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Mike Pence, el fiel escudero se revuelve contra los bulos de Trump

El testimonio del exvicepresidente es clave en el caso contra el magnate por las mentiras electorales de 2020 que acabaron con el asalto al Capitolio

Mike Pence
El exvicepresidente y precandidato republicano a las presidenciales de 2024, Mike Pence, durante un acto de los conservadores estadounidenses el 14 de julio en Des Moines (Iowa).Scott Olson (Getty Images)
Macarena Vidal Liy

Al expresidente de EE UU y actual aspirante a recuperar el Despacho Oval, Donald Trump, le gusta arremeter contra cualquiera al que perciba como rival, aunque sea de la más mínima importancia. Desde que su exvicepresidente, Mike Pence, anunció en junio su propia candidatura a la Casa Blanca, le había dejado tranquilo, dada su ínfima intención de voto en las encuestas. Pero eso se acabó: esta semana, Trump se burlaba en su red social, Truth, de la falta de “público, entusiasmo o lealtad” de los votantes hacia su antiguo socio. La razón del cambio: el testimonio clave de Pence en su imputación por el gran bulo electoral de 2020. Su otrora fiel escudero se perfila como una figura fundamental en lo que promete ser un juicio histórico.

Pence, de 64 años, no es un político con glamour. Se le pueden aplicar muchos adjetivos, pero “carismático” no es el primero que viene a la mente. En muchos aspectos, es el absoluto opuesto a su excompañero de tándem electoral. Donde Trump es exuberante y voluble, el antiguo gobernador de Indiana es discreto hasta hacerse gris: siempre pulcro, siempre correcto, el expresidente lo describía jocosamente como “un político de manual”. Procede de la corriente más conservadora y religiosa del Partido Republicano: es un cristiano evangélico más que convencido, que considera la lucha contra el aborto uno de sus objetivos prioritarios. Según ha admitido, evita encontrarse a solas con una mujer que no sea su esposa, Karen.

No parecía la opción más obvia para acompañar a Trump en la Casa Blanca. Y, sin embargo, al ser tan opuestos, la combinación funcionó. Al extrovertido magnate inmobiliario criado en Nueva York le convenía un segundo de raíces rurales que conectara con las bases evangélicas republicanas. A Pence se le abría un camino político que por sí solo hubiera tenido muy difícil alcanzar. A lo largo de la campaña, y tras su triunfo en las elecciones de 2016, ambos simpatizaron de verdad. El exgobernador colaboraba deferente con Trump y cumplía de buen grado un papel secundario, sin hacerle sombra y defendiendo cada una de sus decisiones. Trump describía a su vicepresidente como “un buen hombre”.

Las notas del vicepresidente

Después de meses de bulos propagados por Trump sobre un fraude electoral, una turbamulta de partidarios de Trump asaltó el Capitolio ―“¡Colgad a Pence!”, gritaban― para impedir que los legisladores estadounidenses, encabezados por el entonces vicepresidente, certificaran el triunfo del demócrata Joe Biden en los comicios de noviembre de 2020. Ahora, la nueva imputación para Trump, su tercera y con connotaciones más graves para el sistema democrático estadounidense, ha terminado de hacer añicos la relación.

El testimonio y las notas del exvicepresidente, tomadas en enero de 2021, son fundamentales en el caso hilado por el fiscal especial Jack Smith a lo largo de los últimos dos años y medio. Las conversaciones que mantuvo con Trump en las semanas previas a la asonada, y las notas que tomó sobre ellas, aparecen citadas, una y otra vez, en las 45 páginas del pliego de cargos. Smith argumenta con ellas que el antiguo mandatario y seis de sus colaboradores presionaron a Pence constantemente para que no certificara los resultados electorales. De ahí que su futura comparecencia en el juicio, en calidad de testigo, pueda resultar devastadora para el expresidente.

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El 25 de diciembre de 2020, Pence telefoneó a Trump para felicitarle las Navidades. Según el pliego de cargos, Trump “rápidamente llevó la conversación al 6 de enero y pidió al vicepresidente que rechazara los votos electorales”, a lo que el número dos del Gobierno replicó: “No creo que tenga autoridad para cambiar el resultado”. Una semana más tarde, el 1 de enero de 2021, el aún inquilino de la Casa Blanca arremetió en otra charla contra su segundo por haber descartado una demanda judicial para autorizarle a desestimar los votos. “Eres demasiado honesto”, le recriminó.

Pence ―que mantiene que sus acciones del 6 de enero de 2021 defendieron la Constitución, aunque considera que Trump no cometió un delito relacionado con el asalto al Capitolio― no quería haber declarado en esa investigación. Intentó evitar su comparecencia hasta el último momento, incluso anteponiendo un recurso judicial contra su citación. Solo cuando un juez rechazó sus argumentos, accedió a hablar ante los investigadores encabezados por Smith.

