Italia, ante el vértigo de elecciones anticipadas al no apoyar los socios de Gobierno a Draghi

Los partidos de derechas del Ejecutivo, La Liga y Forza Italia, y el Movimiento 5 Estrellas deciden no votar la moción de confianza en el Senado

El primer ministro italiano, Mario Draghi, durante el debate, el miércoles en Roma.Foto: ANDREAS SOLARO (AFP) | Vídeo: EPV

El Parlamento italiano, un animal salvaje y autodestructivo como pocos, consumó el miércoles su última obra letal y liquidó la legislatura empujando al primer ministro, Mario Draghi, a dimitir. El violento suceso tiene muchos padres. Pero fueron los partidos de la derecha, Forza Italia y La Liga, los que le dieron la puntilla al Ejecutivo del que formaban parte. Ambas formaciones se negaron a votar en el Senado la moción de confianza con la que el primer ministro había aceptado reconsiderar su renuncia, presentada el pasado jueves. A esa negativa se sumó luego el Movimiento 5 Estrellas (M5S), partido que provocó originalmente esta crisis y que cargó duramente contra Draghi. Un espectáculo grotesco y lesivo en un momento delicadísimo para Italia y para Europa que pone fin a 17 meses de mandato en los que el país había recuperado su liderazgo internacional.

Draghi no esperó el resultado de la votación. Logró 95 síes frente a 38 noes. Pero daba igual, porque no se trataba de una cuestión aritmética, sino de sondear si todavía tenía un apoyo unitario. El primer ministro subió a su coche oficial, y se marchó. Su entorno ha anunciado que no irá al Palacio del Quirinal, sede de la presidencia de la República, hasta el jueves por la mañana. Será después de comparecer en la cámara de Diputados, donde previsiblemente se repetirá la votación y su discurso por corrección institucional. Se espera que sea después de ese ritual —si no hubiese ningún giro de guion inesperado— cuando presentará su dimisión. Y el jefe del Estado, probablemente, no tendrá más remedio que aceptarla esta vez y disolver las Cámaras. Queda por resolver la duda de si buscará una fórmula para poner a salvo las reformas comenzadas por el Ejecutivo de Draghi y mantener la estabilidad del país hasta la próxima ley de presupuestos, prevista para finales de octubre. De lo contrario, convocará elecciones para la última semana de septiembre o la primera de octubre.

Draghi, visiblemente enfadado y decepcionado en su turno de réplica, cuando el peor escenario ya era casi inevitable, lo intentó por última vez. “Hoy tenía dos posibilidades. Confirmar mi dimisión y marcharme sin pasar por el voto de confianza. Pero el apoyo que he visto en el país no tiene precedentes y es imposible de ignorar. Eso me ha llevado a volver a proponer el pacto de coalición y someterlo a vuestro voto. Sois vosotros que decidís. Así que nada de petición de plenos poderes”, lanzó a quienes lo acusaban de organizar la sesión para arrogarse un poder que no le habían conferido las urnas. Pero era ya demasiado tarde. La Liga y Forza Italia, molestas por su severa intervención de la mañana y convencidas de que el escenario de unas elecciones anticipadas les favorecería, habían tomado ya la decisión. El barco se hundía. El M5S no quiso ser menos, y también rechazó dar su apoyo a Draghi. El legendario expresidente del Banco Central Europeo pasaba así en solo seis días de dimitir por dignidad a que lo echasen. El espectáculo comienza ahora. Pero, como advirtió Michel Platini, cuando cae el acróbata, suelen entrar los payasos.

Matteo Renzi, líder de Italia Viva, lo advirtió en su turno de palabra. “Nada volverá a ser igual mañana en Italia”. La exageración tiene algunos puntos reales. La puesta en escena del miércoles en el Senado deja muy tocada la imagen de Italia. Pero también cambiará el esquema de fuerzas. La Forza Italia de Silvio Berlusconi, uno de los promotores de la ruptura, se romperá en pedazos. Este mismo miércoles comenzaron las dimisiones. La mitad del partido, invocando la moderación y su pertenencia al Partido Popular Europeo, estaba estupefacta por lo sucedido. Hubo un intento de mediación con Il Cavaliere hasta el último momento, pero la parte de su partido que influye más en sus decisiones lo empujó a apoyar a los partidos populistas y derribar al Ejecutivo del que formaba parte. Una decisión sorprendente vistos los compromisos pendientes que tiene Italia con la UE, las reformas pendientes para recibir los fondos del plan de recuperación (230.000 millones de euros) y la guerra en Ucrania, en la que Italia ha jugado un papel fundamental desde el comienzo.

