Occidente se toma muy en serio las amenazas nucleares de Putin

Los reveses militares en Ucrania incrementan el riesgo de que el presidente ruso recurra a su arsenal atómico

Lanzamiento de un misil intercontinental ruso durante unas maniobras militares, el 19 de febrero en una zona de Rusia sin especificar.Foto: Russian Defense Ministry Press Service

Estados Unidos y sus aliados europeos se toman muy en serio las amenazas nucleares de Vladímir Putin. El presidente ruso recalcó la semana pasada, tras firmar la anexión ilegal de cuatro provincias ucranias, que está dispuesto a usar todos los medios de los que dispone para defender lo que considera su territorio. Y que no iba de farol. Los servicios de inteligencia occidentales y la mayoría de analistas consideran que el riesgo de un ataque nuclear sigue siendo muy bajo, pero claramente mayor que al inicio de la invasión. La contraofensiva ucrania, la alta mortalidad de las tropas del Kremlin y la creciente insatisfacción entre la población rusa por la movilización militar y las sanciones de Occidente sitúan a Putin en una situación muy delicada que podría intentar revertir con su arsenal nuclear.

Joe Biden declaró el jueves que el mundo no se ha enfrentado a “una perspectiva del apocalipsis como la de ahora desde [la presidencia de John Fitzgerald] Kennedy y la crisis de los misiles en Cuba [en 1962]”. El presidente estadounidense aseguró que existe “una amenaza directa del uso de un arma nuclear si, en efecto, las cosas continúan por el camino que van”. Las palabras de Biden llegaron en una reunión con donantes en Nueva York, un entorno distendido que pudo contribuir a soltar la lengua a un mandatario que a lo largo de su larga carrera política ha demostrado su facilidad para hacer comentarios fuera del guion. La Casa Blanca corrió a puntualizar que las palabras del presidente no se debían a la llegada de nueva información relativa a la posibilidad de un ataque.

La consigna en Bruselas, sede de la UE y de la OTAN, parece muy clara: hay que bajar de revoluciones el discurso, relajarlo, la amenaza nuclear es real pero también el riesgo de que Putin utilice una subida de tono como munición. La presidenta del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen, ha advertido de que hay que tomar “muy en serio” las palabras del jefe del Kremlin. “No cederemos al chantaje”, recalcó el viernes en Praga Von der Leyen, que aseguró que mantendrán el apoyo a Ucrania así como las sanciones a Rusia, destinadas a golpear la línea de flotación de su economía y privarla de fondos para sufragar su guerra.

El arsenal nuclear ruso es el mayor del mundo. Se conocen más detalles de las armas estratégicas, sobre las que Moscú ha de informar a Washington en virtud del New START, el único tratado bilateral de desarme y control armamentístico que sigue vigente. Las tácticas, diseñadas para ser empleadas en el campo de batalla, jamás han estado reguladas y la transparencia en torno a ellas es mucho menor. La Federación de Científicos Estadounidenses calcula que Rusia cuenta con casi 2.000 armas nucleares tácticas. EE UU comenzó un proceso de desmantelamiento de este tipo de armamento tras la caída del muro de Berlín, al considerar que su finalidad había quedado obsoleta y almacenarlas suponía un riesgo, y hoy tiene poco más de 200.

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Las armas tácticas son de menor alcance y potencia que las estratégicas, con capacidad de cruzar océanos y destruir ciudades enteras. Las tácticas tienen generalmente una potencia de entre 1 y 50 kilotones, aunque Estados Unidos, y es razonable pensar que Rusia también, disponen de artefactos de en torno a 0,3 kilotones (300 toneladas de TNT), capaces de provocar una explosión equiparable a la que se produjo en el puerto de Beirut (Líbano) en agosto de 2020. Little Boy, la bomba que destrozó Hiroshima en 1945, tenía una potencia de 15 kilotones. En octubre de 1961, justo un año antes de la crisis de los misiles de Cuba, la URSS detonó en el archipiélago ártico de Nueva Zembla una bomba de 50 megatones, unas 3.300 veces más potente que la primera que Estados Unidos lanzó sobre Japón en la fase final de la II Guerra Mundial.

Una réplica de la 'Bomba del Zar', el artefacto de 50 megatones que la URSS detonó en 1961, en una exposición en Moscú en 2015.
Una réplica de la 'Bomba del Zar', el artefacto de 50 megatones que la URSS detonó en 1961, en una exposición en Moscú en 2015.Anadolu Agency (Getty Images)

La mayoría de los expertos incide en que si Putin decidiera usar su arsenal nuclear, probablemente se decantaría por emplear armamento táctico en Ucrania. Marion Messmer, investigadora del centro de análisis británico Chatham House, comenta por teléfono que “un ataque con un arma atómica estratégica contra un miembro de la OTAN derivaría en la devastación de Rusia”. Los aliados, con Estados Unidos y Reino Unido a la cabeza, han prestado una ayuda militar esencial a Ucrania, con el envío de armamento, programas de entrenamiento y asesoramiento. Sin embargo, han tratado de medir en todo momento que su colaboración no pudiera interpretarse por el Kremlin como una intervención directa en el conflicto que condujera a una guerra nuclear a gran escala.

Polonia se ha salido de la línea occidental de rebajar el tono al pedir a Washington que aloje armas nucleares en su territorio. Las autoridades regionales polacas, además, han anunciado que trabajan para establecer suministros de tabletas de yoduro de potasio y puntos de distribución. Washington ha respondido que no tiene ninguna intención de almacenar armamento atómico en ningún miembro de la Alianza que se incorporara después de 1997. Pavel Podvig, empleado del Instituto de Naciones Unidas para la Investigación sobre el Desarme, comenta por teléfono desde Ginebra que la petición de Varsovia “carece de sentido estratégico”. El investigador considera que “aún estamos a unos cuantos pasos de una situación en la que el riesgo de usar armas nucleares sea evidente”. El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, declaró en una entrevista con la BBC emitida el viernes que los funcionarios rusos han comenzado a “preparar a su sociedad” para el posible uso de armas nucleares, aunque agregó que no cree que Moscú esté lista para usarlas.

