El gobernador de California gana protagonismo en EE UU ante la caída de popularidad de Biden

Gavin Newsom es una de las promesas de los demócratas en caso de que el actual mandatario no busque la reelección en 2024

El gobernador de California, Gavin Newsom, de visita en el Capitolio de Washington, el pasado 15 de julio.
El gobernador de California, Gavin Newsom, de visita en el Capitolio de Washington, el pasado 15 de julio.JIM LO SCALZO (EFE)

“Ni siquiera está en mi radar. Tengo un interés por debajo de cero”. Esta es la respuesta que Gavin Newsom, gobernador de California, dio a finales de mayo al consejo editorial del diario San Francisco Chronicle cuando se le preguntó si le interesa la carrera por la presidencia de 2024. Varias semanas han pasado desde entonces y el mandatario de 54 años, a pesar de negarlo, parece tentar las aguas de la sucesión. Al frente del Estado más poblado del país, con 40 millones de personas, el político demócrata se ha mostrado dispuesto a contrastar con la narrativa del partido republicano y alzar la voz con dureza en temas como la regulación de las armas y el aborto. Mientras tanto, el presidente Joe Biden, que en noviembre cumplirá 80 años, ve cómo su índice de popularidad desciende y surgen dudas sobre su posible candidatura a la reelección.

Parece que a Newsom (San Francisco, 1967) le ha picado el bicho del Potomac, como llaman en Washington, medio en broma, a las grandes aspiraciones de los políticos. El gobernador ha presentado algunos de estos síntomas. La semana pasada estuvo en la capital mientras Biden estaba de gira por Arabia Saudí, dando pábulo a los rumores sobre sus ambiciones. Allí se entrevistó con las veteranas políticas californianas Nancy Pelosi y Diane Feinstein. Y también con la vicepresidenta Kamala Harris, una vieja conocida de Newsom. Ambos tuvieron al mismo mentor, el alcalde de San Francisco, Willie Brown.

A mediados de junio, Newsom se unió a Truth Social, la red social de Donald Trump. Fue uno de los primeros demócratas que se abrió paso en el pantano del trumpismo. Lo hizo para “denunciar las mentiras de los republicanos”. En su primera publicación, habló de las altas tasas de homicidios en los estados controlados por el partido republicano. Era una forma de anular uno de los ataques favoritos de la oposición: que las grandes ciudades de EE UU (la mayoría controladas por los demócratas) tienen altos índices de criminalidad. “Ocho de los diez estados con más homicidios son rojos. ¿Qué políticas locales han permitido tal carnicería?”, preguntaba de forma retórica el gobernador, quien ha emprendido una cruzada en favor de una estricta regulación de las armas.

Antes de que el Tribunal Supremo derogara el derecho al aborto en Estados Unidos, Newsom acuñó una de las frases que más han resonado recientemente para los demócratas. “¿Dónde diablos está mi partido? ¿Dónde está el contraataque? Y sí, [los republicanos] están ganando. ¿De verdad creen que los matrimonios gais están seguros en Estados Unidos? Por supuesto que no”, dijo en mayo, después de que fuera filtrado el sentido del voto del juez conservador Samuel Alito. En los cálculos de Newsom, las elecciones intermedias de noviembre se definirán por temas sociales como el derecho al aborto y no por la economía. Las encuestas parecen disputar su olfato. Con su frase, el gobernador pedía pasar a la ofensiva en medio de un partido que es criticado por tibio por sus sectores más de izquierdas.

Newsom, hijo de un juez local, representa la forma de hacer política de San Francisco, la ciudad en la que comenzó su carrera y uno de los bastiones de las políticas progresistas en Estados Unidos. Dueño desde 1992 de Plump Jack Wines, una cadena de tiendas de vinos y restaurantes, saltó a la política en los años 2000. Se convirtió en alcalde de la ciudad en 2003, cuando tenía 36 años. Entonces estaba casado con Kimberley Guilfoyle, de quien se divorció poco después de llegar al cargo. Guilfoyle, conductora de la cadena Fox News, es desde 2018 pareja de Donald Trump Jr., el hijo del expresidente republicano. Desde 2008, Newsom está casado con Jennifer Siebel, una documentalista y actriz formada en Stanford. Ambos tienen cuatro hijos.

