

El Gobierno alemán insiste en que su uso está dentro del acuerdo firmado con Estados Unidos. “EE UU cumple este acuerdo de estacionamiento. Así nos lo han asegurado repetidamente y no hay ninguna duda al respecto”, declaró el portavoz del Ministerio de Exteriores alemán. Asimismo, recordó la sentencia del Tribunal Constitucional que en julio desestimó el recurso de inconstitucionalidad interpuesto por dos ciudadanos yemeníes que acusaban a Alemania de no impedir el uso de la base aérea de Ramstein, en particular de la estación repetidora de satélites, por parte de EE UU para operaciones con drones armados en el territorio de Yemen.

“Consideramos que esta guerra se inscribe en una larga serie de violaciones del derecho internacional y también de legitimaciones para actuar contra estas violaciones. Por eso, hay que ver el veredicto final en este amplio contexto”, explicó el portavoz del canciller, Stefan Kornelius, que no niega que se plantee un dilema. “No quiero negarlo en absoluto. Alemania no cuestiona el derecho internacional. Pero también hay un interés de seguridad que no aborda el derecho internacional. El derecho internacional también tiene sus límites, como vemos una vez más en este conflicto y como hemos visto, sobre todo, en conflictos anteriores”.

Es inevitable ver los paralelismos con la guerra de Irak de 2003. El entonces canciller federal Gerhard Schröder descartó, al igual que el actual Gobierno, que Alemania participara activamente en la guerra. Sin embargo, Schröder garantizó a EE UU el uso de bases en Alemania. Entre otras, Ramstein y Spangdahlem se consideraban importantes centros de operaciones para los estadounidenses.

El Parlamento italiano debe decidir

En Italia, las bases militares y su uso son estos días el centro de todos los debates televisivos. La primera ministra, Giorgia Meloni, ha aclarado este jueves que Estados Unidos no ha pedido el uso de sus bases en el país ―son ocho, con 34.000 militares estadounidenses― y que, si lo hace, la petición debe pasar por el Parlamento. En todo caso, se permitiría solo el uso logístico, no para acciones de guerra. Todo se regula por los acuerdos con EE UU de 1954, que son secretos. No obstante, en el último memorándum de actualización de 1995, que establece que el ejército estadounidense debe informar con antelación “de todas las actividades significativas”.

Algunas de las bases en Italia son muy importantes para la Casa Blanca. La de Camp Darby, entre Pisa y Livorno, es el mayor depósito de municiones de EE UU fuera su territorio. También son estratégicas para la fuerza aérea las bases de Aviano, en el nordeste del país, y Sigonella, en Sicilia, de apoyo a la sexta flota en el Mediterráneo.

“Existen autorizaciones técnicas en materia logística y en las llamadas operaciones no cinéticas, es decir, operaciones sin bombardeo. Si se solicitara el uso de bases italianas para otros fines, sería responsabilidad del Gobierno decidir si se concede un nuevo uso más amplio, pero creo que, en ese caso, deberíamos decidirlo conjuntamente con el Parlamento”, ha explicado Meloni.

El ministro de Defensa, Guido Crosetto, lo ha repetido aún más claramente luego en la Cámara de Diputados: cualquier petición pasará por el Parlamento. Tanto Meloni como Crosetto han hecho referencia a la postura de España, para justificar que también Italia se ceñirá a sus acuerdos con EE UU: “El uso de las bases italianas es el mismo de las españolas, de Sánchez, que ahora es un héroe”, ha dicho el ministro de Defensa, en referencia al gran eco que ha tenido en Italia la toma de posición del presidente español.

La oposición italiana tiene en este momento a Sánchez como ídolo de la izquierda y quiere seguir su línea: está totalmente en contra de autorizar a EE UU el uso de los bases, incluso para fines logísticos si es que eso contribuye de alguna forma a la guerra. Además reprocha a Meloni que no hable claro y no hable del ataque a Irán como una violación del derecho internacional. Solo lo ha hecho este jueves el ministro de Defensa. También pesa en este sentido el riesgo de que Italia sea identificada como aliada de EE UU, pues se temen posibles acciones terroristas y, de hecho, se ha alzado el nivel de alerta de seguridad.

Permiso francés

En Francia, el debate puede empezar a despuntar. El presidente francés, Emmanuel Macron trasladó el miércoles a Sánchez la solidaridad de Francia por las amenazas de Donald Trump, quien amagó con interrumpir el comercio con España debido a su decisión de no permitir el uso de las bases estadounidense en el país. Fuentes diplomáticas aseguraron que el problema, en cualquier caso, no iba con Francia porque el país no tiene bases de la OTAN en su territorio y no se sentía interpelada como otros países. Este jueves, sin embargo, se supo que el país permitirá el uso de una de sus bases nacionales a EE UU.

El jefe del Estado Mayor francés tuvo que salir a dar explicaciones. Aviones militares estadounidenses “de apoyo” han sido autorizados en la base militar francesa de Base aérea 125 de Istres‑Le Tubé (sureste). El mando del ejército, sin embargo, aseguró haber obtenido la “garantía completa” de que estos aparatos “no participan de ninguna manera en las operaciones llevadas a cabo por los EE UU en Irán”. Una declaración algo borrosa que contrasta con la contundencia del entorno del presidente, que aseguró el día anterior que no se permitiría.

Según las autoridades francesas, se trata principalmente de aviones cisterna para reabastecimiento en vuelo, descritos como una especie de “estación de servicio aérea”. La ministra de las Fuerzas Armadas, Catherine Vautrin, subrayó que la única autorización concedida por el presidente es esa.

Críticas de Trump a Starmer

En el Reino Unido por ahora la cuestión no se ha caldeado, pese a la críticas de Trump al primer ministro británico, Keir Starmer, que en un principio se negó a que Washington usara una de sus bases, la de Diego García, en el Archipiélago de Chagos. Un punto que era clave para los preparativos estadounidenses antes del ataque a Irán. La negativa inicial de Starmer para que se lanzaran desde allí los ataques encolerizó a Trump, que cargó de nuevo contra el acuerdo alcanzado el año pasado con la isla nación Mauricio para la devolución del archipiélago, a pesar de que tanto el Reino Unido como Estados Unidos mantenían, según el acuerdo, el uso conjunto de la base en un régimen de alquiler durante cien años.

Sin embargo, si hay algún atisbo de descontento entre los diputados o las bases del Partido Laborista por la decisión de Starmer de permitir a EE UU el uso de sus bases, nadie lo ha expresado. El primer ministro cuenta con el respaldo de su grupo, pero con el rechazo frontal de la oposición del Partido Conservador y de la ultraderecha de Reform UK. Ambos le reprochan que no hubiera participado desde un primer momento en la ofensiva contra Irán junto a su aliado, Trump, y han llegado a sugerir que la “tibieza” de Starmer obedece a que no quiere soliviantar al electorado musulmán, que vota laborismo en gran parte.

Tanto el Partido Verde, hoy el principal rival en las urnas de Starmer, como los liberales demócratas han condenado los ataques a Irán, rechazan que Estados Unidos pueda usar las bases británicas, y han reclamado —sin éxito— al Gobierno que someta la decisión adoptada a votación parlamentaria.

Con información de Íñigo Domínguez (Roma), Almudena de Cabo (Berlín), Daniel Verdú (París) y Rafa de Miguel (Londres).

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