Las amenazas de Putin no son nuevas. En marzo de 2015, un año después de que firmara la anexión ilegal de la península ucrania de Crimea, dejó caer la posibilidad de un ataque nuclear contra submarinos daneses tras anunciar Copenhague su intención de integrarse en el sistema de defensa antimisiles de la OTAN. A finales del pasado febrero, menos de 72 horas después del inicio de la invasión y tras sufrir los primeros reveses militares, sobre todo en la periferia de Kiev, aseguró que había ordenado poner en alerta máxima las fuerzas nucleares; un mensaje con mucha pompa, que confundió a los analistas por su difícil interpretación y no se ha traducido en ninguna medida concreta de la que los servicios de espionaje occidentales tengan constancia.

Putin ha dirigido sus amenazas de los últimos meses principalmente contra algunos miembros de la OTAN, como Reino Unido y Alemania, pero algunos de los halcones rusos reclaman abiertamente ataques atómicos en Ucrania. El presidente checheno, Ramzán Kadírov, instó en Telegram a usar “medidas más drásticas” para frenar el avance ucranio, entre ellas “el uso de armas nucleares de baja potencia”. Dmitri Medvédev, expresidente y ex primer ministro de Rusia, publicó en la misma red social que “los demagogos de Europa y de ultramar no quieren morir en un apocalipsis nuclear”. Medvédev, vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, añadió que los aliados de Kiev “se tragarán el uso de cualquier tipo de arma”.

Las armas nucleares tácticas de las que dispone Rusia son muy diversas. Unas pueden ser disparadas desde lanzaderas terrestres, otras desde cazas y bombarderos, y la mayoría están en manos de la fuerza naval. Algunos vehículos de entrega capaces de cargar estas cabezas nucleares, como los misiles balísticos Iskander, o los de crucero Kalibr, han sido empleados en Ucrania con cabezas convencionales. Sin embargo, las ventajas de utilizar armamento atómico, en vez de convencional, en el campo de batalla son en principio muy limitadas. “No sirven para frenar una contraofensiva o para lograr avances en el terreno”, comenta Podvig. “A no ser que se esté dispuesto a utilizar centenares de ellas”, añade.

Un ataque nuclear con armamento táctico sobre un objetivo en Ucrania conllevaría muchos riesgos para el Kremlin. Si lo lanzara contra una base militar del enemigo cercana al frente, la radiación se expandiría probablemente sobre el territorio que Putin ha anexionado, además de afectar a las tropas rusas en la zona. En caso de atacar una ciudad ucrania alejada de las zonas en disputa, supondría una escalada de consecuencias imprevisibles. Messmer incide en que “romper el tabú nuclear convertiría a Rusia en un auténtico paria internacional”, ya que países como China, India o Sudáfrica se verían definitivamente forzados a adoptar una clara postura de condena.

Escalar para desescalar

A pesar de no poder lograr con su arsenal nuclear ningún objetivo concreto sobre el terreno, Putin podría decantarse por utilizarlo con una estrategia de escalar para desescalar. A la contraofensiva ucrania en territorio recientemente anexionado, y los ataques sobre bases militares e infraestructura clave en Crimea, se suma el malestar generado en Rusia por las sanciones occidentales y la movilización parcial. El autócrata ruso necesita revertir la percepción de que está perdiendo la guerra y puede ver en un ataque nuclear táctico la única opción de lograr que el Gobierno ucranio se siente en una mesa negociadora dispuesto a hacer concesiones.

Dos soldados ucranios inspeccionan un vehículo abandonado por las tropas rusas, el sábado en la provincia de Donetsk.
Dos soldados ucranios inspeccionan un vehículo abandonado por las tropas rusas, el sábado en la provincia de Donetsk.YASUYOSHI CHIBA (AFP)

A diferencia de las estratégicas, las armas nucleares tácticas requieren un proceso de preparación, de hasta varios días, antes de poder ser utilizadas. Los servicios de inteligencia occidentales podrían detectar a través de imágenes de satélite los movimientos necesarios para transportar una cabeza nuclear desde la instalación en la que esté almacenada.

Biden ha advertido a Putin de “consecuencias catastróficas” si decide ir por ese camino, aunque sin especificar cuáles. Su consejero de Seguridad, Jake Sullivan, ha reconocido contactos entre su Gobierno y Moscú sobre el asunto, en los que Washington se ha mostrado —asegura— igualmente tajante. Más concreto fue David Petraeus, general retirado y exdirector de la CIA, que en una entrevista con la cadena ABC News declaró que la respuesta a un ataque nuclear en Ucrania debería ser la aniquilación de las tropas rusas en el país invadido y la destrucción de la Flota del Mar Negro. Putin podría confiar en que el uso de arsenal atómico intimide y haga recular a los aliados de Kiev ante la perspectiva de un apocalipsis.

El riesgo de un ataque nuclear crece en paralelo al de un accidente, o de que un misil convencional defectuoso desencadene una espiral nuclear incontenible. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, recordó el viernes que “Rusia ha decidido ocupar la mayor central nuclear de Europa [la de Zaporiyia, en una de las provincias anexionadas] para hacer una base militar”, además de las amenazas nucleares explícitas. “No tenemos intención de dejarnos intimidar; estamos comprometidos con la defensa de los intereses de quienes creen en la ley internacional y en el orden basado en reglas”, sentenció Michel.

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