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Jack Teixeira, el sospechoso de filtrar secretos militares del Pentágono, víctima del ego

El acusado de perpetrar una de las mayores fugas de información confidencial en EE UU es un apasionado de la historia militar, movido por el afán de gloria entre sus amigos de internet

Jack Teixeira, en camiseta y pantalón corto, mientras es detenido en su vivienda por el FBI el jueves 13 de abril, en Dighton (Massachusetts).Foto: AP

Los veteranos de los servicios secretos internacionales lo comentan de tanto en tanto: solo hay cuatro razones que motiven a una persona a robar datos de inteligencia y pasarlos a otros. La codicia. El chantaje que pueda estar recibiendo. El idealismo y las ganas de hacer justicia. O el ego: el afán de gloria y las ganas de presumir.

Solo este último motivo es el que parece encajar en el caso de Jack Douglas Teixeira, de 21 años, un recluta de la fuerza aérea de la Guardia Nacional en Massachusetts al que el FBI acusa de haber filtrado decenas —quizá cientos— de documentos con secretos militares que han desencadenado fricciones entre Estados Unidos y algunos de sus aliados, cuyo alcance el Pentágono aún trata de valorar y que podría ser el escape de información confidencial más serio desde el escándalo de WikiLeaks en 2010. Según sus seguidores en los foros de internet, lo hizo por afán de mantenerles informados y para impresionar y ganar así amigos.

Sus conocidos hablan de un muchacho callado y relativamente solitario, religioso, apasionado de la historia militar, con más facilidad para hacer amistades a través de los videojuegos y los foros de internet que en clase.

Las fotografías que se han publicado de él muestran a un joven delgado, con una cara que apenas ha terminado de salir de la adolescencia, orgulloso de su uniforme. Unas imágenes muy distintas a las emitidas por televisión el jueves, cuando un enjambre de agentes del FBI con casco y chaleco antibalas rodeó la vivienda de su familia para llevárselo detenido y esposado.

Tímido y víctima de acoso escolar

Ya desde sus años escolares en Dighton, una población de apenas 8.000 habitantes en el suroeste de Massachusetts, sabía que quería ser soldado, preferentemente de la Guardia Nacional, según han contado algunos de sus antiguos compañeros de clase al periódico Boston Globe. Era, cuentan, un chico “tímido, tranquilo, al que le gustaban los juegos por internet, apasionado de la historia y especialmente de la historia militar”. Alguno apunta que sufrió bastante acoso escolar “pero lo sobrellevaba. Se mantenía callado, iba a lo suyo”

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El interés por lo militar y las armas de fuego le venía de familia. Su padrastro fue miembro de la Guardia Nacional, de la misma unidad —el ala 102 de la fuerza aérea de Massachusetts— donde acabaría destinado el joven. Su madre había trabajado con veteranos también durante mucho tiempo, antes de abrir una floristería.

Terminó la secundaria en 2020. Casi de inmediato ingresó en la Guardia Nacional, donde su puesto era el de “especialista en sistemas de cibertráfico”. Es decir, asegurarse de que las comunicaciones fluían perfectamente y las conexiones y el cableado funcionaban como es debido.

Para que cumpliera esa tarea se le facilitó una autorización para acceder a información considerada de alto secreto. Desde su puesto de trabajo obtenía datos teóricamente reservados solo a los altos mandos y a niveles superiores de la administración. Informes a los jefes del Estado Mayor. Mapas con las posiciones de las tropas ucranias en la guerra. Detalles sobre hasta qué punto los servicios de inteligencia estadounidenses habían conseguido infiltrarse en los rusos.

Y, mientras tanto, Teixeira dedicaba sus ratos libres a los videojuegos. Se unió a un canal de una red social para conversar sobre tácticas. Allí entró en contacto con gente de intereses similares a los suyos. Y abrió un canal privado en Discord, una plataforma frecuentada por los amantes de los juegos en línea, para hablar de armas de fuego, de historia militar, de las guerras en general y de la de Ucrania en particular; y compartir chistes y memes.

El grupo se llamaba Thug Shaker Central y solo se podía acceder a él por invitación. Sus miembros oscilaban sobre todo entre los 20 y 30 años. La gran mayoría, varones jóvenes con las mismas aficiones. Algunos, menores de edad, que veían en Teixeira —apodado O. G, las iniciales de “Original Guy” o el tipo que lo empezó todo, en traducción libre— a una figura paterna, una especie de modelo a seguir.

“Todo el mundo respetaba a O.G”, ha contado uno de los integrantes del grupo, que se identifica como Vahki, al New York Times. “Era el tipo, el mito. Y era la leyenda. Todo el mundo respetaba a este tipo”.

En su grupo privado, Teixeira empezó en diciembre a volcar el contenido de documentos confidenciales, según los alegatos que ha presentado el FBI en la audiencia preliminar contra el joven celebrada este viernes en Boston (Massachusetts). Primero se limitó a transcribirlos en su ordenador, pero al mes siguiente empezó a llevarse los documentos a casa, a fotografiarlos y a subir esas imágenes al grupo. Según la policía federal, que el lunes habló con uno de los participantes del canal, se llevó el material a casa porque “había empezado a preocuparse de que le pudieran descubrir transcribiendo en su puesto de trabajo”. Otros miembros del grupo han declarado a medios estadounidenses que Teixeira sentía que sus seguidores ya no le estaban haciendo el caso suficiente.

El joven soldado había pactado con sus amigos que la información que volcaba no saldría del grupo. “Se suponía que solo era para mantener a los chicos informados sobre temas del mundo real”, ha contado un miembro del grupo al Washington Post.

Otros autores de graves filtraciones en las últimas décadas han tenido algún tipo de motivo moral para hacer pública información secreta. Chelsea Manning entregó cerca de 700.000 documentos confidenciales a WikiLeaks en protesta por las guerras de Irak y Afganistán; Edward Snowden, para alertar de la vigilancia del Estado a sus ciudadanos. Teixeira, según sus amigos, no se movía por ningún tipo de idealismo mejor o peor encauzado. Tampoco pretendía perjudicar a su país. “Amaba a Estados Unidos, pero no sentía confianza en el futuro” de la nación, apunta la fuente del Post.

Ese periódico asegura que seguidores del soldado le han mostrado un vídeo en el que se le ve profiriendo insultos racistas y antisemitas antes de disparar un rifle.

Las cosas se empezaron a torcer para Teixeira en febrero, cuando uno de los miembros del foro copió varios de los documentos y los volcó en grupos públicos en otras redes sociales, donde comenzaron a captar la atención de más personas. La semana pasada, los medios estadounidenses publicaron sus primeras historias sobre esas imágenes.

El joven militar buscó información clasificada, según el FBI, el 6 de abril sobre la palabra “filtración” y trató de bucear en los datos para conocer hasta qué punto los investigadores sospechaban de la identidad del autor. Esos días celebró una videoconferencia con sus seguidores. Según publica el Globe, que cita a uno de los participantes, lo que dijo fue: “Lo siento, chicos, recé cada día para que esto no sucediera”. “Recé y recé, y ya solo depende de Dios qué es lo que vaya a pasar a partir de ahora”.

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Sobre la firma

Macarena Vidal Liy
Es corresponsal de EL PAÍS en Washington. Previamente, trabajó en la corresponsalía del periódico en Asia, en la delegación de EFE en Pekín, cubriendo la Casa Blanca y en el Reino Unido. Siguió como enviada especial conflictos en Bosnia-Herzegovina y Oriente Medio. Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid.

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