“Me pidieron que anulara las elecciones”

Como el resto de candidatos presidenciales republicanos, el antiguo escudero de Trump había tratado de mantener un delicado equilibrio entre la necesidad de desmarcarse de su ahora rival sin enfrentarse con los numerosos votantes del partido que apoyan al expresidente. Una ambivalencia que no le había hecho ganar adeptos: su intención de voto en las primarias rondaba el 5% antes de esta semana. Su campaña no llegaba al mínimo de 40.000 donantes necesarios para poder participar en los debates televisados. Para los partidarios de Trump es un traidor a la causa. Para quienes critican al expresidente, es el hombre que respaldó los mayores desmanes de aquel Gobierno.

Tras la última imputación de Trump, sin embargo, Pence se ha lanzado contra su antiguo jefe en términos mucho más contundentes que hasta ahora. Y no ha cerrado la puerta a declarar en el juicio. “Lo que el presidente mantuvo aquel día [el 6 de enero de 2021] y, francamente, lo que ha dicho una y otra vez en los últimos dos años y medio es completamente falso”, ha dicho a la prensa en Indianápolis. “Es contrario a lo que prevén nuestra Constitución y las leyes de este país”.

“El pueblo estadounidense merece saber que el presidente Trump y sus asesores no solo me pidieron que parara [el proceso de certificación de los resultados electorales]. Me pidieron que rechazara votos, que devolviera votos... Básicamente, que anulara las elecciones. Para cumplir el juramento que hice ante el pueblo estadounidense y Dios todopoderoso, lo rechacé de plano”, ha insistido en una entrevista concedida a la cadena Fox News.

Aunque, fiel a su cautela y su política de nadar y guardar la ropa, ha evitado pronunciarse sobre el futuro juicio o afirmar que el expresidente cometió algún delito. “Mi foco no va a estar en la imputación o si es correcta”, declaró el miércoles. “El presidente puede presentar sus argumentos. Pero yo voy a dejar claro a los estadounidenses en mi campaña electoral que, pese a lo que ha dicho Donald Trump estos dos años y medio, yo no tenía potestad de alterar las elecciones. Y que, aquel día, el presidente Trump me pidió que le eligiera a él sobre mi juramento a la Constitución”.

Su campaña asegura que desde la imputación se le han sumado 7.400 donantes más, un salto de casi el 25% con respecto a los que tenía apenas una semana atrás. Pero sus problemas continúan. Su recaudación de campaña ―en torno al millón de dólares―, se encuentra a años luz de la de rivales como Trump o el gobernador de Florida, Ron DeSantis. Solo un 44% de los votantes republicanos tiene una percepción favorable de él, frente al 66% de De Santis, o el 76% de Trump, según una encuesta publicada por The New York Times. En un mitin, este sábado en New Hampshire, un grupo de partidarios del expresidente le abucheaba al llegar: “¡Traidor, vendido!”, le gritaban.

El antiguo fiel escudero, mientras tanto, procura aprovechar la atención de estos días para dibujarse como un hombre que hace lo que debe hacer pese a las presiones, para tratar de subir en las encuestas y para aumentar su recaudación electoral. La última oferta de merchandising de su campaña es una alusión burlona a las descalificaciones de Trump: gorras y camisetas con el lema “demasiado honesto”.

Amenazas y secreto de sumario

La Fiscalía estadounidense ha pedido el secreto de sumario para la causa contra el expresidente Donald Trump por su supuesto intento de anular las elecciones de 2020, después de que el actual aspirante republicano a la Casa Blanca haya publicado un mensaje amenazador en su red social, Truth.

Jack Smith, el fiscal especial que ha investigado el caso, presentó la solicitud ante la jueza Tanya Chutkan como una cuestión rutinaria, pero aludió específicamente al mensaje del político, preocupado por la costumbre de Trump de arremeter contra los jueces y fiscales implicados en sus problemas judiciales y de divulgar detalles sobre sus casos. El viernes, Trump había publicado en su red social (y en mayúsculas): “Si ustedes van a por mí, yo iré a por ustedes". La Fiscalía basa la petición de secreto de sumario en que la divulgación de material puede tener un efecto intimidatorio sobre los testigos en el juicio.

La jueza ha dado al expresidente y a su equipo legal hasta las 17.00 del lunes (23.00 en la España peninsular) para contestar a la solicitud de Smith. La campaña de Trump ha defendido en un comunicado que el mensaje publicado por su líder es un “discurso político”, dando a entender que está dirigido a sus rivales electorales y no contra nadie implicado en el caso judicial.

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Sobre la firma

Macarena Vidal Liy
Es corresponsal de EL PAÍS en Washington. Previamente, trabajó en la corresponsalía del periódico en Asia, en la delegación de EFE en Pekín, cubriendo la Casa Blanca y en el Reino Unido. Siguió como enviada especial conflictos en Bosnia-Herzegovina y Oriente Medio. Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid.

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