Mario Draghi abandona el Senado tras el debate, este miércoles.
Mario Draghi abandona el Senado tras el debate, este miércoles.ANDREAS SOLARO (AFP)

La mañana había empezado mejor para Draghi. El clima era de optimismo antes de la comparecencia de Draghi a las 9.30. La prima de riesgo de Italia caía a primera hora de la mañana y la Bolsa no daba síntomas de preocupación. Draghi no podía ignorar la descomunal presión que ha recibido para no dimitir. Desde Bruselas a Washington, pasando por el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, le solicitaron estos días que diera marcha atrás a la decisión de renunciar tomada el jueves de la semana pasada. Y así fue. El expresidente del BCE, en un largo y denso discurso en el Senado, reseñó las grandes obras de su Ejecutivo en los últimos 17 meses, señaló los motivos de la ruptura y la necesidad de reconstruir la unidad nacional para seguir adelante. Atribuyó su cambio de postura al enorme apoyo popular recibido en las últimas horas, pero lo condicionó también al de los partidos.

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El primer ministro expuso los retos pendientes que le quedan a este Ejecutivo, como le habían aconsejado algunos de sus mejores aliados en los últimos días, y se mostró abierto a completar el trabajo si los partidos suscribían su hoja de ruta. Presentó un verdadero programa de gobierno que expuso a las formaciones. Lo toman o lo dejan, vino a decirles. “Italia no necesita una confianza de fachada que se desvanezca ante cada medida incómoda. Necesita un nuevo pacto de confianza sincero y concreto. Partidos, parlamentarios ¿Estáis listos para reconstruir este pacto?”, les preguntó hasta en tres ocasiones, antes de volver a interrogarles: “¿Estáis listos para confirmar el esfuerzo que habéis hecho en los primeros meses?”.

Plan de recuperación y reformas

El primer ministro pidió completar el plan de recuperación pospandemia y las reformas que exige la Unión Europea para seguir inyectando los fondos acordados. También se refirió a los asuntos internacionales, especialmente al apoyo a Ucrania, basado en continuar enviando armas (medida que el Movimiento 5 Estrellas rechaza). Fue también insospechadamente duro con la postura de La Liga en algunos asuntos y advirtió de que meterá mano a la Renta Ciudadana, la medida estrella de los grillinos esta legislatura. La agresividad de Draghi causó algo de sorpresa en las filas de ambas formaciones, que evitaron aplaudir como el resto.

Draghi se había presentado pasadas las 9.30 en el Palacio Madama, sede del Senado italiano, y fue directo al grano. “El jueves pasado presenté mi dimisión al presidente de la República. Tomé la decisión porque la mayoría que apoyó a este Gobierno desde su nacimiento se rompió. El presidente rechazó la dimisión y me pidió explicar hoy aquí al Parlamento y a todos los italianos las razones de una elección sufrida y debida”. Draghi razonó su decisión sobre la base de que la única legitimidad democrática que puede tener un primer ministro que no ha pasado por las urnas es “el apoyo más grande posible del Parlamento”. “Especialmente, si debe tomar decisiones que inciden profundamente en la vida de los ciudadanos”, añadió. “El único camino, si queremos seguir juntos, es reconstruir desde el comienzo este pacto, con valentía, altruismo y credibilidad. Lo piden sobre todo los italianos”, insistió. Pero a esa hora, probablemente, sus compañeros de viaje ya lo habían vendido.

Italia, escenario de 67 gobiernos en los últimos 76 años, afronta ahora un nuevo escenario de crisis. El país está acostumbrado a vivir en un caos institucionalizado que le ha permitido sobrevivir durante décadas aplazando reformas e importantes renovaciones. Pero esta vez, en medio de una guerra y con un escenario económico de extrema volatilidad, la ruptura se presenta como una de las más absurdas, inoportunas y autodestructivas de los últimos tiempos.

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Sobre la firma

Daniel Verdú

Nació en Barcelona en 1980. Aprendió el oficio en la sección de Local de Madrid de El País. Pasó por las áreas de Cultura y Reportajes, desde donde fue también enviado a diversos atentados islamistas en Francia o a Fukushima. Hoy es corresponsal en Roma y el Vaticano. Cada lunes firma una columna sobre los ritos del 'calcio'.

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