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Giorgia Meloni quiere ser la nueva Margaret Thatcher

La primera ministra italiana explota su biografía y su condición de primera mujer en el cargo mientras se consolida como la líder de una derecha hegemónica

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, el viernes en el palacio Chigi, en Roma.Foto: ROBERTO MONALDO (EUROPA PRESS) | Vídeo: Antonio Nieto
Daniel Verdú

Giorgia Meloni tiene dos armas políticas imbatibles que exhibió con soltura durante el discurso de investidura: su género y su biografía. Dos instrumentos adquiridos de forma natural y cuyo mérito personal reside ahora en el uso que hará de ellos. La nueva presidenta del Consejo de Ministros está construyendo un personaje que explota esa idea de la mujer hecha a sí misma en un mundo de hombres como la política. También en un partido muy masculino, como era el posfascista Movimiento Social Italiano, donde militó en su juventud. Y, sobre todo, en un país machista como Italia. Pero, además, exhibe con naturalidad su procedencia humilde, la de “underdog”, como ella misma se autoproclamó en aquel primer discurso. Hija de una familia sencilla, cuyo padre abandonó el hogar muy pronto, se crio con su madre y su hermana en un barrio obrero. Un relato imbatible contra la oposición, pero perfecto también para consolidar su liderazgo en la derecha italiana frente a sus socios de coalición. Meloni, en suma, querría ser Margaret Thatcher. Aunque de momento todavía se parezca más a Marine Le Pen.

La nueva primera ministra, de 45 años, ha comenzado su andadura combinando una agenda continuista y relativamente moderada en lo económico con guiños a su electorado más conservador, que reclamaba escuchar la música de la ley y el orden en los primeros compases de mandato. Meloni aprobó en su primer consejo de ministros un polémico decreto contra las fiestas rave y ha dado muestras de seguir la política de puertos cerrados contra las ONG que rescatan migrantes en el Mediterráneo, que ya comenzó su socio y líder de la Liga, Matteo Salvini, cuando era ministro del Interior. Sin embargo, ha querido también mandar mensajes de tranquilidad a la Unión Europea eligiendo Bruselas como primer destino internacional en su agenda o trabajando en un próximo viaje a Kiev para reunirse con el presidente Volodímir Zelenski. La idea, señalan en su entorno, es ampliar el campo de batalla político y presentarse como la líder de una derecha hegemónica. Muy conservadora en lo ideológico, pero fiable en lo institucional.

La opinión pública, también en un sector de la izquierda femenina, la recibió con curiosidad y sin poder contener algunos elogios. Aunque ella desafíe a ese sector con decisiones como hacerse llamar “el presidente del Consejo”. El politólogo y profesor de la Universidad LUISS, Giovanni Orsina, admite que hay una cierta luna de miel entre la primera ministra y un área ideológica que debería ser su oposición. “Es una novedad importante, pero vendrán momentos más difíciles y hay que ver cómo logrará explotar ese elemento biográfico. Pero el liderazgo del outsider es un gran esquema de juego. Margaret Thatcher lo usaba a la perfección: la hija del tendero, mujer, ajena a los círculos masculinos de las élites económicas… Ese puede ser su relato, sin duda. Siempre ha dicho que quiere ser un poco la premier británica. Pero lo podrá explotar un tiempo determinado, especialmente en un clima antipolítico”, afirma.

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni.Foto: Roberto Maldonado

Meloni, a diferencia de Thatcher, no encontró en su padre un modelo a seguir (la abandonó cuando era niña, se marchó a Canarias y terminó detenido y condenado en Mallorca por tráfico de drogas). Pero se crio igualmente en una familia humilde en un barrio obrero como la Garbatella en Roma y superando todo tipo de adversidades. También personales, como cuenta en su interesante biografía (Io sono Giorgia. Le mie radice, le mie idee; Soy Giorgia: mis raíces, mis ideas, Rizzoli 2021). “Lo está usando y efectivamente está poniendo en una dificultad increíble a la oposición. La izquierda italiana pierde las referencias populares. Y el Partido Democrático no ha cuidado el ascenso de las mujeres. Y Meloni lo ha utilizado. Pero veamos cómo evoluciona”, insiste Orsina.

Los movimientos de Meloni en Europa serán clave para determinar el proyecto. Su mano derecha en esa área es el ministro para Asuntos Europeos y Plan de Recuperación, Raffaele Fitto. Un hombre moderado con profundos conocimientos de las instituciones comunitarias a quien Meloni debe toda su estrategia en Bruselas. El partido está hoy alineado en el grupo de los Conservadores y Reformistas, que preside la propia Meloni. Pero sabe que deberá tejer alianzas con el Partido Popular Europeo, como ya sucedió a la hora de elegir a la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola. “[El líder de Forza Italia, Silvio] Berlusconi y Salvini no atraviesan su mejor momento. Y en Bruselas, pese a las viejas disputas, ella es la más fiable”, señalan fuentes de su partido, Hermanos de Italia.

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Los números hablan de un crecimiento claro de Meloni desde que se celebraron las elecciones el pasado 25 de septiembre. Antonio Noto, experto en demoscopia y presidente de Noto Sondeos, señala que Meloni ha aumentado ya un 2,5% en el primer mes. “Es natural, quien gana tiende a aumentar. Hay una reacción emotiva de los electores. No es que tome de otros partidos, sino que una parte del electorado que no votó hoy lo haría por Hermanos de Italia. Eso es el consenso emotivo. Pero hay que ver el presupuesto, el tema de la energía… así que se medirá a final de año. Ahí se pasará de un apoyo emotivo al racional”, explica. El crecimiento, sin embargo, tiene riesgos. Y consolidar esa hegemonía es ahora el primer objetivo. “Está buscando convencer a su electorado, que es nuevo y, por tanto, poco fiel. Muchos de ellos nunca la habían votado antes y podrían irse en cualquier momento. El objetivo es consolidarlo”, insiste Noto.

Meloni, sin embargo, tiene dos problemas para consolidar su proyecto. El primero es enterrar definitivamente su pasado posfascista. Para ello no ahorra en declaraciones. Pero algunos de los nombramientos, como el del presidente del Senado ―Ignazio Benito La Russa, hijo político del fascismo―, no ayudan. El segundo, es que prometió un gobierno de primeras figuras. Y hasta la fecha, han entrado en su Ejecutivo todo tipo de perfiles que responden a favores pendientes con sus socios o a incomprensibles elecciones como Galeazzo Bignami, nuevo viceministro de Transportes e Infraestructuras (mano derecha de Salvini), que fue fotografiado disfrazado de oficial de las SS. La falta de clase dirigente será uno de los principales obstáculos y una diferencia sustancial con la líder tory cuando llegó al poder en 1979. Hasta entonces, Thatcher será todavía un horizonte.

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Sobre la firma

Daniel Verdú
Nació en Barcelona en 1980. Aprendió el oficio en la sección de Local de Madrid de El País. Pasó por las áreas de Cultura y Reportajes, desde donde fue también enviado a diversos atentados islamistas en Francia o a Fukushima. Hoy es corresponsal en Roma y el Vaticano. Cada lunes firma una columna sobre los ritos del 'calcio'.

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