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En febrero de 2004, Newsom se convirtió en noticia nacional por su abierto apoyo a los matrimonios homosexuales. Otorgó cientos de permisos a pesar de que algunas figuras de su partido, como los senadores John Kerry y John Edwards, quienes se disputaban la candidatura demócrata a la presidencia, rechazaran los matrimonios y prefirieran las uniones civiles. “En muchos aspectos representamos el futuro de este país”, dijo Newsom a este diario aquel año. California vivió en 2008 una ola conservadora que prohibió este tipo de bodas tras un referéndum. El Supremo las legalizó en todo el país en 2015. Y hoy parecen estar nuevamente en peligro gracias a la mayoría conservadora que ocupa el tribunal constitucional en Washington.

Newsom demostró que no le importa ir a contracorriente. Se convirtió en gobernador de California en enero de 2019 y su liderazgo al frente de la pandemia solo fue manchado por un escándalo social. En noviembre de 2020, en los meses más duros de la pandemia, fue captado asistiendo a la fiesta de cumpleaños de uno de sus asesores en el French Laundry, un exclusivo restaurante del Valle de Napa junto a otros invitados. El gobernador, que encabezaba una de las respuestas más estrictas contra el coronavirus, fue pillado rompiendo las medidas de precaución que había decretado. Fue un duro golpe para su popularidad. El enojo motivó incluso un intento de destitución que superó con el 64% de los votos el año pasado.

Sus esfuerzos en 2021 se enfocaron en sobrevivir. Este año, no obstante, ha ampliado sus miras. El gobernador gastó 105.000 dólares en propaganda en Florida, un territorio a 4.000 kilómetros de la tierra donde gobierna. Allí plantó cara a Ron DeSantis, uno de los favoritos entre los republicanos para la candidatura presidencial. Su objetivo es responder a las prácticas que los conservadores han puesto en marcha como parte de la guerra cultural que se libra. Su Gobierno, por ejemplo, copió el modelo jurídico con el que Texas permite denunciar por la vía civil a las personas que ayudan a una mujer a abortar. Solo que en lugar de hacerlo con el aborto, que está protegido en California, las víctimas de la violencia armada pueden demandar desde el pasado 12 de julio a los fabricantes de armas.

California ha dado tres presidentes a Estados Unidos. El último fue Ronald Reagan. Antes Richard Nixon y Herbert Hoover. Todos eran republicanos. Arnold Schwarzenegger también tentó las aguas, pero la Constitución le impedía optar a la presidencia. Ningún demócrata ha logrado salir de California y entrar a la Casa Blanca, aunque muchos lo han intentado. Principalmente, Jerry Brown, quien probó suerte tres veces en las primarias. Terminó por concluir que el de gobernador de California era un cargo “acabacarreras”.

Aunque Newsom escale peldaños en la escalera por la sucesión, allí seguirá estando Kamala Harris. La vicepresidenta y el gobernador ya evitaron una guerra fratricida en 2013, cuando los dos fijaron la vista en la carrera hacia el puesto de gobernador. Un asiento libre en el Senado, ocupado por Harris, evitó males mayores entre los dos amigos. Bakari Sellers, un comentarista de la CNN cercano a la vicepresidenta, comparó recientemente a Newsom con Ícaro. “A veces vuela demasiado cerca del sol”, dijo el analista.

En mayo, en la misma charla con el Chronicle en la que le preguntaron si buscaría la presidencia, Newsom dijo no. Después añadió: “Espero que Kamala Harris sea la próxima presidenta de Estados Unidos”. Mucho ha pasado desde esa entrevista.

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Sobre la firma

Luis Pablo Beauregard

Es uno de los corresponsales de EL PAÍS en EE UU, donde cubre migración, cambio climático, cultura y política. Antes se desempeñó como redactor jefe del diario en la redacción de Ciudad de México, de donde es originario. Estudió Comunicación en la Universidad Iberoamericana y el Máster de Periodismo de EL PAÍS. Vive en Los Ángeles, California.

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